Cooperación ecuménica entre iglesias cristianas por paz en Oriente Medio

La Iglesia Ortodoxa de Chipre ha mantenido siempre su independencia y desempeñado un papel importante en la vida política de la isla. Fue parte activa en la guerra de independencia contra los turcos, pagando un precio muy caro. En 1825, gran parte del clero chipriota, incluida la entera jerarquía, fue masacrada por los turcos, que sospechaban su apoyo a la revolución griega. Durante el período de dominio inglés (1878-1958), la Iglesia chipriota se empeñó con decisión en la lucha por la independencia del país, lograda en 1960, cuando el arzobispo Makarios fue elegido jefe de la nueva república.

Después de la invasión turca (1974), más de 170.000 ciudadanos chipriotas (casi un tercio de la población de aquellos años) pasaron a ser prófugos en su misma patria; más de 500 iglesias, capillas y monasterios (católicos, maronitas, armenios y ortodoxos) fueron ocupados o destruidos. Desde 1974 hasta hoy, Turquía ha trasladado más de 160.000 colonos a la parte norte de Chipre.

La Iglesia Ortodoxa de Chipre es miembro del Consejo Mundial de Iglesias desde 1948 y participa activamente en diversos encuentros interconfesionales e interreligiosos en Oriente Medio y Europa. En Chipre se encuentra la sede del Consejo de las Iglesias de Oriente Medio.

A su llegada al arzobispado Benedicto XVI fue recibido por Su Beatitud Crisóstomos II y visitó el monumento al arzobispo Makarios y la catedral. Después pronunció un breve discurso en el que recordó en primer lugar la visita del arzobispo Crisóstomos a Roma en 2007, en el curso de la cual se publicó una Declaración Común que testimoniaba el clima de fraternidad recíproca entre la Iglesia Católica y la Iglesia Ortodoxa de Chipre.

El Santo Padre expresó también su gratitud por la hospitalidad que la Iglesia de Chipre brindó el año pasado a la Comisión Internacional para el Diálogo Teológico, reunida en Paphos y por el apoyo al compromiso del diálogo.

“¡Que el Espíritu Santo -dijo el Papa- guíe y confirme esta gran iniciativa eclesial, cuyo objetivo es reconstruir la comunión plena y visible entre las Iglesias de Oriente y Occidente, una comunión que debe ser vivida en la fidelidad al Evangelio y a la tradición apostólica, para apreciar las legítimas tradiciones de Oriente y Occidente, y estar abierta a la diversidad de dones a través de los cuales el Espíritu construye la Iglesia en la unidad, la santidad y la paz!”.

El Santo Padre agradeció además la ayuda prestada por la Iglesia de Chipre a las víctimas del terremoto de 2009 en L’Aquila (Italia) y con “espíritu de fraternidad y comunión” se unió a las oraciones del arzobispo Crisóstomos “para que todos los habitantes de Chipre, con la ayuda de Dios, encuentren la sabiduría y la fuerza para trabajar juntos por una solución justa de los problemas que aún están por resolver, comprometiéndose por la paz y la reconciliación y construyendo para las generaciones futuras una sociedad que se distinga por el respeto de los derechos de todos, incluidos los derechos inalienables a la libertad de conciencia y a la libertad de culto”.

“Chipre se considera tradicionalmente parte de Tierra Santa, y la situación de conflicto permanente en Oriente Medio debe ser un motivo de reflexión para todos los fieles cristianos”, terminó el Papa. “Nadie puede permanecer indiferente ante la necesidad de ofrecer apoyo en todas las formas posibles a los cristianos de esa atribulada región, para que sus antiguas iglesias puedan vivir en paz y prosperidad. ¡Que las comunidades cristianas de Chipre encuentren un ámbito fructuoso para la cooperación ecuménica, rezando y trabajando juntos por la paz, la reconciliación y la estabilidad en las tierras bendecidas por la presencia terrenal del Príncipe de la Paz!”.

Acabado su discurso, el Santo Padre visitó el museo de iconos del arzobispado y almorzó con el arzobispo Crisóstomos y con las respectivas delegaciones.

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