El Zoológico salvadoreño está de luto

De todos los animales salvadoreños —incluidos los de dos patas— Manyula era el más grande, el más noble.

Este animal no era un elefante cualquiera, era toda una institución.

Esta es la historia de Manyula, que, en el fondo, es la nuestra [de los salvadoreños].

La vida de Manyula comienza al otro lado del mundo, en la primavera de 1950, en la selva de Western Ghats, en el extremo oeste de la India, Asia.

Nadie sabe con certeza el sitio preciso de su nacimiento, pero según los registros, se especula que la criaturita de 4 patas habría nacido en el mes de abril del año 1950 en las humedades del río Godavari —uno de los ríos más grandes de la India— en los alrededores del famoso templo de Trimbakeshwar, cerca de las ciudades de Nasik y Bombay en el estado de Maharashtra, a unos 380 kilómetros del mar Arábigo.

A los 3 años de edad —es decir todavía siendo una bebé— Manyula fue capturada por comerciantes occidentales de elefantes en India, y en el invierno de 1954 fue traslada al parque, de capital privado, Carl Hagenbecks Tierpark en Stellingen, Hamburgo, Alemania, un lugar histórico, pionero en el manejo y suministro de animales exóticos para los zoológicos de todo el mundo.

Gracias al precario progreso salvadoreño impulsado por el gobierno del coronel Óscar Osorio, del Partido Revolucionario de Unificación Democrática (PRUD), la tarde del 29 de junio de 1955, un paquete de animales exuberantes llegó por vía terrestre desde el Canal de Panamá al centro de San Salvador. El lote de animales llegó 2 meses después de que el entonces Ministerio de Cultura pagara, en cash, 50,000 colones al parque privado del Sr. Carl Hagenbecks, en Alemania.

Manyula salió de la jaula desorientada, junto a otras 16 fieras salvajes. Aquella tarde, Manyula fue la estrella del desfile. Era la más joven, pero la más grande de todos.

La raquítica prensa salvadoreña de antaño dio la noticia de su llegada y anunció que el animal había sido recibido entre gritos y aplausos por las autoridades salvadoreñas y los ciudadanos anónimos que se habían acercado a verla.

Manyula llegaba para servir de atractivo en cautiverio en un país pobre, desorganizado, sin planificación, …sin futuro.

Por alguna razón ajena a la compasión, San Antonio Abad había dispuesto que Manyula fuera destinada a un lugar nefasto, al Zoológico Nacional de El Salvador.

Sin embargo, había muchas razones para ver el porvenir con cierto optimismo. En los 50s, El Salvador construyó la Carretera del Litoral, la Comisión del Puerto de Acajutla, la Presa Hidroeléctrica “5 de Noviembre”, el Seguro Social, el Instituto de Vivienda Urbana y otras infraestructuras industriales y de corte social.

Aquel año en que Manyula llegó a El Salvador, una tal Maribel Arrieta Gallegos —–salvadoreña de 19 años de edad— quedó a un paso de convertirse en Miss Universo en Long Beach, California. Para muchos de los expertos de ese certamen, la salvadoreña había sido la cosa más bella del universo vista hasta ese momento. Maribel quedó segunda detrás de la sueca Hillevi Rombin.

Debido a la pujanza principalmente del café y del algodón, en los 50s, se intentó cimentar en El Salvador la base de la industria salvadoreña, con la que se pretendía impulsar el crecimiento y aliviar las tensiones sociales de cara al futuro.

En 1952, se finalizó la construcción y se inauguró una verdadera obra maestra de ingeniería en la historia de Centro América: el Puente de Oro sobre las majestuosas aguas doradas del Río Lempa. Aquella magnánima inauguración estuvo a cargo del presidente Óscar Osorio, un militar de oficio, con ligeros aires de socialdemócrata.

El actual Zoológico Nacional también nació en esta década. Pero el arranque de aquel tibio progreso que nacía en El Salvador en los 50s sería sólo un espejismo. La elefanta Manyula, en realidad, venía a quedarse a un país suicida.

La década de los 50s terminaba con un golpe de estado y una caída en picada de nuestros dos productos emblemáticos, el café y el algodón. Los pocos ministros progresistas del presidente Óscar Osorio fueron remplazados inmediatamente por militares. Se prohibió el Partido Comunista y el partido conservador PCN se atornilló al poder desde octubre de 1960 hasta octubre de 1979.

Los desaciertos de las décadas de los 60s y los 70s serían la semilla germinal de lo que vendría después:
Aquella triste madrugada del jueves 15 de octubre de 1981, el Puente de Oro saltaba en millones de pedacitos [tras varias carga de dinamita], los cables bailaban sobre el vacío. La imagen era apocalíptica. El FMLN —“fuerza política legítima” según los gobiernos de Francia y México— se adjudicaba con heroísmo la voladura.



El 24 de Marzo de 1980, Monseñor Oscar Arnulfo Romero, moría a tiros bajo el altar por (presuntas) órdenes del respetable y respetado mayor Roberto DAubuisson, padre venerado y hombre fundador del partido conservador Alianza Republicana Nacionalista (ARENA), una institución política que después se convertiría en el partido planetario de El Salvador.



El 11 de diciembre de 1981, el Batallón Atlacatl de la Fuerza Armada de El Salvador, en “legítima defensa” de la patria, masacraba a más de 1,000 almas inocentes en los cantones de El Mozote, Los Toriles y La Joya en el departamento de Morazán, al extremo oriente de El Salvador.



El 10 de octubre de 1986, un terremoto sacudía el país, dejando a su paso un saldo de entre 1,000 y 1,500 muertos, más de 10,000 heridos, y una suma por encima de los 200,000 desamparados.


El 19 de marzo de 1989, Alfredo Cristiani, un joven y exitoso hombre de negocios, a la cabeza del partido ARENA, se proclamaba presidente de la República, ofreciendo dos productos en particular: “paz y trabajo” para todos los salvadoreños.



El 19 de noviembre de 1989, una cuadrilla de militares del ejército salvadoreño asesinaba a 6 jesuitas y sus sirvientes en la Universidad Centroamericana José Simeón Cañas.


El 16 de enero de 1992, se firmaban los Acuerdos de Paz entre el gobierno de El Salvador y la guerrilla salvadoreña, un fino y delicado proceso de negociación, que serviría de modelo para otros países con conflictos políticos internos.



En enero de 1995, el fiscal general de República, en conferencia de prensa desde su oficina en San Salvador, reflexionaba sobre la hermosa cantidad de 7,673 personas asesinadas por causas violentas durante el año 1994.



El 9 de agosto de 1995, un Boeing 737 de la Aerolínea AVIATECA de Guatemala, procedente de Miami, se estrellaba contra la cima del volcán Chichontepec, en San Vicente, matando en el acto a los 65 pasajeros a bordo, incluida la tripulación.



El 4 de octubre de 1996, las Maras MS y la M-18 firmaban un acuerdo de paz, mediado por la Iglesia Católica, con el fin de cerrar un ciclo vicioso de 4 años de violencia intensa en las calles de El Salvador.



El 22 de octubre de 1998, el Huracán Mitch arrasaba buena parte de Centroamérica, dejando miles de muertos y un número indeterminado de damnificados.



El 22 de noviembre de 2000, el presidente Francisco Flores, del partido ARENA, ordenaba la retirada del colón como moneda nacional para ser reemplazada por el dólar estadounidense.



El 12 de agosto de 2003, el gobierno del presidente Flores enviaba el primer contingente de saldados salvadoreños a pelear en Irak.



El 21 de marzo de 2004, ARENA, comandada por Elías Antonio Saca, narrador deportivo de profesión, ganaba, fácilmente y por cuarta vez consecutiva, las elecciones presidenciales contra el eterno rival, el Frente Farabundo Martí para Liberación Nacional (FMLN), liderado por el histórico hombre de la izquierda salvadoreña Shafick Handal.



El 1 de marzo de 2006, el tratado de Libre Comercio entre EE.UU. Centroamérica y el Caribe entraba en efecto en El Salvador.



El 23 de diciembre de 2008, El Salvador se adjudicaba la tasa de homicidios más alta del mundo, según estudios y parámetros internacionales.



El 1 de junio de 2009, el periodista Mauricio Funes, del FMLN, se convertía en el primer presidente de izquierda en la historia salvadoreña, anunciando un “cambio real” en la forma de hacer política en El Salvador.

Mucho ha llovido desde que Manyunla desembarcó en El Salvador aquella tarde de 1955. Tenía sólo 5 años y desde entonces ese animal ha aprendido a convivir con nosotros, con nuestras miserias, con nuestras luchas, con nuestras frustraciones, en un espacio chiquito y difícil al interior del Zoológico Nacional.

Durante más de medio siglo, Manyula ha aguantado no sé cuántos terremotos, incontables inundaciones, fuertes huracanes, dolorosas masacres nacionales, una sangrienta guerra civil, y, por supuesto, una mala gestión de animales.

Manyula lo ha hecho sola, quiero decir, ese animal no tuvo el apoyo que tienen otros animales. Desde que Manyula llegó a El Salvador no volvió a ver a otro paquidermo y lo más probable es que nunca supo cómo son los ruidos y costumbres de otros elefantes.

Manyula ya no recuerda cómo era el olor de su madre, el de su abuela, o el de sus tías, las encargadas, según la cultura de los paquidermos, del parto y la educación primaria en los elefantes durante los primeros cinco años.

Manyula se muere sin dejar rastro de su existencia porque Manyula nunca tuvo la oportunidad de intimar con nadie de los de su especie. Esa elefanta ha estado confinada durante 55 años, en solitario, en un medio hostil, donde no hay, ni hubo nunca, otros como ella.

No es que a Manyula se le haya privado de la oportunidad de enamorarse, los elefantes no entiende de amor, solo de afecto y compañía, dos elementos básicos en el mundo elefante que a Manyula se le negó, pero que, en efecto, Manyula ha producido para todos los salvadoreños.

“Manyula ha muerto a las 18:00 horas del día martes 21 de septiembre de 2010 y el gobierno salvadoreño debate sobre si Manyula debe tener o no un monumento especial en honor al servicio social prestado al pueblo salvadoreño durante más de 55 años”.

El párrafo anterior es una modificación en línea de está publicación, después de que alguien en CONCULTURA me avisara de la muerte de la mole salvadoreña.

El siguiente era el párrafo original:

“Manyula está en una dolorosa fase terminal irreversible. La pregunta es para la administración del Zoológico Nacional y CONCULTURA: ¿Por qué no aplicarle a Manyula una inyección letal y brindarle al animal una muerte rápida, digna, sin sufrimiento?“

La pregunta llega tarde. Manyula está muerta.

José Manuel Ortiz Benítez es Editor de Salvadoreños en el Mundo

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