Instintos primarios

Aun con sus estómagos totalmente saciados, a las fieras salvajes no les gusta que nadie se entrometa en su territorio de control. Inmediatamente, se les eriza el pelo de la nuca, rugen enseñando sus dientes y no dudan un segundo en arrojarse contra cualquier merodeador que se preste a desafiarlas en su zona de poder. Es un reflejo innato, un comportamiento primario de intimidación que tienen las fieras para dominar su espacio vital y garantizar así su futuro.

En la selva –a falta de racionalidad y de leyes escritas– siempre ganan las fieras, porque son instintivas, porque son depredadores naturales.

Para entender el bombazo de la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) de El Salvador, que la semana pasada aprobó las “listas abiertas y candidaturas independientes”, hay que irse a lo básico, a los sentimientos más primarios que todavía rigen el comportamiento de algunos partidos políticos representados en nuestra Asamblea Legislativa, un lugar que se dice es del pueblo, pero que, en la realidad, se utiliza como coto de caza privado por algunas cúpulas partidistas.

Duele decirlo, pero la realidad hay de decirla tal como es.

La tarde del miércoles 28 de julio de 2010, antes de que la sentencia fuera comunicada a las partes, alguien, desde el interior de la CSJ, telefoneó a los dirigentes políticos en la Asamblea Legislativa para avisarles del fallo que aprobaba las “candidaturas independientes” firmado por 4 de los 5 magistrados de la Sala de lo Constitucional.

Esa tarde, sus señorías en la Asamblea Legislativa estaban sesionando como de costumbre: una sesión plenaria normal, con discusiones contrapuestas y con la habitual presencia de algunos medios de comunicación.

“La decisión es firme e irrevocable” fue el contenido del telefonazo que retumbó, como una bomba, en los tímpanos de los dirigentes al mando de las bancadas políticas al interior y exterior de la Asamblea Legislativa.

“Se levanta la sesión hasta nuevo aviso” sonó inmediatamente por las paredes de la sede legislativa. Rápidamente se cerraron las puertas a los ciudadanos y a los medios de comunicación.

A las 9 de la noche, el edificio de la Asamblea Legislativa era un auténtico avispero. Todo el mundo sabía que la Corte Suprema de Justicia había aprobado las candidaturas independientes, una medida judicial que ofrece la posibilidad para que cualquier ciudadano salvadoreño pueda lanzarse a alcalde o diputado sin tener que pasar por el proceso del dedazo de los partidos políticos, y poder competir libremente por el puesto de diputado contra cualquiera de los ahí presentes en el pleno legislativo. Pero, lo más interesante del asunto es lo de las listas abiertas, es decir, poder votar por personas de carne y hueso y no por una bandera de colores verde, azul, rojo o chiltoto.

El rumor no se hizo esperar. Antes de la medianoche del mismo miércoles, el vicepresidente de la Asamblea Legislativa, el honorable Sigfrido Reyes, acribilló la sesión plenaria y anunció una moción de urgencia que se votaría por la vía de la dispensa de trámite.

Para entendernos en buen cristiano, lo que don Sigfrido Reyes anunció por el micrófono, previamente consensuado con el resto de partidos políticos, fue “siéntense en sus sillas, no hagan preguntas y voten la moción, tal como fue acordada. Punto”.

Con la dispensa de trámite, improvisada la medianoche del miércoles 28 de julio, se ha cambiado el texto de los artículos 126 y 202 de nuestra Constitución que obliga a todo cristo a estar afiliado a un partido político para ser postulado a cualquier cargo público –desde el alguacil hasta el presidente–, es decir, el miércoles por la noche, se hizo un cambio en nuestro régimen constitucional que tiene que ver con el manejo de la cosa púlica en todos los niveles, y se hizo así como si nada, como quien se cambia de calcetines, sin preguntas, sin respuestas, sin réplicas, sin debate, sin testigos, sin la fiscalización de los medios, …sin ningún ingrediente obligado por el manual de la Democracia.

La madrugada del jueves 29 de julio, las instituciones políticas –cuyo nivel de aceptación ciudadana raspa fuertemente por encima del suelo, un 8% de aprobación a nivel nacional– intentaron degollar, a puertas cerradas, el principio de equilibrio en los poderes públicos, un pilar primordial para un estado de derecho, y, la vez, se auto-adjudicaron el monopolio de los nombramientos a cargos públicos y dejaron en sus manos virtualmente todo el desarrollo de nuestra joven Democracia.

Demasiada responsabilidad para unos cuantos señores que hasta ahora han demostrado más talante, más fuerza y más compromiso con sus postulados ideológicos que con los postulados democráticos que fortalecen el estado de derecho que tanto necesitamos.

Una vez más las instituciones políticas nos han demostrado talento, habilidad, rapidez y eficacia sólo en aquellas cosas que afectan a sus intereses particulares.

Hay que decir que las fieras, como las dirigencias políticas en El Salvador, no definen ni aceptan las consecuencias de su comportamiento primario, simplemente actúan de acuerdo a un patrón: el control absoluto de su espacio vital, a cualquier precio, para asegurarse su propia continuidad.

Dicen, los respetables barones de los principales partidos políticos, que su comportamiento la medianoche del miércoles 28 de julio, no obedece a instintos primarios, ni mucho menos, sino a la nobleza y al valor para proteger a nuestra Democracia de mafiosos, de narcotraficantes, de corruptos y de otros intrusos que podrían venir a corroer y a ensuciar la ilustre forma de hacer política en El Salvador, como si los ciudadanos salvadoreños no supiéramos, a estas alturas del juego, que la política salvadoreña no es precisamente la obra de caridad de la Madre Teresa de Calcuta.

Hay una infinidad de problemas nacionales que mata literalmente a miles de salvadoreños, desde la inseguridad, la salud pública, la desnutrición, la emigración, el medioambiente, etc. en los que las cúpulas partidistas podrían hacer el mismo esfuerzo de entendimiento y consenso como el que hicieron la madrugada del jueves 29 de julio de 2010, el día en que los partidos políticos hicieron a un lado sus remarcadas diferencias para legislar como una piña en contra del equilibrio de poderes, en contra de sus sus propios ciudadanos.

José Manuel Ortiz Benítez es editor de Salvadoreños en el Mundo.

You must be logged in to post a comment Login