Madres centroamericanas hallan pistas de hijas desaparecidas

Por Juan Ramón Ramírez

“Son siete años de búsqueda y no pararé hasta saber de mi hija”. Karla Patricia Pérez, salió de Chinandega, Nicaragua, cuando tenía 30 años. “Lo último que supe de ella fue que estaba en Ciudad Juárez (Chihuahua), fue la última llamada que recibí, me dijo que estaba en un hotel”.

Es el testimonio de Martha Elena Pérez, una madre de 52 años de edad que participa en la caravana del Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM).

Desde 2005 cuando su hija salió con el objetivo de llegar a Estados Unidos, ella se ha hecho cargo de tres hijos y una hija que le dejó. La joven tiene 19 años; Jean Carlo, 16; Kevin Antonio, 12, y Dionisio Antonio, 13 años.

Martha Elena escuchó aquí una noticia alentadora: tres personas le dijeron que recordaron haber visto, semanas antes, a su hija en una ciudad fronteriza del norte. “Dos hombres me dijeron ‘ella es, esa chava es la que va todas las tardes a la plaza’. Se acercó una mujer y dijo ‘sí, es ella’”, contó la madre de Karla.

La coordinación de la caravana tomó los datos para hacer la búsqueda de Karla Patricia. Martha Elena recobró la posibilidad de encontrar a su hija. Advirtió que sus dos nietos y su nieta necesitan a su madre: “Cuando salí a buscarla me dijeron ‘mamá, si la miras dile que la extrañamos, que se venga, que nos hace falta’. Suplico que regrese, la queremos viva, con reales o sin reales, pero viva”.

La caravana hizo una pausa en el camino. Las madres centroamericanas convivieron casi medio día con hombres y mujeres de la Casa del Migrante de esta ciudad. Se apropiaron del comedor y colocaron las fotografías de sus migrantes. Recibieron pistas de dos “desaparecidasLas mujeres, en su mayoría, no desaprovecharon ni un momento para exhibir las imágenes que de sus hijos e hijas cargan junto al pecho. Confían más en los medios de comunicación que en las autoridades, señalaron. La falta de atención, interés y seguimiento hizo que se organizaran nuevamente en caravana.

Martha Sánchez Soler, coordinadora del MMM, explicó que el rompimiento de la comunicación entre las y los migrantes con sus familias de origen se debe principalmente a la pérdida de los datos en el primer asalto o abuso del que son víctimas. Ahí se van los números telefónicos porque se quedan sin documentos.

“Algunos son secuestrados, otros caen en la drogadicción, y aunque escriben por correo o se comunican a las estaciones de radio de sus países, no logran establecer contacto, y la historia se repite, todos es producto de una acción criminal en México y ahí empieza su tragedia; a las mujeres se las llevan para trata”, denunció la activista.

 

Esperanza

Dilma Pilar Escobar Medina, madre de Olga Eldemira Romero Medina, también recibió señales del posible paradero de su hija. Antes de entrar a la Casa del Migrante, en las vías un muchacho le dijo conocer a la persona de la fotografía que porta. Comentó que la vio en un bar del Distrito Federal.

En 2009 “Olga salió a trabajar allá en Honduras, pero ya no regresó, del trabajo se vino (a México). La esperé toda la tarde, la noche y no. Al otro día la busqué en la morgue, hicimos llamadas a todos lados y nada. Quince días después me llamó, estaba en Tapachula, Chiapas, y me dijo que encontró una buena patrona, que no llorara porque me iba a hacer daño”.

“‘No se preocupe, para usted y los niños voy a trabajar’, me dijo mi hija. Tres meses me estuvo mandando dinero. El 27 de enero de 2010 la llamé, me contó que unas compañeras con las que salió de Honduras la citaron en la plaza para seguir al norte, pero ella apuntó que no iba a ir”, relató Dilma. Ésa fue la última llamada de Olga.

La mujer de 55 años sufre mucho cuando sus nietos Luis Vladimiro, de 10 años, y José Antonio, de 7, y sus nietas Katia Gabriela, de 12, y las gemelas Daniela y Alexander, de 4, le dicen que quieren a su mamá.

El mayor riesgo lo enfrentan las mujeres porque de acuerdo con las estadísticas de las Casas del Migrante de la ruta migratoria en México: 6 de cada 10 son víctimas de violación y muchas también son víctimas de trata.

El MMM se reunió en el Congreso del estado con autoridades en la materia y expusieron que San Luis Potosí es un “foco rojo” por los abusos a las y los migrantes. Hay secuestros, extorsión y trata de personas, detallaron las madres. No hubo más que promesas de legisladores para revisar la situación.

La Comisión Estatal de Derechos Humanos ha detectado que en la ruta del migrante compuesta, en San Luis Potosí, por 21 estaciones del ferrocarril, 10 son las de más riesgo. En las de Arroyos (Villa de Reyes), Aguaje, SLP y Bocas (capital del estado) se cometen más abusos contra migrantes.

Fuente: CIMAC

 

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