El discurso del presidente Obama ante la Convención Nacional Demócrata 2012

CHICAGO- Esta noche, en su discurso ante la Convención Nacional Demócrata, el presidente Obama le pidió al país unirse en torno a una serie de metas concretas para avanzar el país hacia una economía que crece desde la clase media hacia afuera, no de arriba hacia abajo. Esta guía—este plan real y alcanzable generará empleos, ampliará las oportunidades y fortalecerá la clase media—, producirá resultados concretos en áreas claves como la manufactura, energía, educación, seguridad nacional y el déficit.

A continuación, el discurso tal como fue preparado:

Michelle, te amo. La otra noche, creo que todo el país vio lo afortunado que soy. Malia y Sasha, estoy tan orgulloso de ustedes… pero que no se les ocurra nada, mañana hay que ir a la escuela. Y Joe Biden, gracias por ser el mejor vicepresidente que uno podría esperar.

Señora presidenta, señores delegados, acepto su nominación a la Presidencia de los Estados Unidos.

La primera vez que me dirigí a esta Convención en el 2004, era un hombre más joven; un candidato al Senado de Illinois que habló sobre la esperanza—no de un optimismo ciego o una ilusión— sino de la esperanza frente a la incertidumbre; esa fe tenaz en el futuro que ha sido lo que impulsa a nuestro país hacia adelante, hasta cuando vamos contra toda probabilidad; hasta cuando el camino es largo.

Ocho años después, hemos puesto esa esperanza a prueba —por el costo de la guerra; por una de las peores crisis económicas en la historia; por un impasse político que nos dejó preguntándonos si aún era posible enfrentar a los retos de nuestra época.

Reconozco que las campañas pueden parecer pequeñas, y hasta ridículas. Temas triviales se convierten en distracciones. Temas importantes se reducen a frases cortas. Y la verdad se pierde bajo una avalancha de dinero y publicidad política. Si ya se cansaron de escucharme decir “Apruebo este mensaje,” créanme, yo también lo estoy cansando de decirlo.

Pero a fin de cuentas—cuando recojan esa boleta para emitir su voto—enfrentarán la decisión más clara que se le ha presentado a cualquier generación. Durante los próximos años, se tomarán decisiones importantes en Washington, con respecto al empleo y a la economía; los impuestos y los déficits; la energía y la educación; la guerra y la paz—decisiones que tendrán un enorme impacto en nuestras vidas y en las vidas de nuestros hijos durante décadas.

En cada tema, la decisión que enfrentarán no sólo será una entre dos candidatos y dos partidos.

Será una decisión entre dos caminos diferentes para Estados Unidos.

Una decisión entre dos visiones fundamentalmente distintas para el futuro.

Nuestra lucha es una que busca restaurar los valores que construyeron la clase media más grande y la economía más fuerte en la historia del mundo; los valores que mi abuelo defendió como soldado en el Ejército de Patton; los valores que impulsaron a mi abuela a trabajar en una línea de montaje de bombarderos mientras él estaba en la guerra.

Sabían que eran parte de algo más grande—una nación que triunfó sobre el fascismo y la depresión; una nación donde las empresas más innovadoras producían los mejores productos del mundo y todos compartían el orgullo y el éxito—desde la oficina de la esquina hasta la fábrica. Se les dio la oportunidad a mis abuelos de asistir a la universidad, comprar su primera casa y realizar la promesa básica que es el corazón de la historia estadounidense: la promesa que asegura que el esfuerzo rendirá frutos; la responsabilidad será premiada; que todos tienen una oportunidad justa; y que todos aportan lo que les corresponde y siguen las mismas reglas—desde nuestras comunidades hasta Wall Street y Washington, DC.

Yo me postulé a la presidencia porque vi que esa promesa básica se nos estaba escapando. Comencé mi carrera ayudando a la gente que estaba a la sombra de una fábrica de acero cerrada en una época cuando empezaban a trasladar demasiados buenos empleos al extranjero. Y para el 2008, habíamos presenciado casi una década durante la cual las familias se enfrentaban a costos crecientes y salarios estancados; acumulando más y más deudas sólo para cumplir con las mensualidades de la hipoteca o pagar los costos universitarios; para llenar el tanque del auto o pagar la comida. Y cuando la casa de naipes se desplomó en la Gran Recesión, millones de estadounidenses inocentes perdieron sus empleos, sus casas y todos sus ahorros—una tragedia de la cual todavía nos estamos recuperando.

Ahora, nuestros amigos en la convención republicana estaban más que felices de hablar sobre todo lo que piensan que está mal en Estados Unidos pero no tuvieron mucho que decir sobre como lo arreglarían. Ellos quieren sus votos pero no quieren que conozcan su plan. Por qué lo único que tienen para ofrecer es la misma fórmula que han tenido por los últimos treinta años:

“¿Tienen un superávit? Apliquen una reducción de impuestos”

“¿Un déficit muy alto? Apliquen otra.”

“Creen que se van a resfriar? Tómense dos reducciones de impuestos, deroguen algunas regulaciones y llámenos mañana.

Ahora, he reducido los impuestos para aquellos que lo necesitan—las familias de la clase media y las pequeñas empresas. Pero no crean que otra serie de reducciones de impuestos para millonarios traerá buenos empleos a nuestras costas y que reducirá nuestro déficit. No crean que despedir maestros o quitarles la ayuda financiera a los estudiantes hará crecer la economía o que nos ayudará a competir con los científicos y los ingenieros que están saliendo de la China. Después de todo lo que hemos pasado, no creo que derogar las regulaciones en Wall Street ayudará a la pequeña empresaria a ampliar su empresa o al trabajador de construcción despedido a proteger su casa. Ya hemos pasado por eso, hemos probado eso y no regresaremos. Estamos moviéndonos hacia adelante.

No fingiré que el camino que les ofrezco es rápido o fácil. Nunca lo he hecho. No me eligieron para que les dijera lo que quieren escuchar. Me eligieron para decirles la verdad. Y la verdad es que nos tomará más que un par de años para resolver los retos que se han desarrollado a lo largo de décadas. Requerirá un esfuerzo colectivo, todos tendremos la responsabilidad y también el tipo de experimentación audaz y persistente que persiguió Franklin Roosevelt cuando estaba pasando por la única crisis que fue peor que esta. Y además—aquellos de nosotros que continuamos el legado de su partido debemos recordar que no todos los problemas pueden resolverse con otro programa de gobierno u orden desde Washington.

Pero tengan confianza en esto, América: Nuestros problemas pueden ser resueltos. Nuestros desafíos pueden ser vencidos. El camino que ofrecemos de repente es más difícil, pero nos lleva a un lugar mejor. Les estoy pidiendo que escojan ese futuro. Les estoy pidiendo que respalden una serie de metas para su país—metas para la manufactura, energía, educación, seguridad nacional y con respecto al déficit; un plan real y alcanzable que nos ayudará a crear nuevos empleos, más oportunidades y nos ayudará a reconstruir esta economía sobre cimientos más fuertes. Eso es lo que podemos hacer en los próximos cuatro años y por eso me estoy postulando para un segundo mandato como Presidente de los Estados Unidos.

Podemos escoger un futuro en el cual exportamos más productos y se trasladan menos empleos al extranjero. Después de una década definida por lo que comprábamos y tomábamos prestado, estamos regresando a lo esencial y haciendo lo que América mejor hace:

Estamos produciendo de nuevo.

He conocido trabajadores en Detroit y en Toledo que temían que nunca más construirían un auto estadounidense. Hoy, se esmeran por construir los suficientes, porque reinventamos una industria que estaba cerca de extinguirse y que ahora está nuevamente en la cima del mundo.

He trabajado con líderes del sector privado, empresarios que están trayendo empleos de regreso a los Estados Unidos – no porque nuestros empleados ganen un salario mas bajo, pero porque generamos mejores productos. Porque  trabajamos con más empeño y de una manera más inteligente que cualquier otro.

He firmado acuerdos comerciales que están ayudando a nuestras compañías, para que puedan vender más productos a millones de nuevos clientes – productos que vienen marcados con cuatro palabras que nos llenan de orgullo: Hecho enEstados Unidos..

Después de una década de declive, este país ha generado más de medio millón de empleos en el sector manufacturero en los últimos dos años y medio. Y ahora tienen una decisión que tomar: le podemos dar más reducciones de impuestos a las corporaciones que envían empleos al extranjero, o podemos generar nuevos empleos aquí, en los Estados Unidos de América. Ustedes pueden asegurar que eso se vuelva realidad. Ustedes pueden escoger ese futuro.

Pueden escoger un camino donde controlamos más de nuestra propia energía. Y después de treinta años de inacción, aumentamos los estándares de combustibles para que a medias de la próxima década, los autos y camionetas puedan ir dos veces más lejos con un galón de gasolina.  Hemos duplicado nuestro uso de energía renovable, y miles de estadounidenses ahora trabajan en la construcción de molinos de viento y baterías duraderas. Solo en el último año, ya hemos recortado las importaciones de petróleo por un millón de barriles al día –más que cualquier otra administración en la historia moderna.  Y ahora, los Estados Unidos de América depende menos en el petróleo extranjero que en cualquier otro tiempo en casi dos décadas.

Ahora, tenemos una decisión—entre una estrategia que le da la vuelta a este progreso, o una que construye en base a él. En los últimos tres años, hemos abierto para la exploración petrolera y de gas natural nueva hectáreas, y abriremos más. Pero, a diferencia de mi contrincante, no permitiré que las empresas petroleras dicten el plan energético de este país, o que pongan en peligro nuestras costas, o recibir otros $4 miles de millones en asistencia corporativa de parte de nuestros contribuyentes.

Nosotros ofrecemos un mejor camino—un futuro donde continuamos invirtiendo en energía eólica, solar, y carbón no contaminante; donde agricultores y científicos aprovechan biocombustibles nuevos para nuestros carros y camiones; donde obreros de la construcción construyen casas y fábricas que usan menos energía; donde desarrollamos un abastecimiento del gas natural que está en nuestras tierras para durarnos por cien años. Si ustedes eligen este camino, podemos reducir nuestras importaciones petroleras por la mitad para el 2020 y apoyar la generación de más de 600,000 nuevos trabajos solo en la industria de gas natural.

Y sí, mi plan continuará reduciendo la contaminación carbónica que esta calentando nuestro planeta—porque el cambio climático no es un engaño. Más sequías e inundaciones y fuegos no son una broma. Son una amenaza al futuro de nuestros hijos. Y en esta elección, puedes hacer algo para cambiarlo.

Pueden elegir un futuro donde más estadounidenses tienen la oportunidad de obtener las habilidades para competir, sin importar su edad o cuánto dinero tienen. La educación fue mi puerta a la oportunidad. Fue la puerta para Michelle. Y hoy, más que nunca, es la puerta para acceder a la clase media.

Por la primera vez en una generación, casi todos los estados han respondido a nuestro llamado a elevar los estándares de la enseñanza y el aprendizaje. Algunas de nuestras peores escuelas en el país han realizado avances significantes en matemáticas y lectura. Hoy, millones de estudiantes están pagando menos por la universidad porque finalmente enfrentamos un sistema que desperdiciaba miles de millones de dólares del contribuyente en bancos y prestamistas.

Y ahora, tienen una decisión—podemos recortar la educación, o podemos decidir que, en los Estados Unidos de America, ningún niño merece que se aplacen sus sueños por grupos escolares demasiado grandes o una escuela que se está derrumbando. Ninguna familia debería dejar al lado una carta de aceptación universitaria porque no tienen el dinero suficiente. Ninguna empresa debería buscar trabajadores en China porque no pudieron encontrar trabajadores con las habilidades necesarias aquí.

El gobierno tiene un papel que jugar. Pero nuestros maestros tiene que inspirar al liderazgo; directores de escuelas tienen que inculcar un apetito para el aprendizaje, y estudiantes, ustedes tienen que hacer el trabajo. Y hoy, les prometo—podemos educar mejor que y competir mejor que cualquier país en el mundo. Ayúdenme a reclutar a 100,000 maestros de matemáticas y ciencias, y mejorar la enseñanza infantil. Ayúdenme a darle a dos millones de trabajadores la oportunidad de aprender nuevas habilidades en un colegio comunitario que resultarán en un trabajo. Ayúdenos a trabajar con colegios y universidades para reducir la tasa del aumento de la matrícula universitaria en la próxima década. Juntos, podemos cumplir con esa meta. Ustedes pueden elegir ese futuro para Estados Unidos.

En un mundo de nuevas amenazas y retos, ustedes pueden elegir a liderazgo que ha sido puesto a prueba y cumplió. Hace cuatro años, prometí terminar la guerra en Irak. Lo logramos. Prometí volvernos a enfocar en los terroristas que nos atacaron el 11 de septiembre. Lo hemos hecho. Hemos debilitado al Talibán en Afganistán, y en el 2014, nuestra guerra más larga llegará a su fin. Una torre nueva luce en el perfil de la Ciudad de Nueva York, al Qaeda está en el camino hacia la derrota, y Osama bin Laden está muerto.

Esta noche, les rendimos homenaje a los estadounidenses que sirven en situaciones peligrosas. Les debemos una deuda eterna a aquella generación cuyos sacrificios hicieron más seguro y respetado a nuestro país. Nunca los olvidaremos. Así que, mientras sea el Comandante en Jefe, sostendremos la fuerza militar más fuerte en la historia del mundo. Cuando ustedes dejen de portar el uniforme, los atenderemos de la misma manera en la que ustedes nos protegieron—porque nadie que luche por este país debe luchar por un trabajo, o por un hogar, o por el cuidado médico que necesitan al regresar a casa.

En todo el mundo, hemos fortalecido viejas alianzas y forjado nuevas coaliciones para detener la profileración de armas nucleares. Hemos reafirmado nuestro poder por todo el Pacífico y nos hemos enfrentado a China para defender a nuestros trabajadores. Desde Birmania a Libia hasta Sudán de Sur, hemos avanzado los derechos y la dignidad de todos los seres humanos—hombres y mujeres; cristianos, musulmanes y judíos.

Pero con todo y el progreso que hemos logrado, permanecen desafíos. Los planes terroristas deben ser interrumpidos. La crisis en Europa debe contenerse. No podemos flaquear en nuestro compromiso a la seguridad de Israel, y tampoco en nuestra búsqueda de la paz. El gobierno iraní debe encarar un mundo unido en contra de sus ambiciones nucleares. El cambio histórico que está envolviendo al mundo árabe no debe definirse por la mano dura de un dictador o el odio de extremistas sino por las esperanzas y aspiraciones de personas comunes quienes está buscando los mismos derechos que celebramos hoy.

Ahora enfrentamos una decisión. Mi contrincante y su compañero de fórmula son novatos en la política exterior pero según hemos visto y escuchado, quieren regresarnos a una época de amenazas y torpezas que le costó a Estado Unidos un precio demasiado alto.

Después de todo, no llamas a Rusia tu enemigo número uno—y no al Qaeda—a menos que sigas viviendo en la época de la guerra fría. Quizás no estés listo para la diplomacia con Beijing si no puedes asistir a las Olimpiadas sin insultar a nuestro aliado más cercano. Mi contrincante dijo que fue “trágico” ponerle fin a la guerra en Irak y no nos dice como le pondría fin a la guerra en Afganistán. Yo lo hecho y lo haré. Y mientras mi contrincante  gastaría más en equipo militar que nuestra Junta de Jefes del Estado Mayor no quiere, yo usaría el dinero que ya no estamos gastando en la guerra para pagar nuestro déficit y regresar a la gente al trabajo—reconstruyendo calles y puentes; escuelas y pistas de aterrizaje. Después de dos guerras que nos han costado miles de vidas y millones de millones de dólares, es hora de reconstruir nuestro propio país.

Puedes escoger un futuro en el cual reducimos nuestro déficit sin perjudicar a nuestra clase media. Análisis independientes demuestran que mi plan reduciría nuestro déficit por $4 millones de millones. El verano pasado, trabajé con republicanos en el Congreso para recortar $1 millón de millones en gastos—porque aquellos de nosotros que creemos que el gobierno puede ser una fuerza del bien debemos esforzarnos más que los demás para reformarlo, para que sea más compacto, más eficiente y más sensible a las necesidades del pueblo estadounidenses.

Quiero reformar el código tributario para que sea más sencillo, justo y para que pida que las familias más ricas paguen impuestos más altos en ingreso mayores a $250,000—la misma tasa que tuvimos cuando Bill Clinton era presidente; la misma tasa que tuvimos cuando nuestra economía generó casi 23 millones de nuevos empleos, el superávit más grande de la historia y muchos millonario para rematar.

Ahora, sigo entusiasmado por llegar a un acuerdo basado en los principios de mi comisión bipartidista de deuda. No hay ningún partido que tenga un  monopolio en la sabiduría. No hay democracia que funcione sin acuerdo. Pero cuando el Gobernador Romney y sus aliados en el Congreso nos dijeron que, no se como, podemos reducir el déficit gastando millones de millones adicionales en nuevas reducciones de impuestos para los ricos- bueno, ustedes hagan las cuentas. No estuve de acuerdo con eso.  Y mientras sea presidente, nunca estaré de acuerdo con eso.

Me niego a pedirles a nuestras familias de la clase media a ceder sus deducciones por tener una casa o por criar a sus hijos sólo para pagar las reducciones de impuestos de millonarios. Me  niego a pedir que los estudiantes paguen más por la universidad; o a echar a niños de los programas de Head Start, o a eliminar el seguro médico para millones de estadounidenses pobres, personas de la tercera edad o incapacitados- todo para que los que tienen más paguen menos.

Y nunca convertiré Medicare en un libreta de cupones. Ningún estadounidense debe pasar sus mejores años a la merced de las compañías de seguro médico. Deben jubilarse con el cuidado y la dignidad que se merecen. Sí, vamos a reformar y a reforzar Medicare para el largo camino pero lo haremos reduciendo el costo del cuidado médico– no pidiendo que las personas de la tercera edad paguen miles de dólares más. Y vamos a retener la promesa del Seguro Social tomando los pasos responsables para reforzarlo- no entregándoselo a Wall Street.

Esta es la decisión que enfrentamos.  De esto se trata esta elección. Una y otra vez, nuestros adversarios nos han dicho que recortes de impuestos más amplios y menos regulaciones son la única opción; que como el gobierno no puede hacer todo, debe hacer casi nada.  Y que si no puedes pagar por un seguro médico, pídele a Dios que no te enfermes. Y que si una compañía contamina el aire que nuestros niños respiran, pues, ese es el precio del progreso. Si usted no puede financiar el inicio de su negocio, o pagar una educación universitaria, siga el consejo de mi contrincante y “pídanle dinero prestado a sus padres”

¿Saben qué? Nosotros no somos así, nuestro país no es así. Como estadounidenses, creemos que somos dotados por nuestro Creador con ciertos derechos inalienables -los derechos que ningún hombre o gobierno nos puede quitar. Insistimos en la responsabilidad personal y celebramos el esfuerzo individual. No tenemos el derecho al éxito—hay que ganarlo. Honramos a los luchadores, a los soñadores, a aquellos que toman riesgos- que siempre han sido la fuerza que impulsa a nuestro sistema de libre empresa- el motor más grande del crecimiento y prosperidad que el mundo ha conocido.

Pero también creemos en algo que se llama la ciudadanía – una palabra que fue el centro de nuestra fundación, es la esencia de nuestra democracia, la idea que este país sólo funciona cuando todos aceptamos ciertas obligaciones hacia nuestros prójimos y hacia las generaciones futuras.

Creemos que cuando un presidente de una empresa automotriz les paga a sus trabajadores lo suficiente para comprar los coches que ellos construyen, toda la compañía gana.

Creemos que cuando una familia no puede ser engañada al firmar una hipoteca que no puede pagar, esa familia es protegida y también se protege el valor de los hogares de los demás, y también se protege toda la economía.

Creemos que la niña a la cual se le ofrece un escape de la pobreza gracias a una gran maestra o a una beca universitaria puede convertirse en la próxima fundadora de Google, o la científica que cura el cáncer, o la Presidente de los Estados Unidos—y tenemos el poder para darle esa oportunidad.

Sabemos que iglesias y organizaciones benéficas pueden marcar una diferencia más grande que un programa en contra de la pobreza. No queremos darles favores a aquellos que no quieren trabajar por su propio bien ni queremos rescates para bancos que no siguen las reglas. No pensamos que el gobierno puede solucionar todos nuestros problemas.  Pero tampoco creemos que el gobierno sea la fuente de todos los problemas—o que tampoco lo son, los beneficiarios de asistencia social, o las corporaciones, o los sindicatos, o los inmigrantes, o los gays, o cualquier otro grupo que dicen que es el culpable por todos nuestros problemas.

 

Porque entendemos que esta democracia es nuestra.

Nosotros, los ciudadanos, reconocemos que tenemos responsabilidades al igual que derechos; que hay un vínculo entre nuestros destinos; que una libertad que sólo pregunta, “¿qué hay para mi?, una libertad sin compromiso a los demás, una libertad sin amor o caridad u obligación o patriotismo, no es digna de los ideales en los que se fundó este país, y de aquellos que murieron defendiéndolo.

Como ciudadanos, entendemos que Estados Unidos no se trata de lo que se puede hacer por nosotros. Se trata de lo que podemos hacer, juntos, a través del trabajo duro, trabajo frustrante, pero necesario, el trabajo de auto-gobernarse.

Como ven, hace cuatro años, la elección no se trataba de mí. Se trataba de ustedes. Ciudadanos compañeros, ustedes eran el cambio.

Ustedes son la razón por la cual una niña con un defecto cardiaco en Phoenix recibirá la cirugía que necesita porque una compañía de seguro médico no puede limitar su cobertura. Ustedes lograron eso.

Ustedes son la razón por la cual un joven en Colorado, que nunca pensó que podía pagar por cumplir su sueño de hacerse doctor, está a punto de cumplirlo. Ustedes lo hicieron posible.

Ustedes son la razón por la cual una joven inmigrante que se crio aquí, que se educó aquí, y que hizo un juramento a nuestra bandera, no será deportada del único país que conoce como su hogar; la razón por la cual no expulsaremos a soldados altruistas de nuestras fuerzas armadas por ser quienes son o por amar a quienes aman; la razón por la cual miles de familias por fin pueden decirles a sus valientes seres queridos: “Bienvenidos a casa.”

Si dan la espalda en este momento—si creen en el cinismo que dice que el cambio por el cual luchamos no es posible…pues, ese cambio no se dará. Si no creen que su voz puede marcar la diferencia, pues otras voces serán las que se escucharán: las de cabilderos e intereses especiales; las personas con cheques de 10 millones de dólares que quieren comprar esta elección y que hacen que ejercer su voto sea más difícil; los políticos de Washington que quieren dictar con quién se casarán, o controlar las decisiones que las mujeres pueden tomas sobre su propia salud.

Ustedes son los únicos que pueden asegurarse de que esto ocurra. Ustedes son los únicos con el poder de llevarnos para adelante.

Reconozco que mucho ha cambiado desde la primera vez que me dirigí a esta convención. El mundo ha cambiado—y también yo he cambiado.

Ya no soy solamente un candidato. Soy el Presidente. Sé lo que significa mandar a estadounidenses a la guerra, porque he abrazado a madres y padres cuyos hijos no regresaron a casa. He compartido el dolor de familias que perdieron sus casas, y las frustraciones de trabajadores que perdieron sus trabajos. Si los críticos aciertan cuando dicen que tomo mis decisiones en base a las encuestas, entonces significa que no sé interpretarlas muy bien. Y, mientras siento orgullo por lo que hemos logrado, estoy aún más consciente de mis fallas, conozco exactamente lo que Lincoln quiso decir cuando dijo, “La convicción aplastante de que ya no tengo a donde ir, me ha dejado en rodillas varias veces.”

Pero parado aquí esta noche, frente a ustedes, nunca he sentido más esperanza por los Estados Unidos. No porque yo pretendo tener todas las respuestas. No porque no entienda por completo la enormidad de los retos.

 

Tengo esperanza gracias a ustedes.

La mujer que conocí en una feria de ciencia que ganó un reconocimiento nacional por su investigación en el campo de biología, mientras vivía con su familia en un refugio para desamparados—ella me da esperanza.

 

El trabajador en la industria automotriz que se ganó la lotería después de que casi se cerró la fábrica donde trabajaba, pero que siguió presentándose en su trabajo cada día, y compró banderas para toda la ciudad y uno de los carros que ayudó a construir para sorprender a su esposa—él me da esperanza.

El negocio familiar en Warroad, Minnesota que no corrió a ni uno de sus cuatro mil empleados durante la recesión, aun cuando su competencia cerró decenas de fábricas, aun si significaba que los dueños tenían que hacer sin algunos de sus beneficios y sueldo—porque entendieron que su más importante inversión era su comunidad  y los trabajadores que les ayudaron a construir ese negocio—ellos me dan esperanza.

Y aquel joven marinero que conocí en el hospital Walter Reed, que se recuperaba de un ataque de granada que resultó en la amputación de su pierna. Hace seis meses, yo lo vi entrar a una cena en la Casa Blanca en honor a aquellos que sirvieron en Irak, alto, portando 20 libras extra, guapo en su uniforme, con una enorme sonrisa en el rostro, con paso seguro gracias a su nueva pierna. Y me acordé como, unos meses después, en un día de primavera brillante, lo vi montado en una bicicleta, en una carrera con otros compañeros lesionados, inspirando a los héroes que apenas comenzaban el camino difícil que él había recorrido.

 

Él me da esperanza.

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No sé a que partido pertenecen estas mujeres y estos hombres. No sé si votarán por mí. Pero sé que su espíritu nos define. Me recuerdan, en las palabras de las Sagradas Escrituras, que nuestro futuro es uno lleno de esperanza.

Y si ustedes comparten esa fe conmigo- si es que comparten esta esperanza conmigo- esta noche les pido su voto.

Si rechazan la noción de que la promesa de esta nación está reservada para unos cuantos, su voz será escuchada en esta elección.

Si es que rechazan la noción de que nuestro gobierno está por siempre sujeto para el mejor postor, necesitan levantarse en esta elección

Si usted cree que nuestras plantas y nuestras fabricas pueden popular el paisaje; que nueva energía puede propulsar nuestro futuro; que nuevas escuelas pueden proveer las escaleras de la oportunidad a esta nación de soñadores; si usted cree en un país en donde todos tienen las mismas oportunidades, y donde todos hacen su parte, y donde todos juegan por las mismas reglas, entonces necesito que voten este noviembre.

Estados Unidos, nunca dije que este viaje iba a ser fácil, y no voy a prometer eso ahora. Sí, nuestro camino es más difícil- pero nos lleva a un lugar mejor. Sí, nuestro camino es mas largo- pero viajamos juntos. No nos vamos a dar la vuelta. Vamos a ayudarnos unos a otros. Vamos a sacar nuestras fuerzas de nuestras victorias, y vamos a aprender de nuestros errores, pero vamos a tener nuestra mirada puesta en el horizonte distante, sabiendo que la Divina Providencia está con nosotros, y que ciertamente estamos bendecidos de ser ciudadanos de esta gran nación en la Tierra.

Gracias, y que Dios los bendiga, y que Dios bendiga a los Estados Unidos

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