Perdonar a cambio de saber la verdad

Por Juan José Dalton*

La dictadura sufrida en El Salvador y posteriormente el conflicto armado, fueron episodios largos y cruentos. Triste y doliente ha sido nuestra historia. Hubo muchos salvadoreños, entre ellos mi padre Roque Dalton, que no sólo fueron vejados, sino que se enfrentaron a ella con su poesía y sus ideas.

En los últimos días, con mi familia toda decidimos emprender un esfuerzo grande y sacrificado por establecer la verdad en relación al asesinato de nuestro padre.

Quisimos entablar un diálogo con el Gobierno desde que Jorge Meléndez, involucrado en el asesinato de Dalton, fue juramentado.

Todavía más, antes del triunfo advertimos la inconsecuencia de incluir a Meléndez en el Gobierno. Hay testigos en el entorno del presidente Funes, entre sus secretarios y asesores más cercanos, que pueden dar fe.

Quisimos sentarnos con el Gobierno para que exploráramos salidas honorables, como debe ser en una democracia, aunque esto lógicamente no se trata de ninguna negociación política, sino de un acto de justicia. Nunca nos hicieron caso. Fue aquel menosprecio a la memoria del Roque Dalton humano e integrante de una familia adolorida.

Nuestras reivindicaciones no han variado desde hace 35 años. Año con año hemos clamado lo mismo, y hemos sufrido desengaños por la incapacidad de Joaquín Villalobos, especialmente, de desmarcarse del crimen. Por otra parte, Meléndez, dice “saber todo, pero que lo dirá cuando él quiera”. Estos son nuestros justos reclamos:

– Las circunstancias de la muerte de Roque Dalton y Armando Arteaga.

– Quiénes son los responsables intelectuales y materiales de la ejecución de Dalton y Arteaga

– Cómo, cuándo y dónde los asesinaron

– Dónde están sus restos. Conocemos varias versiones de su sepultura.

– Si esta verdad es establecida, exigimos un humilde, sincero y valiente perdón.

Tenemos desde hace 35 años el corazón desgarrado. Nuestras abuelas María y Carmen, murieron sin saber dónde estaba mi padre. Rezaron hincadas todas las noches para pedirle a Dios que aparecieran sus restos. Mi madre llora a diario por sus dos Roques muertos: su esposo y su hijo. Como hermanos, Jorge y yo, también lloramos y no nos avergüenza hacerlo porque, como ocurrió en la misa ofrecida por el padre José María Tojeira, en la Capilla de la UCA el pasado 10 de mayo, también lloran nuestros leales amigos y admiradores de Roque Dalton.

Nuestro mensaje a la sociedad, pero en especial, a la izquierda social y política, es que tenemos que ser valientes para encarar la verdad: es lo moral y lo ético. En nuestro mundo moderno hay dos símbolos de inhumanidad que por desgracia cruzaron nuestras fronteras y debemos hacer todo lo necesario para negarles la entrada, si es que quisieran volver: esos símbolos son Adolfo Hitler y José Stalin; la extrema-derecha que nos quitó a Monseñor Romero y la extrema-izquierda que nos quitó a Dalton.

También quiero ofrecerles unas palabras a los ex jefes, combatientes y masas del ERP. Ante ustedes, mil veces heroicos y sufridos hijos del pueblo salvadoreño, me arrodillo humildemente. Mi hermano Roquito cayó en la guerra, fue un guerrillero valiente como ustedes; hoy yace su cadáver confundido entre las piedras y los árboles de las montañas de Chalatenango.

A ustedes, ex militantes del ERP les digo: los asesinos de mi padre tienen nombre y apellido. Les agradezco a quienes han aportado datos para establecer la verdad y fortalecer las pruebas. Nuestro esfuerzo ayudará a lavar definitivamente la macha ingrata que Rivas Mira, Villalobos y Meléndez incrustaron en el alma del heroico ERP, al que con sus ideas mi padre también dio vida.

Reitero que seguiremos luchando por la verdad y la justicia. Por eso en este 75 aniversario del natalicio de Roque Dalton, el 14 de mayo, llevamos el caso a la Fiscalía para poner a prueba la institucionalidad de justicia.

A los victimarios de mi padre, les dig o: Si tuvieron hace 35 años la “valentía” de acabar con su vida y la de Arteaga, tengan hoy y en adelante el coraje de reconocer sus culpas, revelar la verdad y pedir perdón.

Cuando aparezcan los restos de Dalton y de Arteaga, se los vamos a entregar al pueblo. Entonces, el Estado y el pueblo entero se encargará de colocarlos en un lugar donde acudamos todos y todas al encuentro de aquel juglar que no hizo otra cosa que cantar con amor a la lucha de este noble y sufrido pueblo, que hoy llora por su memoria herida.

* Juan José Dalton es periodista, hijo del poeta salvadoreño Roque Dalton

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