Obama vs Romney y los intríngulis de la democracia formal

Por Alejandro L. Perdomo Aguilera

Luego de haber pasado unos días del reality shows de las convenciones republicana y demócrata, valen la pena algunas consideraciones respecto a esta obra de la democracia formal. En los últimos días, la oleada de desgracias que ha invadido el escenario político estadounidense -entre las que se destacan el Huracán Isaac y la reacción exterior a la controvertida película anti-musulmana- parecen facilitar el fortalecimiento de la figura de Obama.

Incluso antes de que el presidente pronunciara el discurso de clausura de la Convención, se presentaron algunos elementos que señalan la posible estructura de un segundo mandato demócrata. Entre ellos llama la atención el discurso sobre política exterior, encargado a J. Kerry, evidenciándose la posibilidad de esta figura como sustituto de Hillary Clinton en el Departamento de Estado; puesto que la esposa de Bill Clinton, consideró oportuno visitar a China en plena Convención.

El guión del evento fue selecto como una partida de ajedrez. Entre oradores negros y latinos, artistas de Hollywood y otros atractivos televisivos, fueron matizadas las noches demócratas; evidenciando la compleja propaganda en que se empaqueta la Marca Demócrata en las pantallas de los ciudadanos estadounidenses.

Siguiendo esos objetivos, Obama se apoyó en la popularidad del alcalde de San Antonio, Julián Castro, como principal anzuelo al voto latino. El joven político le preparó el podio al presidente en un encendido discurso donde, entre otros argumentos, se presentaba como el modelo a seguir para lograr el american way of life. El símbolo de Castro continuó durante toda la Convención, en un intento por transferir a través de su imagen, el apoyo latino a los demócratas.

La Primera Dama, por su parte, supo mostrar superioridad sobre la esposa de Romney, quien había recibido el elogio de los medios por su intervención en el escenario republicano. No obstante, Michelle supo recolocarse como referente para atraer el voto femenino, el de los latinos, los negros –mal llamados afroamericanos- y los homosexuales; reconociendo en estos sectores los puntos más débiles del partido opositor.

Sin embargo, el trabajo en favor del voto de los independientes pareció insuficiente en ambos partidos, quienes se concentraron más en afianzar los sectores que deben considerarse como el electorado más seguro, y no enfatizaron en aquellos puntos que pueden atraer a los independientes.

Además de la consabida estructura populista, se pretendió consolidar la continuidad demócrata mediante videos de la familia Kennedy y, en particular, un especial sobre Ted Kennedy, donde desarmaba a Mitt Romney en un debate político de antaño. Posteriormente, el ex presidente Clinton argumentó el pésimo estado en que había dejado al país los dos períodos de mala administración republicana (G.W. Bush), así como aquellos aspectos que hacían de Obama la figura más conocedora de los problemas presentes y, por tanto, la más facultada para dirigir su “solución”. Asimismo, reconoció que el proceso de la revitalización económica debía verse como un fenómeno de varios años y no como obra de unos meses, tema que intentó apuntalarse durante todo el evento, como la gran justificación para que se le confiara a Barack Obama un segundo mandato.

De esta forma quedó el escenario listo para el Presidente, que estuvo favorecido por un equipo de asesores conocedores de los medios y las artes de la comunicación. Quizás por ello no se ocultó en reconocer, que el discurso del cambio y el yes we can no convencen ya, sin ofrecerle al electorado una parte de las realidades que deberán enfrentar en los próximos años.

En ese sentido, el líder demócrata intentó vender optimismo ante los problemas económicos del país, particularmente del empleo, el descenso del nivel de vida de la clase media y la desilusión de los jóvenes e inmigrantes que le concedieron su voto en 2008; lo cual permanecerá entre los principales retos a saldar en lo que queda de campaña.

De manera general, el discurso de Obama estuvo plagado de promesas y alegorías para incentivar a los sectores más desfavorecidos por los republicanos (los latinos, las mujeres, los negros y los gays). Conocedor del valor de los instrumentos políticos, diplomáticos e informacionales, como pilares del desarrollo de una Administración más creíble; realizó un breve balance sobre el uso de los instrumentos del poderío nacional de los EE.UU., en sus 4 años de mandato. Con ello, definió como renglón básico de trabajo -para un nuevo período- la inversión en el desarrollo científico-tecnológico, como una necesidad para promover la competitividad y mantener el liderazgo global.

En ese mismo camino, prometió reformas en el sector de la educación, para el mejoramiento de la calidad y el acceso al estudio, en aras de calificar y hacer más competente a la fuerza laboral. Como otro paso para la prosperidad económica, anunció un recorte de los gastos militares, lo que permitiría aumentar los fondos en la revitalización de la economía y así proveer mayores fuentes de empleo.

Conociendo los puntos débiles de su campaña, explicó las posibilidades que otorgarían estas medidas a los inmigrantes, los jóvenes y la clase media, en una extendida arenga hacia el rescate del llamado american dream. Siguiendo los objetivos claves para a atracción del electorado, se refirió a la recuperación de los sectores de la energía; recalcando las inversiones en la educación, la ciencia y la tecnología, como aspectos medulares de un proyecto político que apuesta por la economía del conocimiento.

En el orden cultural, se hizo apoyar de varias figuras de Hollywood como Eva Longoria, Scarlet Johanson, Kerry Washington y Terry White. Confirmando su éxito en cuanto a imagen pública y uso atinado de los medios, desplegó un gran activismo en las redes sociales. En este ámbito Obama ha salido airoso, pues sus asesores se ocuparon –tempranamente- de boicotear el discurso de Romney de la convención republicana desde la red de redes. Por otra parte, la falta de carisma político de la fórmula Romney-Ryan, el discurso ultraconservador y la pobreza estética que presentaron en esa actividad, le hicieron el camino más fácil a los demócratas.

Obama y Biden, por el contrario, se mostraron sólidos en sus discursos, que aunque sin ahondar tampoco en las formas de llegar a los fines, parecieron más convincentes. Por otra parte, los shows divisionistas en torno a Ron Paul y Romney, unido a las desmesuradas declaraciones de varios políticos republicanos, hicieron ver más unido al partido demócrata. Estas diferencias provocaron cambios en la percepción de los ciudadanos, lo cual ha sido relejado en el favoritismo demócrata de las últimas encuestas.

En política exterior, Obama se refirió a sus “logros” contra la Libia de Gadafi y el asesinato a Osama Bin Laden, para felicitarse por haber dirigido una de las administraciones demócratas más militaristas de las últimas décadas. En este aspecto, aprovechó las fallas del partido republicano, para hacer un tributo a los veteranos de guerra y de paso ridiculizar a Romney, al desconocer las declaraciones de este respecto a Rusia, precisando: “(…) no se le considera a Rusia nuestro enemigo número uno, en lugar de Al Qaeda, a menos que uno esté atrapado en los tiempos de la Guerra Fría”.

También se refirió a Afganistán, asegurando sin muchas pruebas: “Frenamos en seco el avance del Talibán en Afganistán y, en 2014, nuestra guerra más larga habrá terminado. Una nueva torre se erige sobre el horizonte de Nueva York, Al Qaeda va camino de la derrota y Osama Bin Laden está muerto”

Continuando el sendero de las debilidades del oponente, abordó el tema de los dreamers marcando diferencias con la actuación xenófoba de los republicanos respecto a los inmigrantes. Asimismo se refirió al seguro médico, exponiendo las mejoras a la seguridad social y la salud que brindarían sus reformas, como un gancho para la clase trabajadora. Siguiendo la lógica de estropear el prestigio empresarial de Romney, se invitó a trabajadores de las empresas del candidato republicano, para desmitificar sus éxitos de empresariales y poner en duda la procedencia de sus millones.

Obama precisó que en estas elecciones existen dos “visiones fundamentalmente distintas” para EE.UU., cosa que en formas puede ser cierto pero en esencia resulta una falacia. La realidad, por más avasalladora que parezca es que la élite del poder es la que gobierna ese país y el poder político del ejecutivo resulta nominal, ante el poderío económico transnacional de la clase dominante. Por estas razones, sean republicanos o demócratas, sistémicamente, las élites definen sus intereses y los expresan como estratégicos, mediante los instrumentos del poderío nacional de los EE.UU.

Si bien los demócratas presentan un discurso más “liberal”, la esencia de los problemas que enfrenta ese país y que el presidente pidió tiempo para corregir, no se deben a formas sino a problemas estructurales. No obstante, la opción demócrata se muestra más racional ante los tiempos que corren y más tolerante para la mayoría de sus ciudadanos.

Sobre los votantes independiente Obama intentó razonar, detallando porque elegirlo a él resultaba la mejor opción, aunque los 4 años de desgaste en el gobierno le harán el camino más difícil. No obstante, aprovechó la popularidad que ha tenido la propuesta de aumento de impuestos para los más ricos, intentando demostrar que trabajarían para la clase media y no para la privilegiada.

Las coberturas televisivas, por su parte, se dedicaron más a explicar lo que pasaba en las Convenciones, a través de entrevistas a asesores y políticos, que a permitirle al pueblo estadounidense ver con sus propios ojos todo lo que allí se desarrollaba. Evidentemente la censura y las influencias resultan imprescindibles en cualquier espacio del reality show de la democracia formal.

La gran incógnita resulta entonces, sí el ciudadano estadounidense le será suficiente el vago camino que trazó Obama hacia el futuro ó la falsa idolatría al “genio” empresarial republicano.

 

Conclusiones

Entre los puntos centrales del discurso de Obama pudieran señalarse, la reducción del déficit, el desarrollo de la economía del conocimiento y, como colofón, la ansiada recuperación económica. Entre los que llamó objetivos concretos pero concretamente no definió cómo lograrlos están: la creación de un millón de nuevos empleos en el sector manufacturero al cerrar el 2016, así como la duplicación las exportaciones antes del 2015 y la reducción del déficit federal en cuatro billones de dólares durante la siguiente década. Asimismo prometió para el 2020, la reducción a la mitad de las importaciones de petróleo y la creación de 600 mil trabajos en la industria de gas natural. Para es misma fecha, vaticinó la reducción en un 50 por ciento los costos de las matrículas para la educación universitaria y la atracción de 100 mil maestros de matemáticas y ciencias.

Las propuestas de los dreamers y las mejoras en el sector de la educación y la salud, se orientan en línea con la inversión en la economía del conocimiento. Esta inversión para el desarrollo a largo plazo, constituye un puntal de la economía mundial, y Obama conoce la vitalidad de liderar este renglón, a la vez que remarca las diferencias con la posición republicana.

Quizá en este último aspecto todo ha girado a favor de Obama. El huracán Isaac le permitió marcar diferencia sobre W. Bush durante la catástrofe del Katrina. A Obama no le fue difícil mostrarse más activo y responsable de lo que ocurría, lo que le posibilitó recortarle espacio a la convención republicana, que se vio mediatizada sobre todo el primer día por la entrada del Huracán. Otro punto a favor de Obama ha sido la derechización del partido republicano, con el surgimiento de líderes ultra conservadores, que atemorizan a los independientes y crean motivos para hacer el ridículo frente a los demócratas.

De igual manera, el fanatismo republicano ha conllevado a enfatizar temas donde los demócratas pueden competir con mayor soltura, contra las posiciones republicanas respecto a los inmigrantes, el aborto, la familia y la política exterior.

En esta lucha, Obama afirmó que la opción no será entre dos candidatos o dos partidos y es allí donde está la gran limitante pues no tiene el poder para un cambio tal, ni debe pretenderlo. Los 4 años de su Administración han denotado cambios formales en elementos que no afectan estructuralmente el sistema y el resto ha sido continuidad.

Haciendo un balance de ambas convenciones, hubo varios puntos de coincidencias. Entre ellos se destacan el chovinismo, el sentimiento y presunción de EE.UU. como líder e impulsor de la democracia, la libertad y los valores a nivel global. Finalmente, queda en el imaginario el peligro de que unas elecciones tan importantes para el mundo; por la trascendencia internacional que tienen las decisiones de la clase dominante de ese país, quede a la suerte de las estadísticas económicas de último momento y la manipulación mediática de las grandes transnacionales de la comunicación.

Más allá de la mediatización, del carisma de los oradores y las plataformas presentadas, el cierre de las convenciones denotó un estado de crisis política en el sistema norteamericano. Las dificultades económicas que enfrenta el país, y la incertidumbre sobre la salida a los mismos, refleja un panorama donde ambos contendientes intentan ofrecer el proyecto más seguro para el futuro del Imperio; aunque ninguno explique el camino hacia las metas que prometen.

Independientemente de los matices y las formas que empleen para lograrlo, existe un elemento común entre ambas figuras y partidos; que es la pervivencia del liderazgo estadounidense y la consolidación de los intereses de la clase dominante. En este sentido, se continuarán articulando los instrumentos del poderío nacional para mantener el predominio mundial. Por tales razones, el señor Obama no podrá hacer más que lo mismo, si bien un último mandato le otorgaría mayores “libertades”, al no tener la presión de otra reelección, los compromisos concertados y los problemas en un Congreso, presumiblemente sin la mayoría, no serán inferiores.

Respecto a la seguridad nacional, Obama abogó por re-dirigir los gastos militares que se redujeran, para la recuperación económica, aunque se sabe que ello no significa que se eliminarán las amenazas de guerras alrededor del mundo. No obstante, el llamado Presidente 2.0 precisó: “ (…) después de dos guerras que nos han costado miles de vidas y más de un billón de dólares (americanos), es tiempo de hacer algo de construcción de nación aquí”. Ojala, quisiera el mundo, que las palabras del utópico Premio Nobel de la Paz sean sentencia en el Pentágono, al menos, sino para lograr revitalizar la primera economía global, sí para que el mundo tenga algo más de paz.

Y así sigue el paladín de la democracia formal hasta las elecciones presidenciales, claro que se contará con el entretenido combate de los debates vice y presidenciales y las maratónicas entrevistas de Univisión sobre temas latinos, donde Obama y Romney se defenderán, entre los intríngulis mediáticos de la democracia formal.

Fuente: ARGENPRESS.Info

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