Por sus frutos los conoceréis

Teresa Gurza.

Y es que cuando son ramplones, oportunistas y sinvergüenzas, su personalidad se refleja hasta en los más mínimos actos.

Como sucedió la semana pasada con el expresidente Fox, que uniformó a los 25 empleados de su restaurante Las delicias de San Cristóbal con playeras de la selección mexicana; pero ¡piratas!.

Sabiendo esto, hay que tener mucho ojo para no ir a comer ahí; porque puede dar perro como barbacoa, o gato por conejo.

Mientras, siguen a la orden del día por casi todo el país asesinatos y ejecuciones que son ya los protagonistas de la guerra de Calderón y en muchas partes dictan la agenda pública.

En Sinaloa, el año escolar terminó con anticipación por esta causa.

En Nuevo León, los niños son preparados por si les toca algún tiroteo.

Y en Michoacán, plasman en dibujos escenas violentas que cuentan la inseguridad en que viven.

“Percepción” que de seguro no le gustará al Presidente; y menos viniendo de sus coterráneos, pero que no puede negar porque secuestros, balaceras, acciones militares, muertes y llantos, se reflejan hasta en el bullying; e impiden la felicidad.

A las angustias infantiles hay que añadir la deficiente educación de maestros que en general, están poco capacitados para tranquilizarlos.

Y lo peor es que la situación seguirá igual, mientras no haya cambios en las alturas sindicales.

Hasta la misma ONU ha advertido que hay corrupción en las aulas; y que se va mucho dinero en pagar sobornos para obtener una plaza magisterial.

Y los organismos del sector Salud andan por el estilo; de otra manera no se entiende la información del Censida respecto a que más del 59 por ciento de portadores mexicanos de VIH, no saben que lo son.

Vivimos una guerra en la que, como dijo Rafael Rangel Sostmann rector durante 25 años del Tecnológico de Monterrey, “no hay seguridad de que habrá un triunfador“.

Cuando la violencia llegó al interior mismo de ese plantel, matando a dos estudiantes que el gobierno tachó de “sicarios”, la comunidad estudiantil encabezada por el rector, se movilizó para comprobar que no lo eran, con el desprestigio consiguiente para la administración de Calderón.

Y a propósito, ¿de donde saca el Presidente las cifras sobre muertos y la seguridad de que “se están matando entre ellos”?.

Lo pregunto porque un editorial del periódico El Universal, revela que el gobierno no puede tener esa certeza, debido a que ha investigado menos de cinco por ciento de los asesinatos acumulados este sexenio.

Si para más de 22 mil ejecuciones se han integrado sólo mil 200 averiguaciones, las cifras lanzadas por el presidente Calderón carecen de referencia documental alguna.

No puede él saber cuántos ejecutados eran realmente narcos; “y cuántos civiles inocentes, lanzados al olvido con la recurrente frase: fue un ajuste de cuenta”.

La verdad es que el gobierno ya no da una y casi todo le sale mal.

Otro ejemplo reciente, es su anuncio sobre la eliminación de la tenencia vehicular que nadie entendió como va funcionar.

Vaya, hasta los distribuidores de autos han expresado que están confundidos y molestos por no saber exactamente lo que se hará.

Y si en esos temas hay incertidumbre y confusión, lo sucedido en Tamaulipas donde hay un número indeterminado de secuestrados nadie sabe por quien, ni desde cuando, ni si son los mismos que mantienen secuestrado un pozo petrolero cuyos productos se venden en Estados Unidos, sin ser cobrados por Pemex, supera ya todo lo imaginable.

Según algunas fuentes son seis los secuestrados desde hace semanas; según otras, son más de 35.

Pero las autoridades callan. Y los mexicanos ya no entendemos nada que no sea fútbol.

Y es que son tantas y tantas las cosas que pasan; tantos y tantos los crímenes; tantos y tantos los pleitos y zancadillas entre los políticos; tantas y tantas las trampas de los partidos; tantas y tan grandes las impunidades, que vemos lo que acontece casi con naturalidad; y sin exigir respuestas y menos cambios, a los responsables.

Que todavía tienen el tupé de enojarse cuando desde el extranjero se les cataloga, como acaba de suceder por segunda vez, como “Estado fallido

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