Obama apoya el Dream Act y la reforma migratoria

En la 33era Cena Anual de Gala de Premiación del Congressional Hispanic Caucus Institute
Washington, D.C. – 15 de septiembre, 2010


Gracias al senador Menéndez y a la presidenta del Grupo Hispano del Congreso (Congressional Hispanic Caucus), la congresista Velázquez, por las generosas presentaciones. Gracias al Instituto de Liderazgo del Grupo Hispano en el Congreso (Congressional Hispanic Leadership Institute) por invitarnos esta noche. Michelle y yo estamos encantados de estar aquí con tantos amigos para el inicio del Mes de la Hispanidad.

Quiero mencionar a unas cuantas personas. En primer lugar, nuestra extraordinaria presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi. Dos de nuestros excelentes secretarios del gabinete están aquí esta noche: el secretario del Interior, Ken Salazar, y nuestra secretaria de Trabajo, Hilda Solís. Gracias a nuestra maestra de ceremonias, Soledad O’Brien. Felicitaciones a Eva Longoria Parker, Arturo Sandoval y Lin-Manuel Miranda por sus muy merecidos premios esta noche. Y gracias a todos los miembros del Congreso, funcionarios electos locales, ex alumnos del CHCI y todos los que trabajan día y noche por el progreso de la comunidad hispana y Estados Unidos en general.

Quiero además mencionar y darles las gracias a todos los líderes latinos que trabajan en mi gobierno. Es un orgullo para mí que el número de latinos que he nombrado a cargos que requieren confirmación del Senado en este momento supera con mucho al de cualquier Presidente en la historia, y estoy igualmente orgulloso que una gran cantidad son latinas. Es más, como he dicho anteriormente, uno de los momentos que más me ha enorgullecido en mi presidencia fue el día que la jueza Sonia Sotomayor tomó el juramento, ascendió al más alto tribunal de nuestra nación y dio alas a nuevos sueños entre innumerables niñas en todo Estados Unidos.

La primera vez que me uní a ustedes aquí fue hace dos años como candidato a este cargo. Hablamos sobre el hecho de que después de años de política fallida en Washington, después de décadas de postergar nuestros más difíciles problemas, habíamos llegado a un punto crítico, un punto en el que la promesa central de Estados Unidos estaba en peligro.

Hablamos sobre las maneras en que estos desafíos han tenido un impacto en la comunidad latina, pero también sobre el hecho de que van más allá de una sola comunidad. De que si una niña está estancada en una escuela con demasiados alumnos y un rendimiento inferior, no importa si es negra o blanca o latina; es una niña nuestra. Que si millones de latinos terminan en la sala de urgencias porque no tienen seguro médico, no es un problema solamente de una comunidad sino de nuestro país. De que cuando millones de inmigrantes trabajan en las sombras de nuestra sociedad, no es solamente un problema latino; es un problema estadounidense. Y debemos resolverlo.

Como el Dr. King le dijo a César Chávez hace tantos años: nuestras luchas separadas en realidad son una.

Ese hecho se hizo penosamente claro cuando, menos de una semana después de que nos reuniéramos, se produjo el colapso de una de las más grandes firmas de Wall Street y la caída de nuestra economía. Millones de familias en todo Estados Unidos fueron víctimas de la más profunda recesión de nuestros tiempos. Y una comunidad latina que había sido muy afectada antes de la recesión fue afectada incluso más.

Por lo tanto, cuando asumí el mando, insistí en que sólo podíamos reconstruir nuestra economía si comenzábamos a hacer que la economía creciera para beneficio de toda nuestra gente, si proporcionábamos seguridad económica para todas nuestras familias trabajadoras. Teníamos que renovar la idea fundamental de que toda persona en Estados Unidos tiene la oportunidad de superarse si trata, independientemente de quién es, qué apariencia tiene, de dónde viene o dónde nació.

Ésta es la idea que nos impulsa: la oportunidad de dictar nuestro futuro. Sé que muchos de ustedes están pensando esta noche sobre una tarea que es fundamental para esa idea, y ésa es nuestra lucha para lograr la aprobación de la reforma integral de la inmigración. Ahora bien, sé que muchos de ustedes hicieron campaña con fervor a mi favor y están decepcionados de que no hayamos podido llevar esto a su conclusión. Yo también. Pero permítanme ser claro: no abandonaré esta lucha. Mi promesa de lograr esto tan pronto como sea posible es real. No podemos seguir postergando este desafío.

No hay duda de que el debate sobre cómo solucionar esto ha sido polémico y, a menudo, penoso. Hay quienes buscan lograr victorias políticas al distorsionar los hechos y dividir a nuestra gente. Algunos se aprovechan de la ansiedad sobre la economía para inculcar el temor a quienes lucen o piensan o rinden culto de manera diferente, a fin de enardecer la pasión entre “nosotros” y “ellos”. Pues, les tengo una noticia: no funcionará. Porque no existe “nosotros” y “ellos”. En este país, sólo hay un “nosotros”. No hay un Estados Unidos latino o un Estados Unidos negro o un Estados Unidos blanco o un Estados Unidos asiático. Sólo hay un Estados Unidos de Norteamérica.

Si recurrimos a las esperanzas en vez de a los temores del pueblo estadounidense, lo lograremos. Y ya sabemos qué forma cobra esta reforma. Hace apenas unos años, cuando era senador, forjamos una coalición bipartidista en torno a ella bajo el liderazgo del senador Kennedy, el senador McCain y el Presidente Bush. Nos sumamos a líderes de la comunidad empresarial, laboral y religiosa. Muchos de ustedes estuvieron allí. La medida a la que llegamos no era perfecta y no era la ideal para nadie, pero debido a que la gente estaba dispuesta a ceder con tal de lograr un acuerdo, concretamos una reforma integral, de sentido común que era muy diferente a los debates falsos sobre una amnistía masiva injusta o una deportación masiva no viable. Y logramos que se aprobara esa propuesta en el Senado.

Pero desde que ese esfuerzo se frustró, también hemos visto lo problemática, amarga y divisiva que se ha convertido nuestra política. Hoy en día, las personas que gritan más porque durante mucho tiempo el gobierno federal no ha logrado solucionar este problema son algunas de las mismas personas que se interponen en el camino de los esfuerzo de buena fe para solucionarlo. Y bajo la presión del partidismo y la política de un año electoral, muchos de los 11 senadores republicanos que votaron a favor de esa reforma hace apenas cuatro años ahora se han apartado de ese voto.

Por eso, estados como Arizona han tomado cartas sobre el asunto. Y mi gobierno ha impugnado la ley de ese estado, no sólo porque se corre el riesgo de que se acose a ciudadanos e inmigrantes legales, sino porque es la manera incorrecta de hacerle frente a este asunto. Interfiere con los esfuerzos del gobierno federal por velar por el cumplimiento de las leyes de inmigración. Dificulta más que las agencias locales de la ley realicen su labor. Hace que los presupuestos estatales y locales estén bajo mayor presión. Y si otros estados hacen lo mismo, tendremos una variedad incongruente, poco productiva y no viable de leyes en todo el país.

Necesitamos una política de inmigración que funcione; una política que atienda las necesidades de familias y empresas, a la vez que respeta nuestra tradición como nación de inmigrantes y estado de derecho. La necesitamos por el bien de nuestra economía, nuestra seguridad y nuestro futuro. Quizá no sea lo más fácil en términos políticos. Pero no me postulé a la presidencia para hacer lo fácil. Me postulé para hacer lo difícil. Me postulé para hacer lo correcto. Y cuando considero que algo es lo correcto, creo que incluso mis críticos deben admitir que soy sumamente persistente. Digan lo que digan, no pueden decir que no soy persistente.

Y el Senado tendrá la oportunidad de hacer lo correcto en las próximas semanas cuando el senador Reid someta a votación la ley DREAM. En el pasado, esta medida contaba con el respaldo de una mayoría de demócratas y republicanos. No hay motivo por el cual no vuelva a ser el caso. La he respaldado desde que estaba en el Senado y haré lo necesario para respaldar los esfuerzos del Congressional Hispanic Caucus para que se apruebe esta medida, para que la pueda promulgar para beneficio de los estudiantes que quieren una educación universitaria y quienes desean ponerse el uniforme y servir a la patria.

Pero miren, para alcanzar verdaderos logros con respecto a estos asuntos u otros, es necesario superar el bloqueo de los republicanos. Seamos claros al respecto. Sin el tipo de esfuerzo bipartidista que vimos hace apenas unos cuantos años, no podemos hacer que estas reformas se lleven a cabo. Pero sus líderes han hecho que sean necesarios 60 votos con casi todo lo que hace el Senado. Y los asuntos del pueblo estadounidense están paralizados porque, en pocas palabras, la plataforma del otro partido ha sido “no”.

Por ejemplo, pónganse a pensar sobre los funcionarios públicos que he nombrado para que se encarguen de esos asuntos. En su mayoría, han contado con extenso respaldado y la aprobación unánime de comités del Senado. Pero los líderes republicanos los retrasan desde hace meses. Ni siquiera pueden lograr una votación afirmativa o negativa sobre su confirmación. Designé a un hombre que todos ustedes conocen bien, Raúl Yzaguirre, para que sea nuestro embajador ante la República Dominicana. Lleva 10 meses esperando. En este momento hay 21 jueces afectados por retrasos de meses mientras que sus tribunales están vacantes. Tres de ellos son hispanos, como el juez Albert Díaz, a quien nombré al Tribunal del Cuarto Distrito. Lleva 10 meses esperando. Se trata de un juez sumamente respetado de un tribunal estatal, juez militar y abogado de la Infantería de Marina. Recibió la aprobación unánime del Comité Judicial. Pero apenas el mes pasado, el líder republicano del Senado objetó una vez más a la votación sobre su confirmación. Cuando se le preguntó el motivo, básicamente admitió que era una simple represalia partidista. Represalia partidista. No podemos darnos el lujo de ese tipo de juegos en este momento. Necesitamos a líderes serios en momentos serios. Ése es el tipo de liderazgo que este momento exige. Eso es lo que necesitamos en este momento.

Porque cuando salgo por ahí y habló con la gente, nadie me pregunta, “Oye, Barack, ¿quién está logrando más victorias políticas?” Nadie dice, “Ah, no se preocupe por nosotros; sólo quiero que haga lo mejor para noviembre”. Lo que les interesa es cómo encontrar empleo cuando sólo han tenido un oficio en toda su vida. Cómo van a pagar los estudios universitarios de sus hijos. Cómo van a pagar las cuentas cuando se enfermen. Cómo se van a jubilar cuando sus ahorros están tan mermados. Son las personas por las cuales estamos aquí. Son las personas por las cuales estamos luchando.

Por eso aprobamos la reforma de Wall Street, para beneficio de toda familia esmerada que está cansada de que se aprovechen de ella cada vez que abre su cuenta de tarjeta de crédito o pago hipotecario, o trata de enviar dinero para ayudar a padres y familiares en el extranjero.

Por eso estamos reformando las escuelas de Estados Unidos, para que todos nuestros niños tengan la oportunidad de aprender las aptitudes que necesitan en la economía actual. Eliminamos decenas de miles de millones de dólares en subsidios despilfarradores a los grandes bancos que otorgan préstamos estudiantiles, y estamos usando ese dinero para hacer que los estudios universitarios estén más al alcance de millones de estudiantes, incluidos más de 100,000 estudiantes latinos.

Por eso aprobamos la reforma del seguro médico, por los estadounidenses que están hartos de ser estafados por las aseguradoras que aumentan las tarifas y les niegan cobertura debido a enfermedades preexistentes. Ahora, millones de estadounidenses con seguro pueden recibir atención preventiva gratuita. Ahora, nueve millones de latinos y decenas de millones de estadounidenses por primera vez podrán pagar cuidado médico de calidad.

Por eso recortamos los impuestos de los propietarios de pequeñas empresas y 95 por ciento de los trabajadores estadounidenses. En vez de otorgarles recortes tributarios a corporaciones que generan empleos en el extranjero, estamos recortando los impuestos de empresas que ponen a la gente trabajar aquí dentro del país. En vez de recortes tributarios para los estadounidenses más acaudalados que no los necesitan y no los pidieron, estamos luchando por recortes tributarios para la clase media. De eso se trata. Por eso estamos luchando.

Pero, ¿saben qué? Prácticamente con todo lo que hemos tratado de hacer, casi todos los republicanos en el Congreso se han cruzado de brazos y han dicho que no. Incluso con asuntos sobre los que generalmente estamos de acuerdo, dicen que no. Piensan que es mejor lograr victorias políticas que, en efecto, resolver problemas. Por lo tanto, le dijeron no a la ayuda a pequeñas empresas. No a los recortes tributarios para la clase media. No a hacer que los estudios universitarios sean más módicos. No a la reforma integral de la inmigración. Aparentemente, su plataforma es “no se puede”. ¿Es esa la calcomanía que quieren en su auto?

De hecho, el presidente de su comité de campaña dijo que si ellos asumen el poder, regresarán a “exactamente el mismo plan de gobierno” que tuvieron durante gran parte de la década. Están diciendo que revocarán la reforma de Wall Street y la reforma del seguro médico. Les darán a los intereses especiales una pluma y les permitirán redactar las normas nuevamente. Y en este momento, debido al bloqueo de los republicanos, esos intereses especiales –incluso corporaciones extranjeras– pueden gastar decenas de millones de dólares en anuncios de campaña sin siquiera tener que divulgar quiénes son. Se ponen nombres como “Americans for Apple Pie” o “Moms for Motherhood” y usan su voz para acallar la de ustedes. Permitir que Wall Street redacte las normas que se aprovechan de los estadounidenses promedio. Permitir que las aseguradoras redacten las normas que les permiten darle cobertura la gente cuando quieran y de la manera que les plazca. Volver a “exactamente el mismo plan de gobierno”. Bueno, ese plan no funcionó muy bien para los latinos. Ese plan no funcionó muy bien para nadie en nuestro país. Y no va a resolver los problemas que enfrentamos.

Tienen todo el derecho de seguir presionándome a mí y a los demócratas, y espero que lo hagan. Pero no se olviden de quién está de su lado y quién está contra ustedes. No crean que las próximas elecciones no son importantes. No se olviden de quién logró el seguro médico para 4 millones de niños, entre ellos los hijos de inmigrantes legales. No se olviden de quién logró nuevas becas Pell para más de 100,000 estudiantes latinos. No se olviden de quién luchó por la reforma de tarjetas de crédito, por una nueva agencia para proteger a los consumidores de los préstamos que se aprovechan de ellos y por medidas de protección para personas que envían remesas a casa. No se olviden de quién redujo los impuestos de las familias trabajadoras. No se olviden de quiénes son sus amigos. No se olviden.

No podemos dar marcha atrás. No ahora. No cuando queda tanto trabajo por hacer. Tenemos que seguir avanzando. Tenemos que avanzar con empleos, con la economía, con la reforma inmigratoria, con todos los asuntos inconclusos de nuestros tiempos. Estos son momentos serios que requieren de líderes serios y ciudadanos serios, y su voz es importante. Su voz puede tener un impacto. Sí, se puede.

Permítame concluir con lo siguiente. Mucho antes de que Estados Unidos fuera siquiera una idea, en este territorio de abundancia vivían muchos pueblos: británicos y franceses, holandeses y españoles, mexicanos e innumerables tribus indígenas. Todos compartíamos el mismo territorio. Por supuesto que no siempre nos llevábamos bien. Pero con el transcurso de los siglos, lo que a fin de cuentas nos unió –lo que nos hizo estadounidenses– no fue cuestión de sangre o nacimiento, sino más bien de fe y lealtad a los valores comunes y guía que respetamos tanto. Eso es lo que nos hace únicos. Eso es lo que nos hace fuertes: la capacidad de reconocer nuestra humanidad común; de recordar que en este país, la igualdad y las oportunidades no son solamente palabras que se dicen, sino promesas que se cumplen.

Ése es nuestro llamado ahora: cumplir con esas promesas para beneficio de la próxima generación. Independientemente de los cambios en tendencias políticas, los respaldaré por un futuro mejor. Y si ustedes me respaldan; si recordamos ese hecho fundamental, que divididos fracasamos, pero unidos somos fuertes, y que, de muchos somos uno, entonces ustedes y yo concluiremos lo que hemos comenzado. Nos aseguraremos de que Estados Unidos sea para siempre una idea y un lugar suficientemente grandioso y audaz y valiente como para darle cabida a los sueños de todos nuestros niños y todos nuestros pueblos para siempre.

Gracias, que Dios los bendiga y que Dios bendiga a Estados Unidos de Norteamérica.

Fuente: Casa Blanca

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