Delegados de la ONU enfurecidos se quejan por el manejo del huracán Sandy

Por Stefano Gennarini, J.D.

NUEVA YORK, 9 de noviembre (C-FAM) Los delegados y el personal de la ONU no resultaron inmunes al desastre ocasionado por el huracán Sandy. Esta semana, durante una sesión informativa de la Asamblea General, los representantes de las naciones expresaron su desilusión ante el manejo de la tormenta por parte de los funcionarios de la ONU.

La sede neoyorquina de la ONU cerró durante la peor tormenta que jamás azotó a la Ciudad de Nueva York. El edificio de la ONU, adyacente a East River, sufrió «daños sin precedente», especialmente en las máquinas ubicadas en los sótanos que se inundaron. El miércoles, dos días después del temporal, sólo se realizaron reuniones imprescindibles y hubo un cronograma limitado para el resto de la semana.

La comunicación entre las Naciones Unidas y los delegados de los estados miembros se interrumpió en la noche de la tormenta. Los delegados se esforzaban por obtener información sobre la situación en la sede de la ONU y por saber acerca del plazo para retomar a la actividad.

El lunes, en una sesión informativa para el Comité de Presupuesto de la Asamblea General, el Secretario General Adjunto para Gestión, Yukio Takasu, explicó que los equipos informáticos ubicados en un sótano que se había inundado se habían dañado. Un pequeño incendio forzó el cierre del sistema y cortes de luz afectaron simultáneamente el sistema de copias de seguridad, ubicado en Nueva Jersey. Como consecuencia, la Secretaría de la ONU no pudo comunicarse eficazmente con las delegaciones. El sitio de la ONU no funcionó durante dos días.

El sr. Takasu dijo que aún se desconocen las cifras totales del daño, pero que serían cubiertas, en su mayor parte, por los seguros.

Pese a estas circunstancias extraordinarias, los delegados se sintieron decepcionados  por la Secretaría de la ONU, que supervisa la actividad diaria del equipamiento y de la burocracia de la Organización. Dejando de lado la cordialidad que habitualmente se observa en las reuniones, se desahogaron abiertamente.

El Jefe de Seguridad de la ONU, Gregory Starr, fue regañado públicamente por Mourad Benmehidi, Embajador de Argelia y presidente del Grupo de los 77 y China. «No acepto este análisis en el que el sr. Starr se alaba a sí mismo», dijo el embajador a la Asamblea General. Advirtió: «seamos más humildes al abordar esta situación y estemos más preparados para discutir el asunto».

«Todos sentimos que las Naciones Unidas desaparecieron de la pantalla por un tiempo muy prolongado. Desaparecieron de la pantalla de los estados miembros. Desaparecieron de la pantalla de la Secretaría. Desaparecieron del mundo exterior», explicó. «Se había perdido el contacto con nosotros. No se mencionó a las Naciones Unidas por seis, siete días».

El embajador fue claro en cuanto al nivel que esperaba: «Wall Street abrió. Wall Street cerró. Hemos sido relegados al nivel de las escuelas primarias». Pero expresó sus críticas con humor en cuanto a la crisis experimentada de manera más amplia por la Ciudad de Nueva York. «Hoy es tiempo de manejo de la ira por parte tanto de los miembros como del público más amplio de Nueva York».

Los representantes de Brasil, Dinamarca, la Unión Europea, Costa de Marfil, Japón, México, Pakistán, Rusia y Singapur expresaron inquietudes análogas. Las críticas motivaron que el Secretario General, Ban Ki-moon, hiciera un seguimiento con un informe sobre las «lecciones aprendidas» durante el huracán Sandy.

El temporal también afectó a cientos de empleados de organizaciones que trabajan estrechamente con las Naciones Unidas. Muchos viven en áreas que sufrieron inundaciones, cortes de luz, alteraciones en el transporte público y fallas en los servicios de teléfono y de Internet.

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano

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