Las Malvinas

Teresa Gurza.
Este abril se están cumpliendo 30 años de la llamada Guerra de las Malvinas, ese conflicto entre Argentina y Gran Bretaña por la posesión del Archipiélago de las Malvinas que duró 74 días; y en el que murieron 649 muchachos argentinos casi adolescentes, y mal entrenados.
Doscientos treinta y siete de ellos yacen en el panteón Darwin de Puerto Stanley, poblado principal de la Isla Soledad.
Son la Soledad y la Gran Isla Malvina, las mayores de este archipiélago de alrededor de 200 islotes, ocupado ilegalmente por Inglaterra durante 149 años a partir de enero de 1833; y en el que viven cerca de tres mil personas, en su mayoría ingleses, cuyas mujeres venden en las oficinas de Puerto Stanley, suéters, guantes y bufandas tejidos; todo por ser de lana virgen, picante a la piel y carísimo.
Ubicadas en el Océano Atlántico sur frente a la Isla Grande de Tierra del Fuego, Las Malvinas siempre me dieron curiosidad; así que Matías mi esposo me llevó hace cuatro años a conocerlas.
Y la verdad no vale la pena el viaje; el Atlántico se mueve ahí tanto, que es fácil entender porque Fernando de Magallanes bautizó al vecino como Océano Pacífico.
Más de la mitad de los pasajeros del crucero en que llegamos se marearon y sintieron tan mal, que pocos quisieron bajarse; nosotros tomamos algo semejante al mareamín, así que las grandes olas no nos afectaron; pero de todos modos no fue muy agradable el trayecto.
Y los que se quedaron a bordo, realmente no se perdieron de mucho porque La Soledad es un caserío plano y aburrido y con unos vientos tan terribles que no hay moscas, porque con tanto aire les es imposible volar.
Fuera de ovejas pastando en campos con poco pasto, de restos de varios naufragios de siglos pasados, de un pequeño museo, una linda iglesita anglicana y el panteón Darwin, de pingüineras repletas de estas preciosas y solidarias aves que me encantan, y de lobos de mar y gaviotas que se las comen, no hay mucho que ver.
Hay pocos restaurantes y la comida tampoco es la gran maravilla; en varios de ellos los meseros eran chilenos, tal vez porque LAN Chile es la única línea con vuelos semanales que salen desde Buenos Aires.
Una empresa inglesa da servicio aéreo una vez al mes; y se dedica sobre todo a llevar y traer correo y surtir lo que necesitan los funcionarios públicos británicos que ahí trabajan y hacen contrato por dos años con su gobierno; los que entrevisté, me dijeron que más tiempo nadie aguanta.
Ignoro cuantos argentinos residentes habrá, nosotros sólo vimos tres; uno de ellos pintor y contrario a que su país reclame las islas.
Un artículo escrito hace 29 años por Gabriel García Márquez “para hacer oír la voz indignada de América Latina, en el primer aniversario de la aplastante victoria británica” y publicado en Proceso en abril de 1983, narra los horrores pasados por los casi adolescentes combatientes argentinos que fueron a la guerra tan contra su voluntad, que tuvieron que ser drogados para poder pelear
Con motivo del 30 aniversario de esa guerra, Proceso reprodujo ese documento de García Márquez en su edición del primero de abril de este 2012.
Ahí leí, que además de los que murieron en combate hubo cientos de muchachos argentinos que quedaron ciegos por falta de anteojos protectores; que a muchos fue necesario arrancarles con todo y zapatos los pedazos de piel gangrenada; que 92 tuvieron que ser castrados porque se les congelaron los testículos en las trincheras; que decenas fueron violados por los ingleses; y que decenas murieron de hambre v frío y otros padecieron trastornos psíquicos graves.
Y es que mientras que los soldados ingleses, contaban con armas de última tecnología, estaban bien equipados y comidos, y cada semana eran rotados, los argentinos carecían de todo y fueron enviados por la dictadura de la época como una forma de desviar la atención de los graves asuntos internos.
También el periodista argentino Miguel Bonasso escribió en Proceso sobre el tema, asegurando que en los años siguientes se suicidaron 450 veteranos de esa guerra.
Ese episodio sangriento por el comportamiento británico han quedado en la memoria latinoamericana; y digan lo que digan y hagan lo que hagan las autoridades inglesas interesadas sobre todo en el petróleo y los recursos naturales que el archipiélago esconde, los que vivimos en este continente sabemos que Las Malvinas son argentinas.

About Santiago David Távara

Santiago David Távara es graduado de Periodismo en la Universidad del Distrito de Columbia en Washington. Corresponsal de la Agencia Mexicana Notimex y colaborador de La Prensa Gráfica de El Salvador, Távara trabajó para la Agencia de Noticias EFE, los semanarios locales El Pregonero, El Tiempo Latino y Washington Hispanic así como en los ahora desaparecidos El Latino y el Diario de La Nación. Nacido en Callao, Perú, Távara contribuyó con artículos deportivos para una sección en español del diario The Washington Post y colaboró con la publicación Tiempos del Mundo, del diario The Washington Times.

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