Sudáfrica, BP y Arizona

Sudáfrica, con los ruidosos zumbidos de las vuvuzelas, se ha convertido en el epicentro de la celebración de personas de diferentes razas, culturas e idiomas que se congregan cada cuatro años para gozar y sufrir con la fiebre del fútbol.

El ex presidente sudafricano, Nelson Mandela, que pasó 27 años en la cárcel por su lucha contra el régimen racista del apartheid, es el símbolo de la reconciliación en ese país y se le compara con otros grandes líderes como Martin Luther King y Mahatma Gandhi.

Lejos del enjambre en los estadios sudafricanos, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, el primer afroamericano en ocupar ese importante puesto, enfrenta otra nueva crisis de su presidencia con el derrame de petróleo en el Golfo de México, que es el peor desastre ecológico del país.

En un discurso a la nación el martes, Obama prometió la recuperación en las próximas semanas del 90 por ciento de los millones de galones de crudo derramados, más regulaciones y el rendimiento de cuentas a la empresa británica BP, que alquilaba el pozo que explotó el 20 de abril.

Mientras se redoblan esfuerzos por limpiar el crudo, una nueva crisis se asoma en el horizonte con la entrada en vigor a partir del 29 de julio de la ley SB1070 de Arizona, que permite que la policía local pida papeles a un detenido si sospecha que son indocumentados.

Otras localidades del país buscan la instrumentación de medidas similares, que se prestarían a arrestos racistas por el color de la piel, como han denunciado diversos grupos que apoyan un boicot a Arizona.

Niñas como Katherine Figueroa, de 10 años, y Deisy Cuevas, de 7 años, han expresado su temor por la deportación de sus padres indocumentados. Asimismo, jóvenes inmigrantes criados en Estados Unidos, con una brillante trayectoria educativa como los que caminaron de Florida hasta Washington, reclaman una legalización que les permita aportar su talento al país.

Los inmigrantes y los ciudadanos que los apoyan ya marcharon, ya cabildearon, ya votaron y nuevamente ya volvieron a marchar. Ahora quizás puedan recaudar fondos, inscribir votantes y “despedir” a políticos que incumplen sus promesas, como lo ha hecho muy efectivamente el movimiento conservador Tea Party.

A diferencia del enojo demostrado por Tea Party, la lucha de los inmigrantes sería con base al amor al país y a la reconciliación, como lo hicieron los gigantes de la lucha pacífica como Mandela, Luther King y Gandhi.
MLUSAMLUSA

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