A obispos de Brasil: guiar a todos a la unidad en la fe y el amor


El Santo Padre recordó a los obispos que “como maestros y doctores de la fe, tenéis la misión de enseñar con audacia la verdad que se debe creer y vivir, presentándola de una manera auténtica”. En este contexto, les animó a ayudar a los fieles confiados a su atención pastoral “a descubrir la alegría de la fe, la alegría de ser amados personalmente por Dios, que entregó a su Hijo para nuestra salvación. (…) Tened una gran confianza en la gracia y difundid esta confianza entre vuestra gente, para que la fe sea siempre custodiada, defendida y transmitida en su pureza e integridad”.

Hablando de la liturgia, Benedicto XVI subrayó que la celebración eucarística es el deber más importante del ministerio sacerdotal. “La tarea de santificar que recibisteis -continuó dirigiéndose a los obispos- os obliga a ser promotores y animadores de la oración en la ciudad humana, a menudo agitada, ruidosa y olvidada de Dios: debéis crear lugares y ocasiones de oración, donde en silencio, escuchando a Dios, en la oración y personal y comunitaria, los seres humanos puedan encontrar y experimentar vivamente a Jesucristo, que revela el verdadero rostro del Padre. Es necesario que las parroquias y santuarios, los ambientes de educación y sufrimiento y las familias se conviertan en lugares de comunión con el Señor”.

Refiriéndose a la misión de gobernar, el Papa dijo que “el obispo también está llamado a juzgar y disciplinar la vida del pueblo de Dios confiado a su cuidado pastoral, a través de leyes, directrices y consejos, según lo dispuesto en la disciplina universal de la Iglesia. Este derecho y deber es muy importante para que la comunidad diocesana se mantenga unida en su interior y camine en comunión sincera de fe, amor y disciplina con el Obispo de Roma y con toda la Iglesia. Para ello, no os canséis de alimentar en los fieles un sentido de pertenencia a la Iglesia y la alegría de la comunión fraterna”.

“El gobierno del obispo -añadió el Santo Padre-, solo será pastoralmente fructífero “si se apoya en la autoridad moral que deriva de su santidad de vida. Esta autoridad dispondrá los ánimos para acoger el Evangelio que proclama en su Iglesia, así como las normas que establezca para el bien del Pueblo de Dios”. Por eso, plasmado interiormente por el Espíritu Santo, cada uno de vosotros se hará “todo en todos”, proponiendo la verdad de la fe, celebrando los sacramentos de nuestra santificación y testimoniando el amor de Dios”.

El Papa concluyó alentando a los obispos a “acoger con el corazón abierto a los que llamen a la puerta: aconsejadles, consoladlos y mantenedlos en el camino de Dios, tratando de guiar a todos a la unidad en la fe y en el amor, de la que por voluntad del Señor, debéis ser principio y fundamento visible en vuestras diócesis”.


NOTA SOBRE SITUACION DEL EX ARZOBISPO DE POZNAN

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Sigue la nota emitida hoy por la Oficina de Prensa de la Santa Sede sobre la situación del ex arzobispo de Poznan (Polonia), monseñor Juliusz Paetz.

“El Director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede , padre Federico Lombardi , S.I., respondiendo a las preguntas de los periodistas sobre las noticias de prensa relativas a la situación de monseñor Juliusz Paetz, ex arzobispo de Poznan (Polonia), ha precisado que es infundado en este caso hablar de “rehabilitación”, ya que la cuestión tratada en la correspondencia con Roma se refería exclusivamente a si el prelado podía ser autorizado o no a presidir celebraciones públicas cuando lo invitase un párroco, siempre con el necesario “nihil obstat” por parte del Ordinario.

Los criterios y las restricciones establecidas en 2002 y seguidos hasta ahora no se modificarán.

Como confirmó oficialmente ayer, 18 de junio, el portavoz de la archidiócesis de Poznan, es completamente infundado que el arzobispo de Poznan, Stanislaw Gadecki, haya presentado o solo anticipado la posibilidad de renunciar al gobierno de la arquidiócesis”.

EL SACERDOTE DEBE PERMANECER SIEMPRE CON CRISTO

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Benedicto XVI celebró la Santa Misa en la basílica vaticana durante la cual ordenó presbíteros a catorce diáconos de la diócesis de Roma.

En la homilía, el Papa explicó que el presbítero “está llamado a redescubrir en la oración el rostro siempre nuevo del Señor y el contenido más auténtico de su misión. Solamente quien tiene una relación intima con el Señor es aferrado por Él, puede llevarlo a los demás, puede ser enviado. Se trata de un “”permanecer con él” que debe acompañar siempre el ejercicio del ministerio sacerdotal; debe ser la parte central, también y sobre todo en los momentos difíciles, cuando parece que las “cosas que hay que hacer” deben tener la prioridad. Donde estemos, cualquier cosa que hagamos, debemos “permanecer siempre con Él”.

El Santo Padre subrayó que “el sacerdocio no puede jamás representar un modo para alcanzar seguridad en la vida o para conquistar una posición social. Quien aspira al sacerdocio para un aumento del propio prestigio personal o del propio poder no ha entendido en su raíz el sentido de este ministerio. Quien quiera ante todo realizar una ambición propia, alcanzar un éxito, será siempre esclavo de sí mismo y de la opinión pública. Para ser considerado deberá adular; deberá decir aquello que agrada a la gente; deberá adaptarse al cambio de las modas y de las opiniones y, así, se privará de la relación vital con la verdad, reduciéndose a condenar mañana lo que haya alabado hoy”.

“Un hombre que plantee así su vida -continuó-, un sacerdote que vea en estos términos su propio ministerio, no ama realmente a Dios y a los demás, sino solo a si mismo y, paradójicamente, termina por perderse. El sacerdocio -recordémoslo siempre- se funda en el coraje de decir sí a otra voluntad, con la conciencia de que debe crecer cada día, de que precisamente conformándose a la voluntad de Dios, “inmersos” en esta voluntad, no solo no se cancelará nuestra originalidad, sino, al contrario, entraremos cada vez más en la verdad de nuestro ser y de nuestro ministerio”.

Hablando de la celebración eucarística, Benedicto XVI dijo que en esos momentos “tenemos en nuestras manos el pan del Cielo, el pan de Dios, que es Cristo, grano partido para multiplicarse y convertirse en el verdadero alimento para la vida del mundo. Es algo que no puede sino llenar vuestro corazón de íntimo estupor, de viva alegría y de inmensa gratitud: el amor y el don de Cristo crucificado y glorioso pasan a través de vuestras manos, vuestra voz y vuestro corazón. ¡Es una experiencia siempre nueva de asombro ver que en mis manos, en mi voz, el Señor realiza este misterio de Su presencia!”.

El Papa pidió a Dios que otorgue a los nuevos presbíteros “la gracia de saber experimentar en profundidad toda la belleza y la fuerza de este servicio presbiteral y, al mismo tiempo, la gracia de poder vivir este ministerio con coherencia y generosidad, cada día”.

“La gracia del presbiterado -continuó- (…) os unirá en lo más profundo de vuestro corazón a los sentimientos de Jesús que ama hasta el extremo, hasta el don total de sí, a su ser pan multiplicado para el santo banquete de la unidad y la comunión”.

El Santo Padre concluyó refiriéndose a la importancia de que “al cuidado de la celebración eucarística se una siempre el empeño por una vida eucarística, es decir, vivida en la obediencia a una única gran ley, la del amor que se dona totalmente y sirve con humildad, una vida que la gracia del Espíritu Santo hace cada vez más semejante a la de Jesucristo , Sumo y eterno Sacerdote, siervo de Dios y de los hombres”.

ANGELUS: SEGUIR A CRISTO ES APROPIARSE DEL PODER DE LA CRUZ

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Después de la Santa Misa celebrada en la basílica vaticana, durante la cual ordenó a catorce diáconos de la diócesis de Roma, el Santo Padre se asomó a mediodía a la ventana de su estudio para rezar el Ángelus con los fieles reunidos en la Plaza de San Pedro.

“El sacramento del Orden -dijo el Papa- manifiesta, de parte de Dios, su amorosa cercanía a los seres humanos y, de parte de los que lo reciben, la plena disponibilidad a convertirse en instrumento de esta cercanía, con un amor radical a Cristo y a la Iglesia”.

El pontífice comentó el Evangelio de hoy cuando el Señor pregunta a sus discípulos: “Vosotros, ¿quien decís que soy?” y a esta interrogación Pedro responde con prontitud: “El Cristo de Dios”, superando así todas las opiniones de los que creían que Jesús era uno de los profetas”.

“También a nosotros, que podemos conocer al Señor mediante la fe en su palabra y sus sacramentos, Jesús nos propone seguirlo cada día y nos recuerda que para ser discípulos suyos es necesario apropiarnos del poder de su Cruz, cumbre de nuestros bienes y corona de nuestra esperanza. (…) Tomar la Cruz significa comprometerse para derrotar al pecado que obstaculiza el camino hacia Dios, acoger diariamente la voluntad del Señor, acrecentar la fe sobre todo frente a los problemas, las dificultades y los sufrimientos”, afirmó el Santo Padre.

“En nuestra época -concluyó Benedicto XVI- son también muchos los cristianos en el mundo que, animados por el amor de Dios, toman cada día la cruz, sea la de las pruebas diarias que la de la barbarie humana, que a veces exige el valor del sacrificio extremo. ¡Que el Señor nos conceda a todos depositar nuestra sólida esperanza en Él, ciertos de que siguiéndolo llevando nuestra cruz, llegaremos con Él a la luz de la Resurrección!”.

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