Vargas Llosa habla sobre literatura y política en Washington

Foto: Lenin Nolly

El laureado escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Premio Nóbel de la Literatura, habló el fin de semana en la Feria del Libro en Washington de su frustrado sueño de convertirse en presidente y de la reclusión que se impone para escribir, ya sea en su casa, sin llamadas telefónicas que podrían interrumpir su inspiración o rodeado de libros en el silencio de una biblioteca.

En caso de haber ganado los comicios frente a su entonces rival Alberto Fujimori, probablemente “no hubiera escrito, solo notas políticas”, dijo Llosa en su conversación en inglés en una de las carpas en la explanada de Washington ante el numeroso público que se agolpaba en el lugar para escucharlo.

Poco antes de su presentación – acompañado de su hijo Álvaro y del cineasta Lucho Llosa – autografió varios libros de sus famosas obras que incluyen Pantaleón y las visitadoras, La guerra del fin del mundo y su más reciente, El sueño del celta.

Vargas Llosa dice que la política puede sacar “lo peor y lo mejor de una persona” en momentos en que su país enfrentaba una especie de “guerra civil” por el terrorismo además de la crisis económica, pero ahora se mostró mas optimista al afirmar que en Perú el sistema democrático “se respeta” y que el país se ha abierto al mundo con la libre empresa.

El escritor peruano relató que el Premio Nóbel fue al comienzo como un “cuento de hadas” por todos los reconocimientos en el mundo, pero que un año después se convirtió en una “pesadilla” por las numerosas invitaciones a ferias de libro y universidades, lo cual le dificulta hacer lo que más le gusta: escribir.

El autor de La tía Julia y el escribidor y La fiesta del chivo explicó que para inspirarse en cuando está inscribiendo un libro, le gusta ir a los lugares, entrevistar a las personas e investigar, aunque no desde el punto de vista de un historiador o científico social. En general, indicó que tiene una idea general del final, pero mientras desarrolla la obra señaló que los personajes van cobrando vida propia hasta el punto que adquieren una independencia, “se emancipan parcialmente del autor”, quien a su vez se convierte en un intermediario.

Reconoció que ha tenido suerte en tener a su lado a su esposa Patricia, a quien calificó como “una mujer fantástica y extremadamente generosa” que realiza las tareas familiares. “Yo escribo y ella hace el resto”, afirmó Vargas Llosa, quien dijo que cuando pronunció su discurso de aceptación del Premio Nóbel se emocionó hasta las lágrimas. “Usualmente controlo mis emociones, pero me emocioné y empecé a llorar”, indicó el escritor, que señaló que jamás pensó en ganar ese codiciado galardón y que más bien se sentía “totalmente descalificado” para merecerlo.

Con respecto a su padre, recordó que su progenitor relacionaba la bohemia con su vocación de escritor. Así que su manera de resistir a su autoridad fue escribiendo. Su padre incluso lo enroló en las fuerzas militares para erradicar su vocación literaria. “Pero lo que me dio fue material” para uno de sus libros. Vargas Llosa recomendó a su público a que siga la vocación a la que se siente llamado y que consagren su vida a lo que aman. No hay mayor infelicidad que hacer lo que no te gusta, y no tener tiempo de hacer lo que te gusta, afirmó.

Uno de los asistentes que formuló preguntas al escritor fue el arequipeño Warren George Begazo, residente en Maryland, quien se mostró satisfecho con la respuesta sobre los avances democráticos de Perú.

– Santiago David Távara

 

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