En EE.UU. compiten dos tiburones, no un delfín y un tiburón

Por Emilio Marín

El 6 de noviembre se vota en Estados Unidos. El demócrata Obama va por la reelección y el republicano Rommey quiere ocupar el Salón Oval. Dudas en la región sobre cuáles pueden ser los beneficios. Compiten dos tiburones.

La del martes 6 de noviembre va a ser una elección reñida entre los dos partidos del sistema norteamericano que presume de hiper-democrático y pluralista por excelencia. Las encuestas han venido dando un par de puntos a favor de uno u otro candidato, en un sentido u otro por circunstancias de la política doméstica, sobre todo del frente económico, y en mucha menor medida por la situación internacional.

Cuando las mediciones arrojaban una luz de ventaja para el ex gobernador de Massachusetts, Mitt Rommey, los demócratas se encargaban de recordar que en el sistema estadounidense no importan tanto los votos directos de la población cuanto los del Colegio Electoral. Y para dar más fuerza al argumento, planteaban que en el año 2000 el demócrata Al Gore obtuvo más sufragios que George W. Bush. Sin embargo éste se alzó con la victoria merced a algunos votos de más en el Colegio Electoral, luego de un polémico escrutinio en el estado de Florida, capital de los grupos cubano-americanos más recalcitrantes. Recién allí se despejó el triunfo del republicano que venía de gobernar Texas.

 

Ventaja

Esa pequeña ventaja para Rommey se dio por cierta luego del primer debate televisado entre los dos contendientes, a principios de octubre, en Denver, Colorado. Allí apareció un presidente con pocos argumentos frente al embate del opositor, que hizo hincapié en que la clase media está ahora bastante peor que cuatro años atrás.

Sin embargo, si es por el impacto de esos debates vistos por TV hasta por 60 o 70 millones de personas, al menos en una parte de su desarrollo, se sabe que luego Obama revirtió el resultado. Hubo dos discusiones televisadas más, la segunda en la Universidad de Hofstra, estado de Nueva York, el 17 de octubre, también sobre cuestiones de política y economía. La tercera, el lunes 22, fue en Boca Ratón, La Florida, y giró sobre asuntos de política internacional.

En el segundo match, pero sobre todo en el tercero y último, todas las valoraciones coincidieron en que el presidente había ganado con claridad. No es que Obama sea en materia internacional un consumado estadista, pero tiene mayor conocimiento y experiencia que su rival, quien cometió errores imperdonables.

Entre esas gaffes, acusó equivocadamente al mandatario de haber demorado dos semanas en condenar el atentado terrorista donde murió Christopher Stevens, embajador norteamericano en Benghazi, Libia. Resulta que el pronunciamiento había sido en el acto. Luego volvió a quedar en ridículo cuando acusó al presidente de tener un plan de insuficiente rearme, en un mundo hostil, criticando que hoy el país cuenta con menos barcos que en 1916. Obama no le perdonó tan liviana opinión, recordándole, con ironía: “Claro, gobernador. También tenemos menos caballos y bayonetas. El mundo ha cambiado”.

Se puede y se deben criticar muchas cosas de la superpotencia, pero no justamente que no tenga numerosas armas de exterminio en tierra, mar y cielos. Al contrario, tiene en exceso. Muchos pueblos lo sufren en carne propia.

 

Elección pareja

De los últimos sondeos, uno de RealClearPolitics, surge que los dos candidatos tienen una intención de voto empatada, del 47,8 por ciento. Se sabe que en algunos estados importantes, como California y Nueva York, ganaría el demócrata y que en Texas el republicano. Una decena de estados tienen un resultado oscilante y eso explica que en estos últimos días las dos campañas estén gastando fortunas en esas plazas. Llevan a los presidenciables a uno y otro punto, en un tour acelerado por disputar los votos de los indecisos.

Que Colorado votaría a Rommey, que Ohio lo haría por su rival, que en Florida no se sabe con exactitud, porque la fuerte y radicalizada hacia la derecha comunidad cubano-americana votará por el republicano, pero en ese estado también hay muchos latinos (y hay estudios que afirman que hasta el 65 de estos 12 millones de ciudadanos tiene preferencias por el actual presidente). Y así de seguido, en una frenética carrera de obstáculos hacia la Casa Blanca.

 

Confianzas

Las matemáticas dicen que para ganar el turno de cuatro años hacen falta 270 votos del Colegio Electoral. A Obama lo secunda el actual vice, Joe Biden, y a su rival lo acompaña Paul Ryan, un joven representante del ala más reaccionaria republicana, titular de la Comisión de Presupuesto de la Cámara. Ryan es un cuadro cercano al extremista Tea Party y autor en ese ámbito parlamentario de varios planes de recorte del gasto social que hacen temblar a diversos sectores sociales humildes, los sindicatos, la clase media, los ancianos y los obispos católicos, entre muchos más.

 

Cada uno de los exponentes del bipartidismo tiene razones para sentirse optimista.

Rommey, como lo planteó en el debate de Colorado, se sintió con confianza para pasar a la ofensiva recordando la mala situación económica que atraviesan muchos ciudadanos. Es una carta valiosa en una elección ubicada en medio de la crisis detonada en Wall Street en setiembre de 2008.

Sin embargo, el republicano no es el más indicado para representar a los más débiles que sufren los cimbronazos del capitalismo, pues es un empresario e inversionista devenido en político y gobernador. Su fondo Bain Capital es sinónimo del capitalismo parasitario y especulativo que generó la catástrofe. ¿Cómo confiar en que fuera parte de la solución?

A Rommey se le escaparon varias opiniones despreciativas sobre los humildes, que no serían su prioridad. Además, a candidatos de su mismo palo en varios estados se les conocieron expresiones contrarias al aborto, incluso en caso de violación, incesto o riesgo de muerte para la mujer. “Violaciones legítimas”, dijo un republicano. Otro, Richard Mourdock, candidato a senador por Indiana, declaró que “incluso cuando la vida comienza en una situación horrible de violación, es algo que Dios quería que pasara”.

 

Antipopular

La política de Rommey, relativamente maquillada a lo largo de la campaña y las declaraciones, tiene un sentido antipopular: ajustes presupuestarios y del gasto público, mayor gasto en Defensa, endurecimiento del bloqueo a Cuba, programas antiabortistas y un largo etcétera. Es un tiburón de aguas profundas, que tiene gran parte de su fortuna eludiendo impuestos en paraísos fiscales como las islas Vírgenes.

¿Acaso eso ubica a Obama como un amigable delfín, bondadoso, juguetón incluso con los niños? No. A la luz de los cuatro años transcurridos de su mandato, él también califica como tiburón.

Se dedicó a apalancar a los bancos y grandes empresas que habían provocado la crisis, concediendo subsidios y créditos a granel. Como muchos de sus colegas presidentes de otros países del mundo, el afroamericano tampoco impuso controles del Estado a esos capitales especulativos ni reformó el Fondo Monetario Internacional ni el Banco Mundial, todos organismos pendientes de la última palabra del Departamento del Tesoro y la Reserva Federal.

Por eso es que el último informe de la Organización Internacional del Trabajo dio cuenta de 30 millones de desocupados al compás de la crisis actual, con otros 7 millones que engrosarán ese triste récord a finales de este año. Esto llevó la cifra de desocupados en el planeta a más de 200 millones de seres humanos. Obama no es el único responsable de esa calamidad, pero seguro que está entre los principales.

 

Uno y uno

En el primer debate televisado, Rommey dijo que si sigue este presidente la deuda pública estadounidense en cuatro años llegará a 20 billones (millones de millones) de dólares. Sea esa la cifra correcta o una menor, lo único confirmado es que quienes tendrán que pagarla -por diversas vías- serán muchos de los pueblos del mundo y los sectores sociales menos pudientes de Estados Unidos.

Ya se mencionó que es verdad que hoy el imperio tiene menos caballos y bayonetas. Eso sí, tiene muchísimas más ojivas nucleares, misiles, bases militares desparramadas por el mundo, bombarderos, portaaviones, drones (aviones no tripulados) y toda una parafernalia bélica que continúa empleando en Irak y Afganistán, con probables usos en el futuro en Siria, Irán, etc.

Que están en competencia dos tiburones, y no un delfín y un tiburón, se notó en el tercer debate, sobre política internacional. Allí las coincidencias de ambos sobrepasaron ampliamente las diferencias. Por ejemplo, el tema de América Latina ni fue ni mencionado en la discusión. No están agendados eventuales cambios en la política de bloqueo total hacia Cuba, ni en uno ni otro candidato, lo que tiene relación con la disputa de ambos por el voto miamense. Obama no cerró la cárcel ilegal de Guantánamo ni devolvió ese territorio a Cuba, y Rommey no abrió la boca al respecto.

Puede que un escualo “blanco” tenga menos voracidad que el de variedad “tigre”, o sus dientes no tan afilados o su olfato degradado. Pero así y todo, sigue siendo tiburón. Para los latinoamericanos no confundir delfín con el depredador es un asunto de vida o muerte.

Fuente: LA ARENA/ARGENPRESS.Info

 

 

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