Benedicto XVI rememora viaje a Portugal

El Santo Padre afirmó que a lo largo de todo su viaje se sintió “sostenido espiritualmente” por su predecesor Juan Pablo II, “que visitó Fátima tres veces, dando las gracias a la “mano invisible” que lo liberó de la muerte durante el atentado del 13 de mayo, aquí en esta misma Plaza de San Pedro”.

Durante la misa en Lisboa, la capital “de la que partieron a través de los siglos tantos misioneros para llevar el Evangelio a muchos continentes”, el Papa animó a los diversos componentes de la Iglesia local a “una vigorosa acción evangelizadora en los distintos sectores de la sociedad, para ser sembradores de esperanza en un mundo marcado a menudo por la desconfianza” y en particular, exhortó a los creyentes a “anunciar la muerte y resurrección de Cristo, corazón del cristianismo, fulcro y apoyo de nuestra fe y causa de nuestra alegría”.

Benedicto XVI se refirió después a su encuentro con los representantes del mundo de la cultura en Belem, donde resaltó “el patrimonio de valores con que el cristianismo ha enriquecido la cultura, el arte y la tradición del pueblo portugués. En esta noble tierra, como en cualquier otro país profundamente influenciado por el cristianismo, se puede construir un futuro de entendimiento fraternal y cooperación con las otras instancias culturales, abriéndose recíprocamente a un diálogo sincero y respetuoso”.

En Fátima, “una ciudad marcada por una atmósfera de misticismo genuino en la que se siente de forma casi palpable la presencia de la Virgen”, el Papa fue “un peregrino con los peregrinos” y depositó en la Cova da Iria ante María “las alegrías y esperanzas y también los sufrimientos del mundo entero”.

Asimismo, el Papa recordó las vísperas celebradas con los sacerdotes, religiosos, religiosas y diáconos de Portugal en la iglesia de la Santísima Trinidad , a quienes dio las gracias “por su testimonio a menudo silencioso y no siempre fácil y su fidelidad al Evangelio y a la Iglesia”, invitándoles a seguir en este Año Sacerdotal el “luminoso ejemplo del cura de Ars”.

Durante el rezo del Rosario con cientos de miles de personas en la noche del 12 de mayo, víspera de la primera aparición de la Virgen, el Santo Padre observó que “esa oración tan querida por el pueblo cristiano ha encontrado en Fátima un centro propulsor para toda la Iglesia y el mundo”. “Podríamos decir -afirmó- que Fátima y el Rosario son casi sinónimos”.

En la solemne misa del 13 de mayo, celebrada en la explanada de Fátima y a la que asistió medio millón de personas, el Papa reafirmó que “el mensaje de Fátima, comprometido y al mismo tiempo consolador, está cargado de esperanza. Es un mensaje centrado en la oración, la penitencia y la conversión que se proyecta más allá de las amenazas, de los peligros y horrores de la historia, para invitar a la humanidad a confiar en la acción de Dios, a cultivar la gran Esperanza , a experimentar la gracia del Señor para enamorarse de Él, fuente del amor y de la paz”.

A las organizaciones de la pastoral social, el pontífice propuso “el estilo del Buen Samaritano para salir al encuentro de las necesidades de los hermanos más necesitados y para servir a Cristo promoviendo el bien común”.

En la Eucaristía celebrada en Oporto, “la Ciudad de la Virgen”, el Papa “recordó el compromiso de testimoniar el Evangelio en todos los ambientes, ofreciendo al mundo a Cristo resucitado para que toda dificultad, sufrimiento o miedo se transforme por el Espíritu Santo, en ocasión de crecimiento y de vida”.

“Sabiduría y Misión -concluyó Benedicto XVI- ha sido el lema de mi viaje apostólico a Portugal, y en Fátima la Virgen María nos invita a caminar con gran esperanza, dejándonos llevar por la sabiduría que viene de las alturas, que se ha manifestado en Jesús, la sabiduría del amor para traer al mundo la luz y la alegría de Cristo”.

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