Entrevista con el Papa en el avión rumbo a Chipre

La primera pregunta la formuló el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede , padre Federico Lombardi , S.I., en nombre de todos los colegas. Refiriéndose al asesinato del obispo Luigi Padovese, ayer jueves, ¿cómo ha recibido el Papa esta noticia y cómo vive el inicio del viaje a Chipre en esta atmósfera?

“Como es lógico -dijo el Santo Padre-, estoy profundamente entristecido por la muerte de Mons. Padovese, que también contribuyó mucho a la preparación del Sínodo (de Oriente Medio) y hubiera sido un elemento precioso en este Sínodo. Encomendamos su alma a la bondad del Señor. Sin embargo, esta sombra no tiene nada que ver con la realidad del viaje, porque no hay que atribuir a Turquía o a los turcos este hecho. Es algo sobre lo que tenemos poca información. Lo que está claro es que no se trata de un asesinato político o religioso; es una cosa personal. Seguimos esperando todas las explicaciones, pero ahora no queremos mezclar esta trágica situación con el diálogo con el Islam y con todos los problemas de nuestro viaje. Es un caso especial, que nos entristece, pero que no debe oscurecer para nada el diálogo en todos los sentidos, que será el tema y la intención de este viaje”.

La segunda pregunta fue: Cómo piensa el Papa que su visita pueda ayudar a resolver la distancia entre la parte griega y la parte turca de Chipre, a lograr una solución de coexistencia pacífica, en el respeto de la libertad religiosa, del patrimonio espiritual y cultural de las distintas comunidades.

“Este viaje a Chipre -contestó-, es en muchos sentidos, una continuación del viaje del año pasado a Tierra Santa y también del viaje a Malta de este año. (…) No vengo con un mensaje político, sino con un mensaje religioso, que debería preparar mejor a las almas para encontrar la apertura a la paz”.

Otro periodista observó que el Papa iba a Oriente Medio pocos días después del ataque israelí a una flotilla cerca de Gaza, que ha añadido más tensión al proceso de paz, de por sí difícil. ¿Cómo cree que la Santa Sede puede contribuir a superar este momento difícil para Oriente Medio?

“Diría -respondió- que contribuimos principalmente en modo “religioso”. Podemos ayudar con consejos políticos y estratégicos, pero el trabajo esencial de la Santa Sede es siempre religioso. (…) Después de todos los casos de violencia, no hay que perder la paciencia, no hay que desanimarse, no hay que perder la serenidad para recomenzar, (…) con la certeza de que podemos avanzar, de que podemos llegar a la paz, que la violencia no es la solución, sino la paciencia del bien. Crear estas disposiciones me parece que es el trabajo principal que la Santa Sede y sus organismos y el Papa pueden hacer”.

Al preguntarle sobre el tema del ecumenismo, y en concreto el diálogo con los ortodoxos, que ha avanzado mucho desde el punto de vista cultural, espiritual y de la vida, Benedicto XVI subrayó “los grandes progresos en el testimonio común de los valores cristianos en el mundo secularizado. (…) Naturalmente, existen muchos problemas teológicos, pero también en este caso los elementos de la unidad son muy fuertes”. En este sentido, el Papa indicó “tres elementos que nos unen, que nos acercan cada vez más. En primer lugar, las Escrituras. (…) Como segundo elemento, la tradición, que nos interpreta, que nos abre la puerta a las Escrituras. (…) Y el tercer punto es la llamada “regula fidei”, es decir, la confesión de la fe elaborada en los concilios antiguos, que es la suma de lo que está en la Escritura. (…) Por supuesto -añadió-, el debate teológico no crea de por sí la unidad; es una dimensión importante, pero toda la vida cristiana, el conocerse, la experiencia de la fraternidad, el aprendizaje, a pesar de la experiencia pasada, son procesos que también requieren una gran paciencia. Pero creo que estamos aprendiendo la paciencia”.

La última pregunta fue: ¿Cuáles son sus principales esperanzas y expectativas para el Sínodo de Oriente Medio, para las comunidades cristianas y también para los creyentes de otras religiones en la región.

“El primer punto importante -dijo el Papa- es que diversos obispos, jefes de iglesias se vean; (…) que haya una comunión concreta de diálogo y de vida. En segundo lugar, la visibilidad de estas iglesias (…) nos ayuda a ser sus vecinos, a profundizar nuestro conocimiento recíproco, a aprender unos de otros, a ayudarnos y ayudar así a los cristianos de Oriente Medio a no perder la esperanza, a permanecer en el lugar, incluso cuando las situaciones puedan ser difíciles. El tercer punto: en el diálogo entre ellos también se abren al diálogo con los otros cristianos ortodoxos, armenios, etc, y crece una conciencia común de la responsabilidad cristiana y también una capacidad común para el diálogo con los hermanos musulmanes, que son hermanos a pesar de las diversidades”.

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