Más Allá de ‘La Promesa de Obama’

Por Andrea Nill

Durante los últimos meses, casi cada vez que el presentador de Al Punto de Univisión Jorge Ramos sale al aire, le recuerda a sus televidentes de “la promesa de Obama”.

A lo que Ramos se refiere es a la promesa que el candidato Barack Obama le hizo a los votantes latinos en el 2008 de que la nación tendría un proyecto de ley de reforma inmigratoria integral que él respaldaría dentro de su primer año en el cargo. La verdad es que hasta ahora Obama ha prometido demasiado y ha cumplido muy poco.

En lugar de arreglar el descompuesto sistema inmigratorio y lograr la legalización de los 11,5 millones de inmigrantes indocumentados, la administración Obama ha sido responsable de llevar a cabo un número récord de deportaciones, más alianzas con el programa 287(g) y mas represión en la frontera.

La comunidad latina está furiosa con toda razón y derecho por que se siguen separando a las familias a la fuerza y se siente comprensiblemente frustrada por el hecho de que Obama no haya cumplido la promesa que una vez hizo de traer cambios y alivio a la comunidad. No obstante, Ramos ha convertido “la promesa de Obama” en un llamado que distrae la atención de quiénes son los verdaderos villanos en el debate migratorio.

Aunque “la promesa de Obama” evidencia muchos de los errores que ha cometido el Presidente en inmigración — la falta inicial de liderazgo presidencial durante el primer año de su presidencia unido a las medidas represivas—esta no refleja las limitaciones políticas que la administración Obama ha enfrentado. En un artículo en enero de 2010 titulado, “La promesa de Obama,” Ramos menciona a los republicanos una vez. El rotativo Politico informa que, en general, los medios de comunicación en español “dicen que ellos nunca esperaron mucho del Partido Republicano”. Quizás deberían esperar más.

Quizás la confusión origina de la falta de comprensión fundamental de las responsabilidades del Presidente. Cuando la publicación Político le preguntó a Ramos qué haría él si fuera Presidente, Ramos respondió “una reforma inmigratoria que incluya un camino a la ciudadanía para los 11 millones de personas” por la vía de una decisión ejecutiva. Con todo, aunque el Presidente puede asumir un papel de liderazgo fuerte en la elaboración e impulso de legislación, es en última instancia al Congreso al que le corresponde introducir y promulgar cualquier proyecto de ley, e, independientemente de lo que “se espere” de ellos, para ello se requiere la cooperación republicana. Obama podría seguir la vía del recurso administrativo para legalizar a los 11,5 de inmigrantes indocumentados por su cuenta, pero, además de ser un desastre político, eso es una solución provisional que podría revocarse fácilmente y que en realidad no es lo que prometió Obama.

Obama siempre aclaró que la reforma inmigratoria estaba en fila junto la reforma del sistema de salud, la legislación sobre energía y los cambios regulatorios financieros. Mientras tanto, los republicanos han seguido la estrategia de dilatar prácticamente toda legislación que los demócratas han presentado. Y mientras más presiona la Casa Blanca en favor de su agenda legislativa, con mayor unidad obstaculiza la derecha. Para rematar, tras la aprobación de la reforma del sistema de salud, el Senador Lindsey Graham (R – SC) — el único republicano que se tenía previsto para copatrocinar el proyecto de ley de inmigración — se retiró señalando que el “pozo ha sido envenenado”. Desde entonces, los republicanos en el Congreso han centrado su atención en temas como la seguridad fronteriza y la revocación de la Enmienda 14 para denegar la ciudadanía a los hijos de inmigrantes indocumentados nacidos en los Estados Unidos. Mientras tanto, el país no logró la reforma regulatoria financiera hasta julio y aún sigue esperando la legislación sobre el cambio climático, además de la reforma inmigratoria.

En resumen, Obama pudo haber cumplido su promesa y haber ayudado a los demócratas a redactar y presentar la reforma inmigratoria en el Congreso, pero esto no habría llegado muy lejos. Dada la falta de apoyo republicano, algo así en esencia se habría reducido a un pedestre simbolismo político que no habría avanzado el debate a las soluciones que los latinos exigen y necesitan.

Durante esta decisiva temporada preelectoral, “la promesa de Obama” se ha convertido en una consigna política que tiene consecuencias preocupantes para el voto latino. No hace falta un experto para saber que los republicanos no van a captar muchos nuevos votantes latinos este noviembre. No obstante, esos expertos también dicen que al “Presidente Barack Obama le va a costar mucho trabajo sacar el voto hispano que tanto necesita en noviembre para mantener el control de su partido sobre el Congreso”. Si bien es indudablemente importante mantener la presión sobre los demócratas, es posible que los medios de comunicación en español quieran dedicar por lo menos la misma energía a recordarle a su audiencia lo que significa un Congreso controlado por los republicanos para “la promesa de Obama”. Y, por cierto, también a los demócratas. En el 2010 resulta difícil para los Latinos encontrar a un defensor político en cualquiera de los dos partidos. Si no votan, será aún más difícil encontrarlo en el 2011. Es hora de que “el Walter Cronkite de los medios de comunicación en español” mire hacia el futuro tanto como le recuerda el pasado a Obama.


* Andrea Nill es Investigadora en Inmigración y Bloguera para el blog Thinkprogress.org.

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