Necesitamos ciudadanos en las urnas

Luisa Fernanda Montero

Mientras el espíritu de Arizona avanza, alimentando la confusión de los que no saben y en localidades y estados – como Virginia – surgen voces que pretenden acabar de una vez con el problema de la inmigración ilegal y hacerle la vida de cuadritos a los más de 12 millones de inmigrantes indocumentados que viven en este país ¿qué se supone que hagamos?

Lo que muchos pretenden es que nos vayamos, y eso no sólo toca a los inmigrantes indocumentados, no, eso toca a todos los que tengamos acento, a los que seamos o parezcamos mexicanos, porque al fin y al cabo, en el reino de la ignorancia, el sur es una misma amalgama de seres que hablan español – vengan de donde vengan – y el problema, ciertamente, es con todos.

La cuestión es racista, no hay duda. La cuestión está ligada al miedo milenario que ha tenido la raza humana a lo distinto, a lo diferente, a todo lo que implica la construcción de un entendimiento del otro, un otro distinto a mi.

Un otro distinto en su apariencia, un otro distinto en su hablar, virgen santísima, un otro distinto en su creer, en su fe, en su pensar, en su vivir.

La cuestión es racista, la cuestión es de miedo, la cuestión es también de ignorancia y también es de ocasión.

Ya pasaron por aquí en sus luchas italianos, irlandeses, chinos y demás; ya pagaron su precio y de muchas formas lo siguen pagando; el turno es de la miríada de hispanos que hoy habitamos este país de valles y montañas y que no, no nos vamos a ir.

Así que la cuestión es también de resignación, digamos, que hay muchos que tendrán que resignarse a que el color de su mundo cambio, porque cambio. Falta poco para que el Censo 2010 lo certifique, pero hoy se lo digo yo, que sólo tengo que ver el mundo detrás de mi ventana para saber que está pintado con los colores que usamos los hispanos…para pintar la vida.

Y entonces, es cuestión de determinación, de coraje y de optimismo. Es cuestión de unirnos como comunidad y avanzar ayudándonos unos a otros.

Es cuestión de darle la mano al que sigue y ayudarlo en su camino, es cuestión de compartir lo que se sabe para que el otro, que es nuestro hermano, también lo sepa, es cuestión de que quien tenga la posibilidad se haga residente, y de que todo el que no lo ha hecho se haga ciudadano.

Necesitamos ciudadanos en las urnas, votando por quienes defienden la justicia y pretenden un país que no separe familias, ni exija cuotas de años y sufrimiento para reunificarlas.

Necesitamos ciudadanos en las urnas, defendiendo los derechos de los inmigrantes, de los trabajadores, de los niños.

Necesitamos ciudadanos en las urnas, haciendo valer su latinidad, y construyendo un país, en el que de verdad, quepamos todos. Si es posible. No es cuestión de miedo, es cuestión de determinación, de coraje y de optimismo.

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