“Lo que no se dijo sobre el partido de la Selecta”

Por Carlos A. Velásquez Blanco

El sábado 2 de junio, el Estadio Robert F. Kennedy en Washington fue abarrotado —partido futbolístico que tenía el perfil de una eliminatoria mundialista— por miles de aficionados salvadoreños y hondureños que llegaron a apoyar a su respectiva selección; los catrachos disfrutaron la victoria con un marcador contundente de 3-0. Mientras tanto, los cuscatlecos lloraron la derrota de su Selecta que mostró deficiencia futbolística.

Los organizadores de ese evento deportivo obtuvieron fructíferas ganancias económicas, bien por ellos. Gracias al sistema capitalista que se vive en la Unión Americana, el estadio mundialista del RFK estuvo a casa llena. Treinta minutos antes que diera inicio el encuentro futbolístico los boletos  se agotaron. Miles y miles de personas tuvieron que retornar a sus casas porque no pudieron adquirir los tickets de admisión.

El capitalismo es un sistema político, social y económico que permite a cualquier individuo hacer fortuna. Todo y cuando se sigan las reglas tributarias del país. Sin embargo, no es correcto vulnerar a nuestro propio prójimo para hacer patrimonio a costillas de los muchos centroamericanos humildes; aunque, es bueno decirlo o subrayarlo en letras mayúsculas, existen un buen número de latinos TESTARUDOS, ILETRADOS o IGNORANTES por naturaleza que desacreditan las buenas acciones o actitudes de aquellos hispanosparlantes que aportan al desarrollo de esta gran Nación.

Definitivamente, es un precio razonable pagar por admisión general 35 dólares en el área metropolitana de Washington para visualizar y degustar un partido de fútbol amistoso internacional. Pero de la manera que los organizadores vendieron los boletos, no fue el método apropiado. Varios individuos oportunistas (que hay por montón en el DMV), organizaciones y empresarios embaucadores compraron y acapararon los tickets a precios ecuánimes para después revenderlos a precios más altos y así lucrarse, derecho que tiene cualquier ser humano que vive en un sistema capitalista. No obstante, eso causó que muchas personas compraran boletos falsos y perdieran su dinero. Desde muy tempranas horas la reventa de boletos en el estacionamiento del estadio era colosal, los precios osilaban entre 60 a 140 dólares. Entre esos individuos que hicieron la Navidad en junio estaban varios empleados de medios radiales y algunos fotógrafos charlatanes —que se hacen llamar “fotoperiodistas” y son fotógrafos de eventos sociales— que son allegados a los organizadores.

Todos sabemos que no es ningún delito criminal hacer fortuna a expensas de los profanes centroamericanos. Sin embargo, hay que tener principios humanistas o valores morales y estos organizadores deportivos desconocen esa conducta o poseen “poca madre”.

No es correcto que en un escenario deportivo con más de cuarenta mil asistentes solamente asignaran un reducido personal policial para celar el orden. Y, todos sabemos que muchos de nosotros los latinoamericanos poseemos una conducta de linaje no decorosa con la sociedad cuando ingerimos bebidas alcohólicas; nos convertimos en bestias indómitas.

 

Durante el encuentro deportivo ocurrieron un sinfín de peleas por dondequier  —acción común entre nosotros los hispanos— que muchos hinchas degustaron más que el partido de fútbol.

En la parte de arriba del estadio hubo una pelea que tardó más de 14 minutos para que las autoridades policiales hicieran acto de presencia para poner orden. Al llegar los policías al escenario de la trifulca tenían miedo enfrentar o controlar la riña; es que en verdad ahí llovían los “vergazos” por montón.

Pregunto: ¿Quiénes contratan la seguridad policial del estadio? En buena fortuna, no hubo ninguna incidencia fatal que lamentar.  Empero, los organizadores de estos eventos deportivos tienen que poner las barbas en remojo para prevenir fatalidades en el futuro.

Y es obvio, no se tiene una seguridad aceptable en el estadio por la simple razón que es muy costosa para los organizadores; sus ganancias disminuirían.

Otra cosa, lo correcto fuese para evitar o minimizar el descontrol y la falsificación de los boletos de admisión; que se vendieran enumerados en los lugares que se especializan en la materia “Ticketmaster”. Sin embargo, algunos organizadores o empresarios del fútbol expresan que los centroamericanos no están preparados para comprar las entradas enumeradas.

La verdad es otra, no es rentable para los promotores vender las boletas con sillas asignadas porque los costos incrementarían; empleando un mayor personal. Maniobra que no les conviene en absoluto. Prefieren esa modalidad cotidiana para ellos, distribuir los boletos con entrada general y en los lugares de costumbre en donde sus ganancias se duplican.

¡Increíble! Ningún medio de comunicación hispano que tenemos en el sector de Washington denuncian los atropellos que reciben los hispanosparlantes.

El Zéus locutor caribeño —único individuo con capacidad de oratoria, con facilidad de palabras para hacer señalamientos— que inventó la radio hispana en el DMV no se ha pronunciado al respecto. Hay que entender, la calle esta dura y en ocasiones es mejor mantener el “hocico” cerrado para no espantar el panal.

Un medio de comunicación tiene la verdad como norma irrenunciable, y como prensa está obligada a actuar de manera que este principio sea compartido y aceptado por todos.

Los dueños, administradores y algunos empleados de medios latinos en el área se prostituyen por unas pupusas revueltas, boletos gratis para su familia o una credencial para el evento. Bien dicen: “El hambre es más fuerte que la dignidad”.

Estamos en el preámbulo de otra fiesta futbolística y lo mismo harán los promotores buitres deportivos en esta coyuntura, aprovechar el analfabetismo de su propio prójimo, como también los benditos mojigatos medios de comunicación hispanos; dirán: “Esta boca no es mía”.

Carlos A. Velásquez Blanco, empresario y periodista 

One Response to “Lo que no se dijo sobre el partido de la Selecta”

  1. Juan Pineda August 13, 2012 at 2:37 PM

    Excelente comentario, facil de entender y al punto.

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