Plástica: La reconciliación de la ciencia y las artes

Por Jorge Zavaleta Alegre

El debate está planteado. Petróleos del Perú, ofrece hasta la primavera próxima la muestra “Arte Peruano en los Siglos XIX – XX”, ofreciendo a la comunidad la “Colección de Pintura de la centenaria Universidad Nacional de Ingeniería”.

En el acto inaugural, el rector Aurelio Padilla, y el presidente de esa empresa pública, Humberto Campodónico, ambos ingenieros y egresados de esa casa de estudios, plantearon la necesidad de promover el reencuentro entre las ciencias, el arte y las humanidades como el mejor camino para encontrar respuestas a los retos que nos plantea la realidad nacional en un contexto indesligable del universo.

En el Perú, donde son muy pocas las universidades que ofrecen una educación integral (unas cinco de las 140 entre privadas y estatales) es evidente la profunda incomprensión entre ciencia y humanidades.

Las presuntas diferencias entre científicos y humanistas han provocado la disminución de la calidad en la formación de los estudiantes, lo que dificulta entender y enfrentar con acierto los problemas sociales y económicos, si se agudiza y arrastra el déficit educativo desde los años iniciales. Tenemos ingenieros con limitaciones en el uso del idioma y alumnos de letras que ignoran las nociones de matemática. Es imposible señalar si las ciencias son más importantes que las humanidades. Las dos son materias que nos involucran a todos.

El hombre racional del Renacimiento, sí tenía una cultura general, integral, había un equilibrio entre las ciencias y el arte. La persona moderna no tiene esas características, porque no persigue los mismos objetivos que siglos atrás. La profesión aparece en la perspectiva de la utilidad y del pragmatismo inmediato.

La ciencia y las humanidades pueden coexistir perfectamente. El trabajo de algunos científicos ha remplazado a algunos escritores literarios como formadores de opinión. El arte y la literatura, no solo son un medio de entretenimiento, también nos proporcionan pensamientos y formas de racionalizar las diferentes ideologías.

La ciencia resuelve problemas y busca la verdad de las cosas, y debe tener la capacidad para estimular la investigación, abordando y profundizando diferentes objetivos.

Universidad es la “comunidad de profesores y académicos”, que no diferencia el campus de la ciencia y de las humanidades.

La diferenciación de las carreras profesionales es un artificio de la educación como negocio en la estructura de la economía cuasi informal de América Latina. Es una consecuencia del libre mercado y la ausencia motivadora y regulatoria del Estado.

La denominación de disciplinas “duras” es centrada en las ciencias y en las tecnologías. Y “blandas”, en donde se enseñan las humanidades. El objetivo de la ciencia “no es meramente conocer las cosas en sí mismas, como los dogmáticos en su simplicidad imaginan, sino las relaciones entre las cosas”, señala Henri Poincaré, en “Ciencia e hipótesis” (1905).

En el Perú, la década de 1930 es rica en pensadores que revolucionan el pensamiento científico, vinculando estrechamente la ciencia con la filosofía. En el presente siglo, los más importantes centros académicos del país tratan de conservar esa tendencia de unir en un solo campus el ejercicio de la cátedra especializada, sin descuidar la relación entre la producción de bienes materiales e inmateriales.

El acercamiento entre la empresa estatal Petroperú, en acelerado proceso de reactivación, y la Universidad Nacional de Ingeniería, creada hace 136 años, es un mensaje esclarecedor para aquellos frentes conservadores, que ven en la fusión del arte con la producción de mercancías, un peligro para la estabilidad del modelo neoliberal.

La exposición “Arte Peruano…” empieza con el retrato del fundador de la UNI, el ingeniero y matemático polaco Eduardo de Habich (Varsovia, 1833-Lima 1909). Es una síntesis de la historia de la pintura de dos siglos, recreada por los más reconocidos artistas plásticos del país como Pancho Fierro, Ricardo Grau, Carlos Baca Flor, Camino Brent, Ugarte Eléspuru, Quíspez Asín, Julia Codesido, José Sabogal, Sérvulo Gutiérrez, Gerardo Chávez, Víctor Delfín, Fernando de Szyszlo.

En la colección de la UNI, notable es la presencia de la obra mural de Carlos Quispe Azín, Teresa Carvallo y Juan Manuel Ugarte. Se suma, la obra, en los años iniciales, del artista boliviano Miguel Alandía Pantoja (Potosí-Bolivia, 1914 – Lima 1975) y más reciente Ramiro Llona para el Gran Teatro de la UNI.

La colección, tiene cerca de medio siglo de existencia. Y es posible su ampliación gracias a los fondos creados por el Consejo Universitario, asignando el 5% de valor de cada obra edificada en esta casa de estudios para la adquisición de pinturas y esculturas. En la UNI, se sigue manteniendo esa fusión entre Ciencia y Arte, sobre todo en la Facultad de Arquitectura, Urbanismo y Arte, que ya celebró su primer siglo de vigencia. La colección de pintura, se diferencia de un museo tradicional, porque ofrece la capacidad de integrar la obra de nuevos creadores, que emergen de la masiva migración de Los Andes a la Costa y fuera de las fronteras.

El Perú desde finales del XX es un país mestizo, de todas las sangres, con manifestaciones culturales que van conquistando espacios antes negados o no conocidos entre los grupos de poder, que aprovecharon los beneficios de los “boom” de explotación primaria de los recursos naturales.

La Pinacoteca de la UNI luce un nuevo rostro. Dieciséis personas donaron recientemente 19 obras de gran valor artístico, gesto que los estudiantes ven con especial satisfacción y como un llamado de atención a los ex alumnos que deberían retribuir lo que el Estado les concedió con una educación pública de calidad.

La donación, en efecto, significa un gesto y un compromiso social. Igual significado tiene la reactivación de Petróleos del Perú al conjugar sus proyectos como el Gasoducto Andino del Sur, la industria petroquímica y la modernización de la Refinería de Talara, siguiendo la experiencia de otras democracias vecinas como Chile, Colombia, Ecuador, Venezuela, Brasil y del mundo Árabe, que revalorizan cada día la función empresarial del Estado como parte de una economía de libre mercado.

De la UNI ha egresado la mayor parte de ingenieros petroleros y de otras especialidades que hoy trabajan con éxito en el país y en el exterior. En el Canal de Panamá estuvieron presentes decenas de egresados. Cada año, el ingreso es muy exigente y muy limitado porque el campus resulta demasiado estrecho para la creciente demanda. Es una universidad popular, donde trata de ingresar un sector de altos ingresos, como una evocación a las décadas pasadas cuando la educación superior era privilegio de pocos. Desde la década del 90, cuenta con UNIPETRO, una empresa en Talara, donde practican los futuros ingenieros.

Según la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) de Estados Unidos, la república China es el líder mundial en producción de ingenieros, luego EEUU, Corea del Sur, México, Brasil, Colombia y Argentina.

“Quedarse atrás, en la producción de ingenieros, es peligroso, porque afecta la capacidad de los países para aumentar sus manufacturas. La manufactura es una industria de cambios constantes. Si uno no hace innovaciones, no puede competir”, señalan informes de universidades de gran prestigio.

Un ranking de las mejores 200 universidades del mundo, realizado por el periódico británico The Times, les dio una pésima nota a las universidades latinoamericanas. Hay una sola universidad de la región, que aparece en esa lista. ¿O es que el ranking de The Times de Londres está sesgado a favor de universidades de los países ricos?

La misma fuente señala que las universidades latinoamericanas estaban lejos de los primeros puestos: la UNAM, de México, y la Universidad de Sáo Paulo, de Brasil, estaban empatadas con otras que ocupaban los puestos 153 a 201. Más lejos Buenos Aires (UBA), la Universidad de Chile, la Estatal de Campinas y la Federal de Río de Janeiro.

 

Estudios comparativos indican que los países latinoamericanos invierten menos en Educación que los de Europa y Asia. Noruega, Suecia, Dinamarca, Finlandia e Israel, por ejemplo, destinan alrededor del 7% de su producto bruto anual a la educación. Los países de la ex Europa del Este invierten alrededor del 5%, México 4,4; Chile 4,2; Argentina 4; Perú 3,3; Colombia 2,5 y Guatemala 1,7.

Mientras en Gran Bretaña el 40% de los profesores universitarios tienen doctorados, en Brasil la cifra es del 30%, en la Argentina y Chile de 12”, en Venezuela del 6%, en México 3%, en Colombia 2%. En Perú, el espacio es virtualmente cerrado. La demanda es demasiado estrecha e inexistente para las humanidades. Hay una reverencia por “el empirismo del Estado”, como lo señaló nuestro historiador Jorge Basadre.

En años recientes, casi todos los países europeos dejaron atrás la educación universitaria gratuita, para cobrarles a quienes pueden pagar. En el Perú, la alianza entre Universidad y Empresa es una respuesta adecuada para rescatar aquellas universidades públicas que están demostrando una gestión de calidad y afianzando la relación entre Ciencias, Arte y Humanidades.

La figura del Patronato, que la legislación peruana estimula, es una opción válida para emprender el Renacimiento de la Universidad siempre y por cierto dependerá de la clase empresarial local que compare los resultados de aquellas fundaciones que apoyan academias de gran prestigio en el planeta como aquella trilogía: Harvard, Yale y MIT.

Jorge Zavaleta Alegre escribe desde Lima, Perú.

 

 

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