A sacudir las malas vibras

Teresa Gurza.

Los invito a sacudirnos las malas vibras dejadas por elecciones, compras de votos, incongruencias de quienes felicitan a Peña Nieto y después pretenden vender caro su amor, intenciones de anularlas, errores presidenciales del veto extemporáneo a la Ley de Víctimas y firma del ACTA, criticas gringas al poco éxito del combate al crimen, y hallazgos de narcotúneles, cabezas sin cuerpos y cuerpos sin cabezas que aparecen por doquier.

Por lo menos podemos intentarlo, porque no es tan difícil según leo en un artículo de emol.cl edición virtual del diario El Mercurio de Chile, en el que Rosario Rojas, especialista en Feng Shui y limpiezas energéticas, habla de cómo hacerlo.

Empieza por advertir que los aparatos eléctricos y las emociones negativas, son los principales cargadores de energía no saludable en los espacios que habitamos y en nuestras personas.

Que las ondas electromagnéticas que emiten los aparatos eléctricos comunes en casi todas partes nos van dañando lenta y silenciosamente, especialmente cuando estamos dormidos.

Y la exposición constante a radio-despertadores, relojes eléctricos, computadoras, TV, hornos de microondas, refrigeradores, lavadoras, WI FI, teléfonos celulares y fijos y enchufes y cables de instalación eléctrica, pueden afectar la visión, el oído y el sistema inmunológico; y también, alterar las emociones; y a eso se debe aparición de nuevas enfermedades que la medicina no sabe como tratar.

Asegura la terapeuta que cuando el aire se contamina con las ondas de estos aparatos o los vapores invisibles que producen, ocurre un desequilibrio en los iones positivos y negativos que hay a nuestro alrededor y en nosotros mismos.

Y que ya ha sido demostrado que la alteración del equilibrio natural de iones, es perjudicial para el bienestar físico y emocional de los seres humanos; mientras que la energía positiva produce serenidad.

Esto explica las sensaciones de bienestar al caminar en un bosque, ver el mar, o disfrutar de una cascada, un día de campo, o una fogata; y se debe a que en esos sitios hay una concentración alta de iones que equilibran nuestra energía.

Pero los sentimientos negativos y las discusiones, producen cargas negativas que dejan también su huella en el espacio.

Se sabe que los espacios tienen memoria y las vivencias presentes pasadas, se impregnan en las paredes; y que aún y cuando no veamos esas huellas, alteran de una u otra forma nuestros niveles de energía.

Por eso las viviendas llegan a ser en cierto sentido, prolongaciones de los yos de las personas que las habitan.

De ahí viene que muchas veces al entrar a una oficina o una casa, sintamos una sensación agradable o desagradable.

Si es desagradable, como seguramente se sentirá al entrar hoy a los locales partidistas, quiere decir que el ambiente está muy cargado de energía negativa y que sería muy bueno limpiarlo de esas vibraciones perjudiciales.

En las cargas y las vibras influyen para bien o para mal, los elementos decorativos porque “no es lo mismo estar viendo a lo largo de todo un día una calavera, que un ángel”; ni estar oyendo discusiones ríspidas, o pláticas respetuosas sobre principios de negociación y acuerdo.

Si limpiamos las malas vibras, ayudaremos a crear ambientes que no produzcan ansiedad, depresión, insomnio, migrañas o enfermedades respiratorias.

Para ello, la especialista propone entre otras cosas:

Sacar la basura frecuentemente, nada dice de los políticos insensibles o corruptos pero bien pudiera aplicárseles; colocar platitos con cuarzos y vasitos con agua y sal de mar, porque sus cristalitos relajan y producen una luz blanca que favorece la paz; rodearse de flores frescas; tener helechos dentro de las oficinas y casas; prender inciensos; escuchar música y soniditos de campanas, gongs, diapasones o semillas.

O sea nada del otro mundo ni muy caro.

Es conveniente también, dormir con las luces apagadas y sin tener cerca esos ojitos azules, verdes o rojos, que tienen los aparatos eléctricos apagados; y usar pijamas y ropa de cama de fibras naturales y de colores.

Todo ello para lograr lugares agradables en los que sin importar si son o no lujosos, nos sintamos bien y a gusto y bajemos tensiones.

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