¿Transición sinónimo de ingobernabilidad?

Por Will Gámez


A un año de ejercer poderes por parte del gabinete del presidente Mauricio Funes, el camino ‘sanjado’ hasta el momento está dejando más acertijos que soluciones que conlleven a una nación rumbo a la corona de la democracia.


Para el buen salvadoreño sin tinte político que se informa de lo que está aconteciendo en su país a través de los diferentes medios de comunicación convencionales y alternativos, concluye que hace falta mucho por qué luchar, ya que las argollas de fuerte influencia de la bancada ultraderechista todavía no se han podido diluir del sistema político que rige los sistemas económico, laboral y de producción, es decir el corazón, los pulmones y el hígado de El Salvador.


Con la devastadora derrota del pueblo ante los neoliberalistas de la Alianza Republicana (ARENA), quienes por 20 años dominaron y administraron a El Salvador como la finca más grande de Centroamérica, se sembró el precedente que se busca un cambio social en práctica, estructura y distribución de recursos, para izar una bandera con vocación de servicio público, bajo el amor y la fe a una nación que necesita respirar aire de superación y democracia, y dejar atrás los colores políticos.


La primera batalla ya se ganó y consecuencia de ella es el ex partido dominante que se está desfigurando y deshaciendo poco a poco como un ‘pastel de boda al intemperie’, lo que no significa que los defensores de dicha ideología se van a dejar vencer, obviamente recurren al plan B (GANA); propuesta que se postula a mantener vivos los ideales ultraderechistas con un nuevo matiz, menos voraz ¿tal vez? Y evitar caer en propuestas desfasadas que solo sobreviven de migajas de poder (PDC y PCN).


Ahora volviendo a la vereda del actual Gobierno, los simpatizantes cercanos del movimiento civil ‘Amigos de Mauricio’ (civil en el sentido de no predicar bandera política, porque el mismo FMLN que le ofreció su vehículo para que llegara a la presidencia no ha podido afiliarlo) defienden a capa y espada las decisiones de Funes, aunque estas se orillan más a favorecer por momentos a las mismas argollas de poder, argumentando que no es fácil gobernar un país dividido, lo cierto es que la política está dividida y el pueblo quien es el sufrido y el elemento primordial del Estado, sigue pagando las consecuencias de legislaciones partidistas.


Hay que recordar que el triunfo de Funes es más debido al sector independiente, obviamente que era necesario que alguien “neutral” políticamente hablando tenía que llegar al poder a través de otro partido político, y la única opción era el segundo partido más fuerte, el FMLN.


Pero que el FMLN y el agonizante ARENA sean partidos mayoritarios, no significa que son la totalidad de un pueblo, porque está comprobado que la totalidad de ciudadanos votantes salvadoreños son los que no simpatizan con ningún partido, ni mucho menos con uno de extrema y que prefiere reservase su voto o se identifica como abstemio, pero no significa que no ejerce el voto.


Los extremos


El tema de los extremistas en la política salvadoreña, es un tópico solamente entre la boca de los independientes y el ciudadano común que ya está cansado de ver lucha de poderes (politequeria). Tópico que no es relevante entre los políticos, y es donde radica un grave error que en momentos claves electorales ellos lo notarán en un futuro muy cercano, ya que esta tendencia es un ‘sunami’ que está emergiendo discretamente.


Algunos areneros como que ya están aprendiendo la lección que ser una extrema ya no es muy conveniente, y han preferido modificar su práctica neoliberal con un nuevo enfoque y nombre, ¿a ver qué tal? Mientras que por el lado del Frente, aún no entienden que representan el otro extremo del escenario político, es decir, ‘la otra cara de la moneda’, jugando un doble rol de oposición y fiscalización, contra sus archi enemigos ultra derechistas que ya fungieron en el poder, y del mismo candidato que impulsaron el presidente Funes, quien a su vez en innumerables ocasiones se ha desligado de las decisiones del FMLN.


El otro elemento en contra del Frente es que ante el pueblo no partidista se manifiestan como una extrema izquierda sedienta de regir la nación. Y es en este punto por el cual muchos de los salvadoreños amantes de su país no se convencen de apoyar en un 100% al FMLN. Por temor a otro exceso de gobernabilidad partidista.


Datos corroborados en todas las encuestas realizadas en El Salvador por instituciones nacionales y extranjeras, a través de periodistas independientes con acceso a dichas fuentes, que reflejan el abstencionismo o grupos sin preferencias, que en muchas ocasiones han representado el porcentaje más alto de la totalidad de los que marcaron preferencias o afinidad a un partido. La diferencia es que estos porcentajes la prensa salvadoreña comercial no los destaca como debe de ser o no los interprete por la prohibición de un análisis periodístico entre sus empleados.


La lucha caprichosa de poderes


Ahora unamos cabos, la escena política salvadoreña está regida de esta forma; ultraderecha derrotada y opositora a proyectos de corrientes distintas, versus extrema izquierda opositora a proyectos de la oligarquía, argollas de poder y fiscalizadora de las decisiones del ejecutivo que no comparte la misma ideología socialista, versus gabinete ejecutivo de gobierno dedicado a hacer alianzas con los dos grandes bandos, inclinando su balanza más a mantener el sistema vigente de derecha, versus los anteriores y los demás partidos “migajeros” de influencias. Conclusión; diferentes alianzas que van contra algunos y contra todos, sustentando la lucha de poderes y enmarcando la ingobernabilidad que sería el mayor logro de la política salvadoreña, dejando como siempre al pueblo en desgracia y extrema pobreza.


Porque la atención que se merece un pueblo sufrido que votó por alguien que los escuchaba, al parecer ha perdido la garra de defensa y denuncia ciudadana, que practicaba cuando era un ciudadano periodista fiscalizador de las barbaridades de ARENA.


Los ciudadanos salvadoreños sin matiz político sabían que Funes no iba seguir el extremismo del FMLN, que pinta asociarse con el presidente venezolano Hugo Chávez, pero nunca nadie se imagino que favorecería tratos con la oligarquía de manera discreta, ya que no defiende con la garra de aquel periodista denunciante de canal 12, las legislaciones que benefician al bien común y que desarme las argollas de poder, lo cual se podría reflejar si Funes hubiese apoyado la eliminación a las tarifas fijas telefónicas, la persecución de la corrupción hasta las últimas consecuencias, y darle vida a uno de los slogan de candidato, que no solamente “los roba gallinas irán a la cárcel”, entre otros ejemplos que de seguir no terminaré de explicar.


Lo anterior está generando un panorama dudoso y decepcionante entre los salvadoreños independientes, asimilando que impulsaron a un hombre que está gobernando para no dejarse gobernar, agregándole al concepto transición el sinónimo de ingobernabilidad.


Pero para los ‘Amigos de Funes’ no es ingobernabilidad la que vive actualmente el país, es solamente que un buen hombre no haya qué hacer porque las dos bancadas poderosas no lo dejan actuar y el deficiente apoyo interinstitucional. Evidencia y rasgo de partidismo que no se ha oficializado aún.


Entre todo este caos salvadoreño el sentir del ciudadano independiente que está conciente es que sabe muy bien que Funes no es el mesías, pero que no se puede perfilar para dejar el camino que otro buen hombre con vocación de nación en un futuro cercano debe continuar por amor a su gente, no a su partido, no a su grupo de amigos, no a su empresa, y si el ciudadano Funes ya no tiene la “garra” de lucha por el pueblo, es mejor que deponga su puesto a otra persona más aguerrida, y será recordado como el único político sensato en la historia salvadoreña.




* Will Gámez es un periodista salvadoreño.

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