El odio racial en tiempos de crisis

El gobierno del presidente Barack Obama se vio forzado a principios de mes a intervenir en asuntos estatales para frenar la ley SB1070 que criminaliza a los inmigrantes indocumentados y a quienes los albergan y transportan.

La demanda del Departamento de Justicia reclama la autoridad federal en la aplicación de la ley de inmigración, contrario a lo que pretende Arizona de convertir a polémicos sheriffs como Joe Arpaio en agentes de inmigración.

El descontento de Arizona es comprensible tanto para los defensores de la ley como para sus detractores, debido a la negligencia del gobierno federal de reformar las obsoletas leyes de inmigración.

En tiempos de desempleo y embargos hipotecarios, sumados a las cuantiosas pérdidas de fondos de retiro del 401K por la caída de Wall Street, muchos estadounidenses han optado por atacar a un objetivo vulnerable, que es el indocumentado.

El presidente Obama, el primer afroamericano en ocupar tan importante posición, ha evitado elevar el tono del discurso racial, incluso en su reciente demanda contra la SB1070.

Sin embargo, el procurador general Eric Holder no descartó que la demanda agregue el elemento de la discriminación racial por el temor de que la ley, que entrará en vigor a fin de mes, se aplique a personas por el color de su piel.

Cualquier político común y corriente no tendría la audacia de desafiar la ley de Arizona en estos tiempos de racismo y, mucho menos, hablar en época electoral de la legalización de millones de indocumentados, muchos de ellos latinos.

Los políticos temen pagar un precio político en los comicios intermedios de noviembre, en los que estará en juego el control del Congreso y numerosos cargos de gobernador y posiciones en los gobiernos locales y estatales.

Los conatos de racismo no quedan en Arizona. Miembros del movimiento conservador del Tea Party han utilizado símbolos racistas en los debates sobre las recién aprobadas reformas de salud y financiera.

La Asociación Nacional para el Avance de Personas de Color (NAACP), que defiende los derechos de los afroamericanos, aprobó recientemente una resolución que condena “elementos racistas” del Tea Party.

Citó como ejemplo que en pleno debate en marzo por la reforma de salud, el congresista John Lewis, reconocido defensor de los derechos civiles, fue objeto de insultos racistas, incluyendo la degradante palabra “nigger”, por parte del Tea Party.

Partidarios del Tea Party no ha tardado en responder al ofrecer 100 mil dólares a cualquiera que tenga un audio con la denominada “palabra N” contra Lewis.

La ex gobernadora republicana de Alaska y ex candidata la vicepresidencia, Sarah Palin, defendió al Tea Party al indicar que se trata de un “movimiento hermoso, lleno de gente diversa y de diversas trayectorias”.

En declaraciones al programa que conduce Sean Hannity en Fox News, Palin dijo que es muy desafortunado que la NAACP utilice ese tipo de “tácticas” y “acusaciones falsas” porque “cualquier buen estadounidense odia el racismo”.

Las acusaciones y contraacusaciones continuarán el todavía caluroso mes de agosto, cuando las noticias escasean por el receso del Congreso y las vacaciones de Obama.

Los periodistas, presionados por sus editores, convierten en “controversia” cualquier noticia que en otros meses hubiera pasado desapercibida.

Ingeniosamente, el Tea Party ya logró que la prensa cubriera la “noticia” sobre un letrero en uno de sus locales en Iowa que pone a Obama junto con líderes “radicales” y “socialistas” como Adolf Hitler y Vladimir Lenin.

Por su parte, el Partido Republicano, presionado por el Tea Party, también persiste en obstruir la agenda de Obama, en lo que algunos interpretan como un intento de que fracase su administración, como ya lo dijo antes el locutor Rush Limbaugh.

Entre tanto, los grupos pro-inmigrantes ya están aplicando algunas de las tácticas del Tea Party, quitando por supuesto el odio racial, para “despedir” a políticos en los próximos comicios y movilizar a los votantes.

Al fin y al cabo, igualmente lucharon pacíficamente en el pasado las mujeres, los inmigrantes irlandeses, los afroamericanos y ahora les toca a los latinos reclamar su parte del llamado “sueño americano”.

MLUSAMLUSA

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