Economía informal, la verdadera alternativa de empleo en la crisis

Por Adán Salgado Andrad

Dentro del capitalismo salvaje, la tendencia a crear empleos es contraria a la necesidad de aumentar la producción, así como las ganancias. Es por ello que, por más que se diga que se trate de impulsar la creación de empleos, sobre todo en los llamados países “desarrollados”, es en realidad falso, puesto que lo que se busca es ir incorporando el llamado know how, o sea, las habilidades de los obreros empleadas dentro de la producción, en los instrumentos de trabajo, los cuales se han ido mejorando para dejar al trabajador sólo como una extensión de las máquinas, muchas de las cuales están totalmente automatizadas.

En Estados Unidos, por ejemplo, esa es una marcada estrategia, en donde en los últimos años, el nivel de explotación por obrero empleado, o sea, su rendimiento con respecto al salario pagado, se ha incrementado considerablemente, por lo que ahora cada uno produce mucho más, en promedio, que hace años, además de que su salario ha disminuido relativamente con relación a lo que se percibía hace años (ver en este mismo blog mi artículo: Desempleo en Estados Unidos, agudizada tendencia del capitalismo salvaje del incremento en la desocupación.

A ello hay que sumar que también existe el problema en dicho país de la desindustrialización, es decir, que muchos de los llamados blue collar jobs se ha preferido exportarlos a países con salarios mucho más bajos, como China o México, con la consecuente baja en la creación de empleos en el sector industrial. Basta revisar los sitios estadounidenses que ofrecen trabajos y la mayoría son en el sector servicios, tales como tiendas departamentales, restaurantes de comida rápida, cines… en fin, la clase de empleos que muestran la decadente tendencia de Estados Unidos en todos los aspectos (ver en este mismo blog mi artículo “En busca de los signos de la decadencia estadounidense”:

http://www.argenpress.info/2012/01/en-busca-de-los-signos-de-la-decadencia.htmlargenpres).

Por tal razón, tanto la creación de nuevos empleos es decreciente, o sea, no va en proporción a la población económicamente activa, e igualmente los salarios han ido disminuyendo relativamente con los años en todo el mundo, de tal modo que no es suficiente ya contar con un sueldo para vivir, sobre todo, el llamado salario mínimo, que es el que la mayoría de los trabajadores en el mundo perciben, y es el que se mantiene, por simples razones de ganancia, ya que entre menos le cueste al capital pagar salarios, su plusvalía, o sea, su ganancia, subirá considerablemente.

Así, muchas personas en todo el planeta han elegido trabajar por su cuenta, dado que en la mayoría de los casos, sus ingresos serán mayores a lo que ganarían en una empresa percibiendo el salario mínimo. Aquí en México, por ejemplo, el salario mínimo vigente es de alrededor de 65 pesos por día, menos de 2000 pesos mensuales (considerando que se le pague al trabajador el mes completo). Ese miserable salario ahora será mucho más pírrico, gracias a la llamada “reforma laboral”, la cual castigará todavía más a esas percepciones de muerte, al hacer posible el pago por hora (que sería de $7.50 en las condiciones actuales), así como también someterá a niveles de explotación mucho más bárbaros a toda esa gente.

Y la mayoría de la que elige trabajar por su cuenta, lo hace dentro de la llamada economía informal, la cual día a día tiende a ser más importante, sobre todo en estos tiempos tan difíciles, en los que las contradicciones del capitalismo salvaje y sus constantes, cada vez peores, cíclicas crisis, han llevado a una aguda semi-parálisis de la actividad económica y a una dramática elevación del desempleo a nivel mundial.

Percibiendo la importancia que la economía informal tiene y tendrá en el futuro cercano, el periodista Robert Neuwirth recientemente publicó un libro titulado “El ascenso global de la Economía Informal”, en el cual refiere, justamente, la trascendencia que como posibilidad de creación de empleos implica dicho sector.

Neuwirth considera a la economía informal, tal y como se le toma generalmente, o sea, como una actividad remunerativa que no está controlada por el estado, o sea, no paga impuestos, ni se vale de permisos para ejercerla. Y excluye, también de acuerdo a las normas internacionales, a todas aquellas actividades ilícitas, tales como vendedores de droga, de objetos robados… en fin, las que son criminales, ilegales. Es decir, no entra en la economía informal la venta, por ejemplo, de un arma, pero, sí, la venta de un paquete de pilas o de unos pantalones.

Es muy importante hacer esa aclaración, pues no debe de confundirse la actividad de un vendedor informal, que no está haciendo nada ilegal, pero sí informal, es decir, tolerado, no pagando impuestos, con la de un vendedor de droga o un traficante de personas, pues en estos dos últimos casos, hablamos de actividades meramente criminales. Y éstas, no son defendibles en ningún país

De acuerdo con las estimaciones de Neuwirth, actualmente la economía informal a nivel global es tan importante que su monto anual, estimado como si fuera el PIB de un país, es de $10 billones de dólares (10,000,000,000,000), lo que significa que el valor de la actividad en su conjunto, sería segundo, después de Estados Unidos. Dicha alternativa económica emplea a la mitad de los trabajadores del mundo y para muchos es una actividad permanente, gracias a la cual, perciben un salario más alto y decente que trabajando en una empresa formal, como señalé antes. En el siguiente mapa, se muestra el nivel actual que representa la economía informal en todo el mundo. Como puede apreciarse, es en África y en muchas partes de Latinoamérica, Europa, Rusia y Asia en donde más ha crecido la informalidad, dado que es en esas regiones en donde la proporción de desempleo y pobreza se han incrementado a tales niveles que o las personas buscan cómo sobrevivir o el capitalismo salvaje, dejará, sin mayor preocupación, que literalm

ente mueran. Para el caso de China, por ejemplo, aunque se señala que en ese país, el líder en producción de venta de productos piratas, la informalidad asciende a tan sólo entre 0 y 10%, es muy probable que sea mucho mayor, ya que un importante sector de su población realiza actividades económicas, no sólo vendedores, digamos, sino pequeñas empresas que operan sin los registros y permisos debidos. En suma, puede decirse que en todos los países la informalidad es una alternativa de vida.

Neuwirth se refiere a la economía informal como el Sistema D, puesto que la letra D es la inicial del vocablo francés débrouilllard, que significa ingenioso, sí, referido justo a una persona que usa su ingenio para sobrevivir dentro de este sistema salvaje, en el que los que menos importan son los millones de millones de pobres, en aumento año con año, que buscan una alternativa de vida ante sus enormes carencias.

Y enfatiza que tal alternativa seguirá creciendo puesto que la gente, del nivel económico que sea, necesita seguir consumiendo, alimentándose, vistiéndose… a pesar de las crisis o épocas de bonanza que el sistema presente. Según sus perspectivas, para el año 2020, dos tercios de los trabajadores del planeta estarán dentro de la economía informal.

Claro que para que eso sea posible, para que existan baratijas que sigan alentando tal actividad existe una fuente y dicha fuente es, justamente, China, que se ha convertido en la maquiladora del mundo, con todo y las consecuencias ambientales y la acentuación del autoritarismo, con tal de mantenerla en ese estatus (ver en este mismo blog mi artículo: “El sobrevalorado y anárquico crecimiento económico chino”:

http://www.argenpress.info/2011/02/el-sobrevalorado-y-anarquico.html).

A estas alturas, es claro que los productos chinos, la gran mayoría de dudosa calidad, juegan un papel muy importante en el impulso de la economía informal, pues cuando vemos a alguien ofrecer un producto que quizá necesitemos, como una lámpara, digamos, y si ésta es más barata que una pieza de pan, es suficiente para animarnos a adquirirla, aunque realmente no sea necesaria. Y, claro, con más razón compraremos algo que necesitemos, una herramienta, por ejemplo, si su precio es ridículamente bajo, como aquí, en México, que muchos de esos productos cuestan veinte pesos o menos.

Sin embargo, como señala Neuwirth, no sólo son las baratijas chinas las que alientan la economía informal, sino muchas grandes corporaciones que ven en la venta informal, otro canal de distribución por el que no deben de pagar impuestos. En efecto, es común ver aquí en México, que los vendedores ambulantes, parte sustancial de la informalidad, distribuyan productos de conocidas marcas, como pastas dentales, detergentes, alimentos… los cuales son vendidos “por debajo del agua”, o sea, sin reportarlos, ya que de esa forma, no causan impuestos y son ingresos extras. Incluso, de esa manera se “deshacen” de productos defectuosos, pretextando que, como tienen alguna falla, los deben de vender a menos del costo, y por eso, justifican, no deben de pagar impuestos. Y es en esos casos, también, que la economía informal, los vendedores ambulantes, en este caso, les caen de maravilla.

Neuwirth ejemplifica con el caso de África, en donde se ha desarrollado muchísimo la economía informal, dado que al ser el continente en donde se encuentran los países con los ingresos más bajos del mundo, por necesidad florece la informalidad, pues de otra forma, las necesidades de una población mayoritariamente pobre, no serían satisfechas, ni siquiera las más fundamentales. Menciona el caso de la empresa nigeriana UAC Foods, que se ha extendido por varios países de África occidental. Aunque dicha empresa posee hoteles y restaurantes, también distribuye un producto, un alimento, llamado Gala, que es una empanada de salchicha, muy demandada por su bajo precio, y que sirve muy bien para quitar el hambre. Como ese producto no se vendería en establecimientos formales, la empresa lo distribuye por medio de vendedores ambulantes que lo venden en las calles de muchos países.

Algo similar, en el caso de México, es la venta de los tradicionales tamales, que, en general, es hecha por vendedores informales, los que los preparan y los venden en alguna esquina de alguna calle de tantas que forman miles de ciudades y pueblos del país.

También menciona el caso de la telefonía celular, en donde, dado lo costoso del servicio, en África, la mayoría de la gente adquiere tiempo-aire comprando fichas. Una empresa que percibió tal tendencia y que vende de esa forma el servicio es MIN, la que acapara 40% de la telefonía celular. A sus distribuidores les regala sombrillas en donde se anuncia que en tal sitio se vende tiempo aire (aquí, en México, poco a poco tiende a generalizarse la venta de tiempo-aire por montos pequeños, en lugar de por planes, dada la precarización que sufrimos año con año).

Otro ejemplo que cita es el de los teléfonos celulares dobles, desarrollados especialmente para el mercado africano, los cuales pueden funcionar con dos chips, o sea, pueden operar para dos compañías, pues en caso de que una persona desee hablar al número de una empresa, es más barato que pertenezca a la misma y no llamando desde otra.

Y también se refiere Neuwirth al hecho de la piratería, por ejemplo, que se “copian” productos caros, que se venden a un mucho menor precio. Sin embargo, bastantes empresas, sobre todo chinas, están prefiriendo sacar marcas, digamos, propias, comparables, al menos en presentación, a los productos líderes (aquí, habría que mencionar el hecho de que muchos de los maquiladores chinos, al conocer de principio a fin el proceso para fabricar, por ejemplo, un celular, deciden sacar su propia marca, la que al final es muy parecida al producto que maquilan, como celulares parecidos a un i-phone, supongamos).

Y lo que Neuwirth menciona para el caso africano, muy bien se podría aplicar en México, pues, para comenzar, cada vez son más abundantes los trabajadores que laboran por cuenta propia, sobre todo en la informalidad, que los que lo hacen en empresas registradas o para el gobierno, siendo una muy importante válvula de alivio para nuestras crecientes necesidades de empleo (tan importante es la informalidad, que el desempleo se mantiene digamos que bajo en comparación a países como España, por ejemplo, ya que se toma en cuenta en los censos económicos a las personas que tengan empleo, sea éste informal o no). Y no sólo la informalidad se da aquí en las calles, sino también en pequeñas empresas no registradas, las que se encargan de surtir los productos suministrados por la informalidad (en Ciudad Netzahualcóyotl, por ejemplo, abundan los establecimientos informales de este tipo, que lo mismo fabrican juguetes piratas baratos, que ropa o muchos otros artículos).

Así, en México, hay alrededor de 14 millones de personas en la informalidad, desempeñando una labor que, como ya referí, les permite obtener mejores ingresos que al estar laborando como obrero o empleado.

Y realmente es una situación hasta cómoda para la mafia que gobierna este país, pues de esa manera los planes oficiales para “crear” empleos “formales” se aplazan, dado que la gente ve cómo irla pasando por sus propios medios (ver en este mismo blog mi artículo: “Sorteando la crisis”: http://www.argenpress.info/2008/12/mxico-sorteando-la-crisis.html).

Y abundan los ejemplos de cómo personas de distintos niveles, ocupaciones, nivel educativo… ven en la informalidad una alternativa de vida.

Es el caso de Leticia, quien estudió la carrera de biología en la UNAM, y que obtiene un ingreso aceptable, aplicando uñas de silicón.

“La verdad es que no me va mal… diario aplico dos o tres arreglos, y cobro entre doscientos cincuenta y trescientos pesos”, me comenta. Agrega que le alcanza muy bien para sus gastos y cosas extras. Está estudiando una especialidad y haciendo uñas, se costea todo. “He buscado trabajo, pero no hay… o me pagan muy poco, dando clases, por ejemplo. Por eso mejor voy a seguir con las uñas hasta que encuentre algo mejor”, declara, sin dudarlo. Acude a las casas y se va haciendo de clientas conforme las van recomendando. “Vale mucho que hagas bien tu trabajo, sí”. En efecto, Leticia hace muy bien las uñas, que son de silicón, como dije, a las que aplica colores y finas figuras al gusto de la clienta en turno.

Es claro que la originalidad cuenta en un mercado tan competido, como el arreglo de las uñas, razono (y, en general, diría que es una regla que se aplicaría en cualquier oficio, la originalidad o tratar de hacerlo lo mejor posible, cuenta mucho).

Doña Sara es una señora de 67 años, que toda su vida se ha dedicado a hacer la limpieza en casas, de entrada por salida. “¡Uy… si yo le contara mi vida… pero de esto me he mantenido siempre, de limpiar casas. Antes, estaba de planta, pero eran muchas jodas, pues nunca una descansa, porque siempre los patrones le están pide y pide cosas… y se acuesta muy tarde y se levanta muy temprano”, me platica, muy alegre. “Ya, luego, mejor comencé a trabajar de entrada por salida… y así me la llevo. Sí, también tiene sus dificultades, pues a veces me toca ir muy lejos, pero, pues voy a donde me llamen, no puedo darme el lujo de dejar oportunidades… ya ve cómo está la cosa de difícil… todo tan caro, tanta gente sin trabajo… y aquí me voy a estar, limpiando casas, hasta que el cuerpo aguante”, me dice, en resignado tono. Gana doscientos cincuenta pesos por día y, para su fortuna, en todas las casas le dan de desayunar y de comer y a veces, le ayudan con los pasajes. “Como le digo, pues a ver hasta cuándo puedo darle… pero ahorita lo que me preocupa es que dicen que tengo piedras en la vesícula… y, pues, ahí, sí, a ver qué Dios dice”, agrega, con una reflexiva mirada hacia… hacia un incierto futuro, supongo.

Luis se gana la vida vendiendo cajas para DVD’s, CD’s, DVD’s y similares. “Pues aquí me ves, en chinga todos los días… de las diez a las siete…ocho… a veces me va bien y vendo que quinientos, setecientos pesos… otras veces, nomás vendo doscientos, trescientos… yo me gano cien o trescientos pesos, dependiendo de lo que venda. Pero a la semana me quedan mil quinientos, dos mil pesos. Ésos, no me los gano en una fábrica y por eso sigo en esto”, me cuenta. Aunque, muchas veces, pasa la “camioneta” (los policías encargados de despejar de ambulantes las calles del centro de la ciudad), y tienen que esconder su mercancía, so riesgo de que se las quiten. Cuando eso sucede, ya no puede vender en todo el día. Gajes del oficio, pues.

Sí, son sólo algunos de los problemas enfrentados a diario por millones de trabajadores que en todo el mundo se dedican a la informalidad, siendo sus propios patrones.

Y, en efecto, hasta que el “cuerpo aguante”, será su límite laboral, dado que viven en un sistema que día a día los excluye más y más y los va dejando sin futuro.

Qué bueno que la informalidad les dé esperanzas.

Fuente: ARGENPRESS.Info

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