Festejos fallidos

Por Teresa Gurza.

Llegó el plazo y fallaron las obras con las que un gobierno al que no le gusta que lo califiquen de fallido, iba a festejar el Bicentenario de la Independencia y los cien años de la Revolución.

Tampoco se entregó a todos, lo que según el secretario Lujambio iba a quedarnos en recuerdo de estas fechas: una bandera mexicana y el Viaje por la Historia de México de Luis González y González, que a mi casa llegó oportunamente, pero sin la bandera prometida.

Y a infinidad de personas de Yautepec, Cuautla, Oaxtepec y Atlatlahucan, no les ha llegado nada.

“Será que no a todos van a dar; aquí anduvieron repartiendo pero en casas terciadas…banderas no dejaron…” me dijeron.

Fue visionario Carlos Fuentes al relatar en su libro Cristóbal Nonato, que para distraer a la multitud del desastre nacional el presidente panista Jesús María y José, CHUCHEMA, dio el 15 de septiembre de 1992 el grito de celebración de los 500 años del descubrimiento de América junto a una bellísima mujer capaz “de llenar el cántaro vacío de la legitimación nacional.”

Fue nombrada MAMADOC, “madre, señora y doctora de los mexicanos…Con motociclistas la llevaron a Palacio Nacional; la subieron por elevador; ella sabía que tenía que llorar, agradecer, saludar…y ellos, la muchedumbre nocturna de un millón de chilangos, asociaría su fiesta nacional, su 15 de septiembre, no ya con un presidente o un libertador, todos ellos devaluados, sino con ella..”

Fuentes la describe “alta, delgada y con una preciosa piel canela… mezcla perfecta de Mae West, la Coatlicue y la Virgen de Guadalupe, un símbolo.”

Ella es símbolo y aliciente para todas las mexicanas, dijo este lunes el presidente Calderón de Jimena Navarrete, Miss Universo 2010 y su invitada personal para dar junto con él, el Grito del Bicentenario.

Así son las banalidades en el México actual; cuyos dirigentes desperdiciaron la oportunidad de liderar una reflexión nacional sobre cómo éramos y cómo somos; que valores teníamos y cuales perduran; y para donde queremos ir como país.

Sin obras conmemorativas del Bicentenario, cobra mayor importancia la emblemática del Centenario; El Angel inaugurado por Porfirio Díaz, el 16 de septiembre de 1910.

Fue el arquitecto Antonio Rivas Mercado, el autor del proyecto. El realizador el ingeniero Roberto Gayol; y el italiano Enrique Alciati, el autor de los grupos escultóricos.

Junto a la primera piedra que Díaz colocó el 2 de enero de 1902, se enterró un cofre dorado con el acta, y monedas de cuño corriente.

Pocos años después, cuando se tenían colocados más de 2 mil 400 piedras de cantera, la cimentación no soportó el peso y la columna perdió verticalidad y tuvo que ser demolida para hacer una más firme.

Al principio eran siete los escalones a la base del monumento, pero debido al hundimiento se han agregado 14.

En la base hay cuatro figuras fundidas en Florencia, que representan la Ley, la Justicia, la Guerra y la Paz; una placa de mármol blanco, con la inscripción: “La Nación a los Héroes de la Independencia” y un león de bronce conducido por un niño.
 
Y también las esculturas en mármol de Carrara de Miguel Hidalgo y Costilla, José María Morelos, Vicente Guerrero, Francisco Javier Mina y Nicolás Bravo.

Dos figuras femeninas a la derecha y la izquierda de Hidalgo, representan a la Historia y la Patria; ésta le ofrece un laurel.
 
La columna es de acero, recubierto con cantera de Chiluca decorada con palmas, guirnaldas y dos anillos que llevan los nombres de otros ocho héroes; y tiene la altura de un edificio de 15 pisos.
 
Una escalinata de piedra en forma de caracol de 159 peldaños, conducía al mirador ubicado debajo del Ángel; pero en 1957, fue substituida por una escalera metálica de 200 escalones.

Nuestro Ángel de la Independencia, es copia de la Victoria de Samotracia que está en el Museo del Louvre, de París.

Está hecho en bronce con recubrimiento de oro; mide casi siete metros de altura y pesa siete toneladas; en una mano sostiene la corona de laurel de la victoria; y en la otra una cadena con eslabones rotos, que simboliza el fin de la esclavitud de tres siglos bajo dominio español.

No fue donado por ningún gobierno extranjero; se construyó con recursos nacionales; y desde abril de 1929, por decreto del presidente Portes Gil, una Lámpara Votiva se mantiene encendida de manera permanente en honor eterno a nuestros héroes de Independencia.

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