Dicasterio para la nueva evangelización

CIUDAD DEL VATICANO (VIS).-Benedicto XVI presidió la celebración de las Primeras Vísperas de la solemnidad de san Pedro y san Pablo, en la Basílica de San Pablo Extramuros.

Asistió a la ceremonia la delegación del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla, enviada por Su Santidad Bartolomé I y compuesta por Su Eminencia Gennadios (Limouris), metropolita de Sassima; S.E. Bartholomaios (Ioannis Kessidis), obispo de Arianzós, asistente del metropolita de Alemania y el diácono Theodoros Meimaris, de la sede patriarcal de Fanar.

Comenzó recordando que el Siervo de Dios Giovanni Battista Montini, cuando fue elegido Sucesor de Pedro, “eligió el nombre del Apóstol de los gentiles”, y “en 1974 convocó el Sínodo de los Obispos sobre el tema de la evangelización del mundo contemporáneo, y casi un año después publicó la Exhortación apostólica “Evangelii nuntiandi”.

Hablando a continuación del Venerable Juan Pablo II, el pontífice puso de relieve que “representó “en vivo” la naturaleza misionera de la Iglesia, con los viajes apostólicos y con la insistencia de su Magisterio sobre la urgencia de una “nueva evangelización”. (…) A todos es evidente que mi predecesor dio un impulso extraordinario a la misión de la Iglesia, no solo -repito- por las distancias que recorrió, sino sobre todo por el genuino espíritu misionero que le animaba y que nos dejó en herencia en el alba del tercer milenio”.

“Recogiendo esta herencia -dijo el Papa-, pude afirmar, al inicio de mi ministerio petrino, que la Iglesia es joven, abierta al futuro. Y lo repito hoy, cerca del sepulcro de san Pablo: la Iglesia es en el mundo una inmensa fuerza renovadora, no ciertamente por sus fuerzas, sino por la fuerza del Evangelio”.

Tras hacer hincapié en que “los desafíos de la época actual están ciertamente por encima de las capacidades humanas” y que “no hay sólo hambre de alimento material; existe un hambre más profundo, que sólo Dios puede saciar”, el Papa señaló que “también el hombre del tercer milenio desea una vida auténtica y plena, tiene necesidad de verdad, de libertad profunda, de amor gratuito. También en los desiertos del mundo secularizado, el alma del hombre tiene sed de Dios, del Dios vivo”.

Benedicto XVI señaló que “existen regiones del mundo que aún esperan una primera evangelización; otras, que la recibieron, pero necesitan un trabajo más profundo; otras aún en las que el Evangelio echó raíces durante muchos tiempo, dando lugar a una verdadera tradición cristiana, pero en las que en los últimos siglos -con dinámicas complejas- el proceso de secularización ha producido una grave crisis del sentido de la fe cristiana y de la pertenencia a la Iglesia”.

“En esta perspectiva -añadió-, he decidido crear un nuevo Organismo, en la forma de “Consejo Pontificio”, con la tarea principal de promover una renovada evangelización en los países donde ya resonó el primer anuncio de la fe y están presentes Iglesias de antigua fundación, pero que están viviendo una progresiva secularización de la sociedad y una especie de “eclipse del sentido de Dios”, que constituyen un desafío para encontrar los medios adecuados para volver a proponer la perenne verdad del Evangelio de Cristo”.

El Santo Padre terminó afirmando que “el reto de la nueva evangelización interpela a la Iglesia universal, y nos pide también proseguir con empeño en la búsqueda de la unidad plena entre los cristianos. Un signo elocuente de esperanza en este sentido es la costumbre de las visitas recíprocas entre la Iglesia de Roma y la de Constantinopla con ocasión de las fiestas de sus respectivos santos patronos. Por eso, acogemos hoy con renovada alegría y reconocimiento a la delegación enviada por el Patriarca Bartolomé I”.

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