Paz estable en Oriente Medio

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).- Después de un breve discurso del Presidente de Chipre, Demetris Christofias, el Papa dio las gracias al Presidente, al gobierno y a las autoridades civiles y militares “que han hecho que mi visita fuera tan memorable y satisfactoria”.

“De la misma manera que a otros muchos peregrinos antes que yo, en el momento de dejar vuestras costas -dijo-, me viene de nuevo a la mente que el Mediterráneo está compuesto por un rico mosaico de pueblos, con sus propias culturas y belleza, su cordialidad y su humanidad. No obstante dicha realidad, el Mediterráneo oriental, al mismo tiempo, no es ajeno a los conflictos ni al derramamiento de sangre, como hemos visto trágicamente en estos últimos días. Redoblemos nuestros esfuerzos para construir una paz real y duradera para todos los pueblos de la región”.

El Papa aseguró que “junto a este objetivo general, Chipre puede jugar un papel singular en la promoción del diálogo y la cooperación. Trabajando pacientemente por la paz de vuestros hogares y por la prosperidad de vuestros vecinos, seréis capaces de escuchar y comprender todos los aspectos de muchas situaciones complejas, y de ayudar a los pueblos a lograr un mayor entendimiento entre unos y otros. Señor Presidente, la comunidad internacional sigue con gran interés y esperanza al camino que estáis emprendiendo, y percibo con satisfacción todos los esfuerzos realizados en la promoción de la paz para su pueblo y toda la isla de Chipre”.

“Doy gracias a Dios -continuó- por estos días, que han visto el primer encuentro de la comunidad católica chipriota con el Sucesor de Pedro en vuestra tierra; igualmente, me llevo un recuerdo muy grato de mis encuentros con otros líderes cristianos, en particular con Su Beatitud Chrisóstomos II, y con otros representantes de la Iglesia de Chipre, a los que agradezco su acogida fraterna. Espero que mi visita se considere como otro paso adelante en el camino abierto con el abrazo en Jerusalén entre el entonces Patriarca Atenágoras y mi venerable predecesor, el Papa Pablo VI. Aquellos primeros pasos proféticos que dieron juntos nos mostró el camino que también nosotros debemos recorrer. Hemos recibido una llamada divina a ser hermanos, a caminar codo con codo en la fe, con humildad ante Dios Todopoderoso y unidos con el vínculo inquebrantable del afecto mutuo. Invito a los discípulos de Cristo a continuar este camino y les aseguro que la Iglesia católica, con la gracia del Señor, se empeñará en alcanzar la meta de la perfecta unidad en la caridad, a través de un mayor aprecio de lo que tanto católicos como ortodoxos consideran más valioso”.

El Santo Padre manifestó nuevamente su “más sincera esperanza, acompañada de la oración, para que juntos, cristianos y musulmanes, sean fermento de paz y reconciliación entre los chipriotas, y que sirva de ejemplo para otros países”.

Dirigiéndose al Presidente y a su gobierno, el pontífice recordó que “una de las tareas más importantes es asegurar la paz y la seguridad de todos los chipriotas. Alojándome estas pasadas noches en la Nunciatura Apostólica (…) he percibido algo de la triste división de la isla, así como de la pérdida de una parte significativa del legado cultural que pertenece a toda la humanidad. He escuchado también a los chipriotas del norte que desean volver en paz a sus casas y lugares de culto, y me he conmovido profundamente por sus lamentos. Ciertamente, la verdad y la reconciliación, junto con el respeto, son las bases más sólidas para alcanzar un futuro de paz y unidad para la isla, y para la estabilidad y prosperidad de todas sus gentes. En este sentido, se han realizado muchas cosas buenas en los últimos años a través de un diálogo concreto, aunque quede mucho por hacer para superar las divisiones. Le animo a usted y a sus conciudadanos -concluyó- a trabajar con paciencia y constancia con vuestros vecinos para construir un futuro mejor y más seguro para todos sus hijos. A este propósito, le aseguro misoraciones por la paz de todo Chipre”.

El Papa bendijo a continuación un árbol de olivo y saludó a las respectivas delegaciones. Tras los himnos pontificio y chipriota, se embarcó en el avión de regreso a Roma, donde llegó a las 20,15. Desde el aeropuerto de Ciampino, Benedicto XVI se trasladó en helicóptero al Vaticano.

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