El Papa saluda a un representante musulmán

-La cruz habla de esperanza, amor y victoria

-Apoyo espiritual y solidaridad con cristianos Oriente Medio

-Síntesis del “Instrumentum laboris”

EL PAPA SALUDA A UN REPRESENTANTE MUSULMAN

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-El Papa se encontró en Nicosia con un representante musulmán, el jeque Mehmet Nazim Adil Al-Haquani, líder espiritual de un movimiento sufí, de 89 años, comprometido en el diálogo interreligioso.

El breve encuentro tuvo lugar fuera de la Nunciatura Apostólica , antes de la Misa que el Santo Padre celebró en la Iglesia de la Santa Cruz. El líder sufí explicó que vive en el norte de Chipre y que había venido a saludar al pontífice. Según el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede , padre Federico Lombardi , S.I., el jeque se disculpó por el hecho de haber esperado al Papa sentado. “Soy muy anciano”, dijo. Y el Papa respondió: “Yo también soy anciano”.

Nazim regaló a Benedicto XVI un bastón y una placa en la que estaba escrita la palabra “paz” en árabe y un rosario musulmán. Por su parte, el Papa le entregó la medalla de su pontificado y a continuación se dieron un abrazo. Antes de despedirse, el jeque pidió al Papa que rezara por él, a lo que el pontífice respondió: “Por supuesto que sí; rezaremos el uno por el otro”.

LA CRUZ HABLA DE ESPERANZA, AMOR Y VICTORIA

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).- El Papa celebró la Eucaristía en la iglesia de la Santa Cruz de Nicosia, en la que participaron sacerdotes, religiosos, diáconos, catequistas y miembros de movimientos eclesiales de la isla chipriota.

En la homilía de la misa, votiva de la Santa Cruz , el Papa afirmó que la cruz “es más grande y más misteriosa de lo que parece a primera vista. Es sin duda un instrumento de tortura, de sufrimiento y de derrota, pero al mismo tiempo, manifiesta la transformación completa, la revancha definitiva sobre estos males, y esto lo convierte en el símbolo más elocuente de la esperanza que el mundo haya visto jamás. Habla a todos los que sufren -los oprimidos, los enfermos, los pobres, los marginados, las víctimas de la violencia- y les ofrece la esperanza de que Dios puede transformar su dolor en alegría, su aislamiento en comunión, su muerte en vida. Ofrece una esperanza ilimitada a nuestro mundo decaído”.

“Por eso -continuó-, el mundo necesita la cruz. No es simplemente un símbolo de devoción privada, ni una insignia de pertenencia a algún grupo en la sociedad, y su significado más profundo no tiene nada que ver con la imposición forzada de un credo o una filosofía. Habla de esperanza, de amor, de la victoria de la no violencia sobre la opresión, habla de Dios que enaltece a los humildes, da fuerza a los débiles, ayuda a superar las divisiones y a vencer el odio con el amor. Un mundo sin cruz sería un mundo sin esperanza, un mundo donde la tortura y la brutalidad seguirían siendo salvajes, los débiles serían explotados y la codicia tendría la última palabra. La inhumanidad del hombre contra el hombre se manifestaría de manera aún más tremenda, y no existiría la palabra fin al círculo maléfico de la violencia. Sólo la cruz pone fin a ello”.

Benedicto XVI subrayó que “mientras ningún poder terreno puede salvarnos de las consecuencias de nuestro pecado, ni puede derrotar la injusticia en sus orígenes, sin embargo, la intervención salvífica de nuestro Dios misericordioso ha transformado la realidad del pecado y de la muerte en su contrario. Esto es lo que celebramos cuando damos gloria a la cruz del Redentor”.

Dirigiéndose a los sacerdotes, religiosos y catequistas, el Papa puso de relieve que “cuando predicamos a Cristo crucificado, no proclamamos a nosotros mismos, sino a él. (…) No nos cansemos nunca de maravillarnos ante la gracia extraordinaria que se nos ha dado, no dejemos de reconocer nuestra indignidad, y al mismo tiempo, esforcémonos siempre por ser menos indignos a nuestra noble vocación, de modo que no se debilite la credibilidad de nuestro testimonio con nuestros errores y caídas”.

El Santo Padre recordó de modo especial a “los numerosos sacerdotes y religiosos de Oriente Medio que están experimentando en este momento una llamada particular para conformar sus vidas con el misterio de la cruz del Señor. Donde los cristianos son una minoría, donde sufren privaciones a causa de las tensiones étnicas y religiosas, muchas familias toman la decisión de irse, y también los pastores tienen la tentación de hacer lo mismo”.

“En situaciones como éstas, sin embargo -concluyó-, un sacerdote, una comunidad religiosa, una parroquia que se mantiene fuerte y sigue dando testimonio de Cristo es una muestra extraordinaria de esperanza no sólo para los cristianos, sino para todos los que viven en la región. Su sola presencia es una expresión elocuente del Evangelio de la paz, de la decisión del Buen Pastor de cuidar de todas las ovejas, del compromiso sólido de la Iglesia al diálogo, la reconciliación y la aceptación amorosa de los demás. Abrazando la cruz que se les ofrece, los sacerdotes y religiosos de Oriente Medio pueden realmente propagar la esperanza”.

Terminada la misa, el Papa se trasladó a la nunciatura apostólica de Nicosia, donde cenó y pasó la noche.

APOYO ESPIRITUAL Y SOLIDARIDAD CON CRISTIANOS ORIENTE MEDIO

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-El Papa celebró la Santa Misa en el Palacio de Deportes Eleftherìa de Nicosia, con capacidad para 6.000 personas, con ocasión de la publicación del “Instrumentum laboris” de la Asamblea Especial para Oriente Medio.

Participaron en la celebración eucarística los Patriarcas y Obispos de las distintas comunidades eclesiales de Medio Oriente, así como un numeroso grupo de fieles chipriotas. Al inicio, el arzobispo maronita de Chipre, monseñor Youssef Soueif, dirigió unas breves palabras de saludo al Santo Padre.

Recordando en la homilía que hoy se celebra la solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, Benedicto XVI explicó que “el nombre dado a esta fiesta en Occidente, Corpus Christi, se usa en la tradición de la Iglesia para designar tres realidades distintas: el cuerpo físico de Jesús, nacido de la Virgen María ; su cuerpo eucarístico, el pan del cielo que nos nutre en este gran sacramento, y su cuerpo eclesial, la Iglesia. Al considerar los distintos aspectos del Corpus Christi, llegamos a comprender más profundamente el misterio de comunión que nos une a quienes formamos parte de la Iglesia”.

“Cada uno de nosotros que formamos parte de la Iglesia necesita salir del mundo cerrado de su individualismo y aceptar la “compañía” de los que “comparten el pan” con nosotros. (…) Por eso, todos los días pedimos a “nuestro” Padre el pan “nuestro” de cada día. La condición previa para entrar en la vida divina a la que estamos llamados es derribar las barreras entre nosotros y nuestros vecinos. Necesitamos ser liberados de lo que nos aprisiona y aísla: temor y desconfianza recíproca, avidez y egoísmo, falta de voluntad para correr el riesgo de la vulnerabilidad a la que nos exponemos cuando nos abrimos al amor”.

El Papa puso de relieve que “en la primera comunidad cristiana, que se alimentaban de la mesa del Señor, vemos los efectos de la acción unificadora del Espíritu Santo. Compartían sus bienes, desprendiéndose de todos los bienes materiales por amor a los hermanos. (…) Pero su amor no se limitaba al grupo de los creyentes. No se veían a sí mismos como beneficiarios exclusivos y privilegiados de los favores divinos, sino más bien como mensajeros, para llevar la buena noticia de la salvación en Cristo hasta los confines del mundo. De esta manera, el mensaje que Cristo resucitado confió a los Apóstoles se extendió con rapidez por todo el Medio Oriente, y desde allí al mundo entero”.

“Estamos llamados a superar nuestras diferencias, a llevar paz y reconciliación donde exista un conflicto, a ofrecer al mundo un mensaje de esperanza. Estamos llamados a tender una mano a quien lo necesite, a compartir con generosidad nuestros bienes materiales con los más desafortunados. Estamos llamados a proclamar de manera incansable la muerte y la resurrección del Señor, hasta que Él vuelva”.

Al final de la misa, el arzobispo Nikola Eterovic, secretario general del Sínodo de los Obispos, agradeció al Papa la convocación de la próxima Asamblea Especial para Oriente Medio, que se celebrará en el Vaticano en octubre próximo, e invitó al pontífice a entregar una copia del “Instrumentum laboris” o documento de trabajo a los miembros del Consejo Especial para el Sínodo.

Antes de rezar el Ángelus, Benedicto XVI resaltó que “Oriente Medio ocupa un lugar especial en el corazón de todos los cristianos, puesto que fue allí donde por vez primera Dios se dio a conocer a nuestros padres en la fe”.

“Es bien conocido -dijo- que algunos de vosotros soportáis grandes pruebas a causa de la situación actual de la región. La Asamblea Especial es una oportunidad para que los cristianos del resto del mundo ofrezcan su apoyo espiritual y su solidaridad a sus hermanos y hermanas de Oriente Medio”.

Los cristianos de esta región “deseáis vivir en paz y en armonía con vuestros vecinos judíos y musulmanes. A menudo, actuáis como artífices de paz en el difícil proceso de reconciliación. Merecéis el reconocimiento por el papel inestimable que realizáis. Espero firmemente que todos vuestros derechos, incluido el derecho a la libertad religiosa y de culto, sean cada vez más respetados y que nunca más sufráis discriminaciones de ningún tipo”.

“Ruego para que el trabajo de la Asamblea Especial ayude a dirigir la atención de la comunidad internacional sobre la difícil situación de los cristianos en Medio Oriente que sufren por sus creencias, de modo que se encuentre una solución justa y duradera a los conflictos que provocan tanto dolor. Con respecto a esta grave cuestión, reitero mi llamamiento personal a que se realice un esfuerzo internacional urgente y concertado para resolver las tensiones que persisten en Medio Oriente, especialmente en Tierra Santa, antes de que dichos conflictos lleven a un mayor derramamiento de sangre”.

“Con estos deseos -terminó-, os entrego ahora el texto del “Instrumentum laboris” de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para Medio Oriente”.

Después del Ángelus, el Papa recordó que hoy se celebraba en Varsovia la beatificación de Jerzy Popiełuszko, sacerdote y mártir. “Envío un cordial saludo a la Iglesia en Polonia, que hoy se alegra con su elevación a los altares. Su servicio apasionado y su martirio son un signo especial del triunfo del bien sobre el mal. Que su ejemplo e intercesión alimenten la entrega de los sacerdotes e inflame la caridad de los fieles”, concluyó.

Terminada la celebración eucarística, el Santo Padre se trasladó a la nunciatura apostólica de Nicosia para almorzar con los miembros de su séquito, los patriarcas y obispos del Consejo Especial del Sínodo para Oriente Medio y Su Beatitud Crisóstomos II.

SINTESIS DEL INSTRUMENTUM LABORIS

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Sigue un amplio extracto de la síntesis del “Instrumentum laboris” de la Asamblea Especial para Oriente Medio del Sínodo de los Obispos.

En el prefacio, el secretario general del Sínodo de los Obispos, el arzobispo Nikola Eterovic, afirma que “la situación actual en Oriente Medio es en muchos aspectos similar a la experimentada por la primitiva comunidad cristiana en Tierra Santa” en medio de dificultades y persecuciones.

En la introducción se recuerdan los dos principales objetivos del Sínodo: en primer lugar, “confirmar y reforzar a los cristianos en su identidad a través de la Palabra de Dios y los Sacramentos” y en segundo lugar, “reavivar la comunión eclesial entre las Iglesias “sui iuris” para que ofrezcan un testimonio de vida cristiana auténtica, alegre y atractiva”.

El primer capítulo trata de la Iglesia Católica en Oriente Medio, señalando que todas las iglesias del mundo “se remontan a la Iglesia de Jerusalén. (…) Se recuerda que las iglesias de Oriente Medio son de origen apostólico y que “sería una pérdida para la Iglesia universal si el cristianismo se debilitase o desapareciese en el lugar donde nació. Por lo tanto, hay una grave responsabilidad de “mantener la fe cristiana en esta tierra santa. (…) A continuación dice que los cristianos, a pesar de su “pequeño número”, pertenecen plenamente al tejido social y a la “identidad misma” de estos países. Su desaparición representaría una pérdida para el pluralismo de Oriente Medio. Los católicos están llamados a promover el concepto de “laicidad positiva” del Estado para “aliviar el carácter teocrático del gobierno” y permitir “más igualdad entre los ciudadanos de las diferentes religiones, favoreciendo así la promoción de una democracia sana, positivamente laica, que reconozca plenamente el papel de la religión, también en la vida pública, en el pleno respeto de la distinción entre los órdenes religioso y temporal. (…) Luego, el documento señala que los conflictos regionales hacen todavía más frágil la situación de los cristianos. “La ocupación israelí de los territorios palestinos hace difícil la vida cotidiana por la libertad de movimiento, la economía y la vida social y religiosa (el acceso a los Santos Lugares, condicionada por permisos militares concedidos a unos y negados a otros , por razones de seguridad). (…) Los cristianos se encuentran entre las principales víctimas de la guerra en Irak. (…) “En el Líbano, los cristianos están divididos en ámbito político y confesional”. “En Egipto, por una parte, el crecimiento del Islam político y por otra, la retirada, en parte obligada, de los cristianos de la sociedad civil hacen que su vida esté expuesta a graves dificultades”. “En otros países, el autoritarismo y la dictadura empujan a la población, incluidos los cristianos, a soportar todo en silencio para salvar lo esencial. En Turquía, el actual concepto de laicidad plantea problemas a la plena libertad religiosa en el país”. Se exhorta a los cristianos a no abandonar su compromiso con la sociedad a pesar de las tentaciones del desaliento. “Se releva que en Oriente -por lo general- la libertad religiosa significa habitualmente libertad de culto” y no “libertad de conciencia, es decir, libertad de creer o no creer, de practicar la religión en privado o en público sin ningún impedimento, y la libertad de cambiar de religión. En Oriente, la religión es generalmente una opción social, e incluso nacional, no individual. Cambiar de religión se considera una traición a la sociedad, a la cultura y a la Nación, construida principalmente sobre una tradición religiosa”. Por eso, “la conversión a la fe cristiana se considera como el resultado de un proselitismo interesado y no de una genuina convicción religiosa. Para los musulmanes, a menudo está prohibido por las leyes del Estado. (…) Mientras tanto, el extremismo islámico sigue creciendo en toda la zona, lo que constituye “una amenaza para todos los cristianos, judíos y musulmanes. En este contexto de conflictos, dificultades económicas y limitaciones políticas y religiosas, los cristianos siguen emigrando: “en el juego de la política internacional -se subraya- a menudo se ignora la existencia de los cristianos, que son las primeras víctimas; esta es una de las principales causas de la emigración”.

El segundo capítulo está dedicado a la comunión eclesial. (…) Esta comunión en el seno de la Iglesia Católica -se lee en el texto- se manifiesta por dos signos principales: el Bautismo y la Eucaristía en comunión con el Obispo de Roma, Sucesor de Pedro, corifeo de los apóstoles, (…) principio y fundamento perpetuo y visible de la unidad de fe y de comunión. (…) La comunión entre los distintos miembros de una misma Iglesia o Patriarcado -se lee en el “Instrumentum laboris”- sigue el modelo de la comunión con la Iglesia universal y con el Sucesor de Pedro, el Obispo de Roma. En el plano de la Iglesia Patriarcal , la comunión se expresa por el Sínodo de Obispos, que reúne toda una comunidad alrededor del Patriarca, Padre y jefe de su Iglesia. (…) Los cristianos están invitados a sentirse “miembros de la Iglesia Católica en Oriente Medio y, no sólo miembros de una iglesia particular”.

El tercer capítulo aborda la cuestión del testimonio cristiano. En primer lugar, reitera “la importancia de la catequesis, (…) la urgencia del ecumenismo, superando prejuicios y desconfianza a través del diálogo y la colaboración. (…) Se condena “firmemente el proselitismo que utiliza medios no conformes con el Evangelio. Se analizan después las relaciones con el judaísmo, que encuentran “en el Concilio Vaticano II un punto de referencia fundamental”. El diálogo con los judíos, se define “esencial, aunque no fácil”, ya que se resiente del conflicto entre israelíes y palestinos. La Iglesia manifiesta el deseo de que “ambos pueblos puedan vivir en paz en una patria propia, dentro de fronteras seguras y fronteras reconocidas internacionalmente”. Se reitera la firme condena del antisemitismo, subrayando que “las actitudes negativas actuales entre pueblos árabes y pueblo judío parecen ante todo de tipo político” y, por tanto ajenos a cualquier discurso eclesial. Los cristianos están llamados a “aportar un espíritu de reconciliación basado en la paz y la equidad para ambas partes. Por otra parte, las Iglesias en Oriente Medio invitan a mantener la distinción entre realidad religiosa y política. También las relaciones de la Iglesia Católica con los musulmanes tienen su fundamento en el Concilio Vaticano II. (…) Las relaciones entre cristianos y musulmanes son, más o menos a menudo, difíciles -dice el documento-, sobre todo por el hecho de que los musulmanes no hacen distinción entre la religión y la política, lo cual pone a los cristianos en la delicada situación de no-ciudadanos, mientras son ciudadanos de estos países ya desde mucho antes de la llegada del Islam. La clave del éxito de la coexistencia entre cristianos y musulmanes depende del reconocimiento de la libertad religiosa y los derechos humanos”. “Los cristianos están llamados … a no aislarse en guetos, o en actitudes defensivas y a no replegarse sobre sí mismos, actitudes típicas de las minorías. (…) En la situación de conflicto en la región se exhorta a los cristianos a promover “la pedagogía de la paz”: se trata de un camino “realista, y aunque corre el peligro de ser rechazada por muchos, también tiene más posibilidades de ser aceptada, dado que la violencia, tanto de los fuertes como de los débiles, ha producido en Oriente Medio, solamente fracasos y estancamiento y general. Esa situación es “explotada por el terrorismo mundial más radical”. La contribución de los cristianos, “que requiere mucho coraje, es indispensable”, aunque “con demasiada frecuencia” los países de Oriente Medio “identifican Occidente con el Cristianismo”, acarreando grandes daños a las Iglesias cristianas. (…) El documento también analiza el fuerte impacto de la modernidad que para el creyente musulmán “se presenta con un rostro ateo e inmoral y la vive como una invasión cultural que lo amenaza, alterando su sistema de valores”. “La modernidad, por otra parte, es también lucha por la justicia y la igualdad y defensa de los derechos. (…) El cristiano tiene una contribución especial que aportar en el ámbito de la justicia y la paz”, tiene el deber de “denunciar con valor la violencia, sea cual sea su procedencia, y sugerir una solución, que no puede por menos que pasar por el diálogo”, la reconciliación y el perdón. No obstante, los cristianos deben “exigir por medios pacíficos” que también sus derechos “sean reconocidos por las autoridades civiles”. El documento aborda después la cuestión de la evangelización en una sociedad musulmana, que sólo puede darse a través del testimonio, pero “se pide que esto se garantice también mediante oportunas intervenciones externas”. De cualquier forma, la labor caritativa de las comunidades católicas “con los más pobres y marginados, sin discriminación alguna, representa el modo más evidente de difusión del mensaje cristiano”.

En la Conclusión, el documento señala “la preocupación por las dificultades del momento presente, pero al mismo tiempo, la esperanza, fundada en la fe cristiana. (…) Durante décadas, la ausencia de resolución del conflicto entre israelíes y palestinos, la falta de respeto del derecho internacional y de los derechos humanos y el egoísmo de las grandes potencias han desestabilizado el equilibrio de la región e impuesto a la población una violencia que amenaza con condenarlos a la desesperación. La consecuencia de todo ello es la emigración, especialmente de los cristianos. Frente a este desafío y con el apoyo de la comunidad cristiana universal, el cristiano en Oriente Medio está llamado a aceptar su vocación al servicio de la sociedad. “A los cristianos de Oriente Medio -concluye el “Instrumentum laboris”- se puede repetir hoy todavía: “¡No temas, pequeño rebaño”, tienes una misión, dependerá de ti el crecimiento de tu país y la vitalidad de tu Iglesia, y esto s

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