Obama plantea los frentes de batalla de su segundo mandato

Por Carlos Chirinos

 

En su discurso de toma de posesión de este lunes, Barack Obama quizá no llegó a las cotas históricas de palabras inaugurales como las de sus admirados Abraham Lincoln o John F. Kennedy, pero lo que sí mostró claramente con su alocución el presidente estadounidense es que su segundo mandato será tan o más combativo que el primero.

En realidad, las palabras de Obama tras prestar juramento ante el presidente de la Corte Suprema, John Roberts, parecieron más apropiadas para el discurso del Estado de la Unión que los presidentes de EE.UU. ofrecen en el Congreso anualmente.

 

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Generalmente, el día de su investidura los mandatarios suelen recurrir a palabras grandilocuentes en las que hacen referencia a la unidad del pueblo estadounidense, a la necesidad de honrar el compromiso histórico recibido de los padres de la patria mediante el entendimiento y la profundización de la democracia.

 

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Así les contamos la toma de posesión de Obama

Recuerdo que hace cuatro años, cuando desafiaba el frío en los alrededores del Congreso mientras Obama se convertía en el primer presidente negro de la historia estadounidense, casi todos alabaron su invitación a superar las rencillas bipartidistas y terminar con la conflictividad internacional que caracterizaron los años de su predecesor Goerge W. Bush.

Pero esta vez, Obama, si bien habló de unidad y esperanza, incluyó puntos bien específicos de su agenda política, enumerando los frentes de batalla que vienen con la oposición republicana en el Congreso.

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El camino

 

Obama incluyó en su discurso puntos bien específicos de su agenda política.

En su discurso, Obama tomó prestado el “nosotros, el pueblo” del preámbulo de la Constitución estadounidense para iniciar varias de sus frases y lo estructuró en torno a la idea del “camino” que construye y recorre la sociedad, en referencia al proceso de cambios que arrancó con su primer gobierno.

Nosotros, el pueblo, todavía creemos que una paz y seguridad duradera no requiere una guerra perpetua”

Barack Obama

Lo primero que dejó claro el presidente es que defenderá el sistema de protección social establecido, un ámbito en el que los republicanos aspiran encontrar los recortes que quieren lograr para reducir el déficit y equilibrar las cuentas públicas.

“Rechazamos la creencia de que EE.UU. debe elegir entre cuidar a la generación que construyó este país e invertir en la generación que construirá su futuro”, dijo Obama.

El presidente estadounidense exhibe como el máximo logro de su primer periodo la reforma del sistema de salud, una legislación que no pocos republicanos aspiran derogar o limitar en el Congreso o en los estados.

Obama pareció honrar el, para muchos prematuro, Premio Nobel de la Paz del 2009 que recibió con apenas meses en la Casa Blanca, cuando se refirió a la necesidad de resolver políticamente y no militarmente los conflictos mundiales.

“Nosotros, el pueblo, todavía creemos que una paz y seguridad duradera no requiere una guerra perpetua”, dijo el hombre que eliminó el concepto de “guerra contra el terrorismo” de George W. Bush.

Y como respondiendo a quienes acusan a los demócratas de querer poner en práctica una política exterior que no toma en cuenta los peligros geopolíticos, Obama dijo que no se trataba de una visión “inocente” del mundo sino seguir el legado de los que “ganaron la paz”.

Derechos para todos

 

Obama defendió la necesidad de igualdad para los homosexuales.

Fue sorpresiva para muchos la franqueza con la que Obama habló de los derechos de la comunidad gay, como nunca lo había hecho un presidente en ese escenario.

Sobre todo porque tras mantenerse relativamente callado respecto a los derechos de los homosexuales, Obama se refirió en su discurso a la necesidad de lograr la plena igualdad para todos, independientemente de su orientación sexual.

Unió en una misma línea los disturbios de Stonewall en Nueva York en 1969 -considerado el origen del movimiento de los derechos homosexuales en EE.UU.- con las luchas por el fin de la segregación racial y las luchas del siglo XIX por la igualdad de las mujeres.

Para el presidente el “viaje” de la sociedad estadounidense no estará completo “hasta que nuestros hermanos y hermanas gay sean tratados como cualquier otro frente a la ley”.

Obama no ha explotado como muchos habrían querido su condición de primer presidente negro para abogar por causas de minorías menos favorecidas, pero sus palabras del lunes parecen indicar que será más activo en la lucha por la igualdad y derechos para todos.

Más esperado puede haber sido el reconocimiento, una vez más, de que las leyes migratorias necesitan ser modificadas para responder a la realidad que plantean los más de 11 millones de indocumentados que se calcula que viven en EE.UU.

Esa que fue una esperanza frustrada de los hispanos que votaron masivamente por Obama en 2008, es una promesa que Obama renovó en la campaña del 2012 y los hispanos le dieron su voto de confianza nuevamente.

Los propios republicanos han reconocido que su distanciamiento de la comunidad de mayor crecimiento en el país contribuyó a su derrota y quizá con esa autocrítica terminen entrando en sintonía con los demócratas y algo termine haciéndose con el problema de las leyes migratorias.

De frente

 

Obama sabe que no dispone de mucho tiempo para completar su legado.

Además de plantear su agenda política, Obama quiso transmitir la idea de que esos desafíos del futuro solo podrán superarse con la unidad de todos, independientemente de sus posiciones partidistas.

Sin embargo, todos los puntos a los que se refirió en el discurso son zonas de roce permanente con sectores conservadores. Y sus palabras, de hecho, fueron recibidas por muchos en la derecha como un desafío, más que como una invitación al trabajo conjunto.

Bien puede decirse que el presidente está dispuesto a enfrentar esas diferencias de manera frontal y lo más rápidamente posible desde el principio del segundo mandato.

La dinámica política estadounidense indica que es en el segundo período que un presidente logra completar aquello que quiere dejar como su legado para la historia.

Pero sus máximas posibilidades de negociar -con la oposición y con su propio partido- e imponer su agenda, llegan hasta las elecciones parlamentarias de mitad de periodo.

Luego, el presidente entra en la etapa final del gobierno y todos se enfocan en las próximas elecciones.

Obama, como todos sus antecesores se convertirá en el Lame duck (pato débil o pobre), lo que en el léxico político anglosajón define al político que está en el cargo pero que ya no tiene todo el poder.

Quizá de allí le saliera al presidente esa agresividad y franqueza de plantear la batalla desde el principio, por aquello de que para pasar a la historia en los términos que él quiere, no tiene mucho tiempo que perder.

 

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Fuente: BBC Mundo

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