Corrección de desequilibrios europeos con solidaridad

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Benedicto XVI recibió a los participantes en la 45 Reunión Conjunta del Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, institución creada en 1956 con “una vocación de carácter exclusivamente social para contar con un instrumento cualificado para promover su propia política de solidaridad”, como recordó en su discurso. El Santo Padre manifestó su aprecio por un organismo que se ha ocupado “desde su creación de los problemas relativos a los refugiados, ampliando más tarde su competencia a todo el campo de la cohesión social”.

El Papa habló después de los acontecimientos políticos ocurridos en Europa a finales del siglo pasado, preguntándose si “la liberación de las ideologías totalitarias no se ha utilizado de manera unilateral sólo para el progreso económico a expensas de un desarrollo más humano”, y exhortó en este sentido al Banco, en sus intervenciones en favor de los países del Este europeo, a “corregir los desequilibrios en favor de un proceso basado en la justicia y solidaridad, que son esenciales para el presente y el futuro de Europa”.

En el contexto de la crisis económica y financiera actual, el Santo Padre recordó que en su última encíclica, “Caritas in veritate,” se refirió a ” la Doctrina Social de la Iglesia y a su contribución positiva para la construcción de la persona humana y la sociedad” y quiso evidenciar que “la relación entre el amor y la verdad bien vivida es una fuerza dinámica que regenera todas las relaciones interpersonales y aporta una verdadera novedad en la reorientación de la vida económica y financiera, al servicio del hombre y su dignidad, al que están subordinadas”.

“La economía y las finanzas no existen sólo para ellas mismas -subrayó-; son una herramienta, un medio. Su fin es sólo la persona humana y su plena realización en la dignidad. (…) El cristianismo ha permitido a Europa comprender qué es la libertad, la responsabilidad y la ética que impregnan sus leyes y sus entidades corporativas. Marginar el cristianismo -también por la exclusión de los símbolos que lo manifiestan- privaría a nuestro continente de la fuente fundamental que lo nutre y contribuye a su verdadera identidad. De hecho, el cristianismo es la fuente de los “valores espirituales y morales que son patrimonio común de los pueblos”, valores a los que los miembros del Consejo de Europa han expresado su firme compromiso en el Preámbulo de los Estatutos del Consejo de Europa”.

Recordando los objetivos del Banco, Benedicto XVI puntualizó que esa institución era “un instrumento técnico que permite la solidaridad, que debe vivirse en la fraternidad. (…) La fraternidad hace posible espacios de gratuidad que, aunque sean indispensables, son difíciles de gestionar cuando sólo se buscan la eficiencia y el beneficio”.

Sin embargo, “en Europa hay un rico pasado que ha visto el desarrollo de experiencias económicas basadas en la fraternidad. (…) Creo que el Banco de Desarrollo del Consejo de Europa, para vivir realmente la solidaridad, quiere responder al ideal de hermandad que acabo de mencionar, y explorar las áreas donde la fraternidad y la lógica del don puedan expresarse. Estos son ideales con raíces cristianas y que, junto al deseo de paz, hicieron posible el nacimiento del Consejo de Europa”.

Al final de su discurso, el gobernador del Banco de Desarrollo otorgó a Benedicto XVI una medalla de la institución. El Santo Padre lo agradeció, exhortando a los miembros de ese organismo a proseguir “con valor y lucidez” su trabajo para contribuir al bien de Europa.

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