De la red y sus peligros

Luisa Fernanda Montero

En un proceso que no alcanza a ser tan veloz como se quisiera, el mundo está legislando cada vez más, los asuntos relacionados con las redes sociales de Internet.

Pero, mientras las leyes de los hombres se adaptan a los avances tecnológicos que determinan como nos comunicamos y con quien, nosotros debemos tomar medidas de precaución.

Muchos de nosotros crecimos – y maduramos – en un mundo en el que lo más avanzado, en términos de comunicaciones inmediatas era el teléfono, y las cartas se tomaban su tiempo en llegar a su destino; por eso a veces nos resistimos a creer que lo que pasó en la fiesta de anoche pueda estar publicado en la red mucho antes de que nos tomemos nuestro cafecito mañanero.

Las redes sociales, son una forma de relacionarnos con el mundo exterior, con el mundo en el que vivimos, y queramos o no, tenemos que aprender a vivir con ellas; máxime, si tenemos hijos, porque si nosotros logramos escapar a sus encantos, ellos no.

Por eso, no solo debemos saber de que van sitios como Facebook, My Space o Twitter si no que debemos establecer normas claras para su uso en nuestra casa.

Para empezar, habría que desempolvar las reglas básicas de urbanidad y enseñarles a nuestros hijos que su comportamiento en la red es tan importante como el que tienen fuera de ella.

Las malas expresiones – para no hablar de los horrores de ortografía – van dejando huella en los perfiles cibernéticos que con el tiempo van contando una historia clara de quienes somos, como hablamos, lo que pensamos y lo que hacemos.

Perfiles cibernéticos que seguramente jugaran un papel importante a la hora de obtener un empleo o ingresar a una institución educativa.
Así las cosas, no sobra recordar que nuestros hijos deben conocer, no sólo las virtudes de la red, sino también, los riesgos a los que esta los enfrenta.

No falta quien ha pagado con su vida – o su dinero – la osadía de publicar toda su información en lugares como Facebook.

Hay que cuidar lo que se pública en la red y no olvidar que nuestros hijos pueden ser víctimas de personas desconocidas que los contacten con malas intenciones. ¿Sabemos quienes son los amigos de nuestros hijos en la red?
Debemos restringir la publicación en Internet de datos sensibles como la dirección de la casa, el teléfono o el nombre del colegio.

El computador en el que ‘navegan’ sus hijos debe estar en un área abierta de la casa, en la que se puedan supervisar permanentemente sus actividades, si son adolescentes, porque si son más pequeños deben estar siempre acompañados por sus padres o adultos responsables.

La comunicación entre padres e hijos es vital. En la medida en que usted inspira la confianza de sus hijos puede convertirse en un guía efectivo; pero no olvide revisar con frecuencia el historial de las páginas que visitan sus hijos y recuerde que existen programas especiales en el mercado para controlar el uso de material inadecuado.

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