Visitas peligrosas

Si lo que uno busca en la tertulia son estímulos fuertes para la desestabilización –dictadura disfrazada, democracia robada y golpe de estado, por ejemplo– El Salvador puede ser un destino ideal este verano.

El 22 de junio de 2010, Roberto Micheletti fue a El Salvador a hablar de política con los principales actores del poder económico del país, es decir, con la ala política más conservadora del territorio nacional, ahora metida en una camisa de fuerza en el rincón de la oposición.

Sobre el derrocado Manuel Zelaya, “Libramos a Honduras prácticamente de una dictadura, Chávez era quien lo patrocinaba” resumió Micheletti, en total consonancia con las preguntas del entrevistador, algo que un periodista nunca debe hacer, si quiere mantener en alto su profesión.

Sobre el nuevo gobierno de Porfirio Lobo en Honduras, Micheletti dijo “No debe de haber nadie que obstaculice un gobierno electo democráticamente.”

El honorable personaje –de 66 años de edad y 95 kilos de peso, en cuyas espaldas cae una leve sospecha de golpista y descarrilador de gobiernos democráticos en la región– ahora dice que nadie debe obstaculizar un gobierno electo democráticamente.

Micheletti había sido invitado por una organización de carácter social llamada “Cruzada pro Paz y Trabajo”. Pero eso es sólo una pantalla.

La ANEP –Asociación de la Empresa Privada Salvadoreña– fue realmente quien orquestó la visita del Sr. Micheletti a El Salvador. Y dentro de la ANEP, fue específicamente el partido ARENA.

El Primer Ciudadano de la Capital, don Norman Quijano, fue el encargado de dar el toque de distinción al Sr. Micheletti como Visitante Noble y Honroso, honor entregado el 23 de junio de 2010 en la ciudad de San Salvador.

“Debieran revisar las acciones políticas de sus miembros, que con actitudes como la de promover la visita al país de un golpista, buscan desestabilizar el país” respondió enérgicamente el chef del estado salvadoreño, don Mauricio Funes Cartagena desde el otro costado de la ciudad.

El Sr. Funes airó la queja públicamente en un escenario simbólico: en la reunión del SICA celebrada la semana pasada en San Salvador, delante de todos los presidentes centroamericanos, a excepción del presidente de Nicaragua, el mítico Daniel Ortega, quien, al principio, quiso mandar una camaradilla de muchachos a la reunión. Finalmente entró en razón y no mandó a nadie a la cita.

Así es nuestro vecino nicaragüense, no le gusta andarse con medias tintas, y eso incluye también el apartado de caprichos y tonterías.

El Sr. Ortega sabía que en la reunión se iba tratar la vuelta de Honduras a la hermandad centroamericana y en lugar de venir, hacer sentir y constar su descuerdo en persona sobre el papel, como manda el protocolo democrático, Ortega decidió decir lo que tenía que decir desde la trinchera, como en los viejos tiempos de Sandino.

“Ridícula y absurda es la aprobación del resto de gobernantes de Centroamérica respecto del reintegro de Honduras al SICA”, resonó, como una ola en las piedras, el eco del presidente Ortega al otro lado del Golfo de Fonseca.

“Decidimos respaldar formal y plenamente la normalización de la participación de Honduras en el SICA”, reza el documento final consensuado por el presidente salvadoreño Mauricio Funes, los mandatarios Laura Chinchilla de Costa Rica, Álvaro Colom de Guatemala y Ricardo Martinelli de Panamá, y los señores Rafael Alburquerque, Vicepresidente de la República Dominicana, y Gaspar Vega, Viceprimer Ministro de Recursos Naturales de Belice (Foto Xiomara Castro).

Esta semana le toca el turno a la ex Primera Dama de Honduras, doña Xiomara Castro de Zelaya, esposa de don Manuel Zelaya, el presidente hondureño al que le dieron un golpe de estado en calzoncillos.

“La heroína por la democracia hondureña”, como la han bautizado algunos, ha sido invitada por organizaciones sociales lideradas por la Red de Solidaridad con el Pueblo de Honduras.

Pero eso, amigos, es sólo una pantalla. Aquí también está la mano invisible de otro partido político: El FMLN.

El Frente ha orquestado la visita de la ex primera dama hondureña a El Salvador y lo hace por varias razones, entre otras, para mandar un mensaje claro y nítido a la cúpula política conservadora del país: “Si ustedes pueden, nosotros también”.

Nada grave respecto a los visitantes y sus causas, sólo que la insensatez por parte de unos y otros sigue siendo un acto gratuito, atrevido y, por supuesto, peligroso.

José Manuel Ortiz Benítez es editor de Salvadoreños en el Mundo

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