Tierna primavera

Por Gustavo E. Etkin

 

El supercañón gigante

masacra con wasca

las buenas señoras

que en una glorieta

juegan al bridge.

 

El pasto brama

de ganas.

La tierra húmeda

tira olor

contra pieles suaves.

 

Respiran los museos.

Corcovean las veredas.

Sudan las fuentes.

Las hembras

chorrean pararrayos

y los virgos quieren

ser destrozados.

 

Los obreros golpean

duras ecuaciones

riendo medias espesas

al compás del sol.

 

No hay piedad

en las caricias

hay dulzura

en los estrangulamientos

mientras cuerpos

flotan en calores

mordidos con cariño.

 

 

 

Ante la angustia

de las monjas

las moscas cogen

piadosamente.

 

En las iglesias,

donde se huelen

arterias quemadas

se tira la muerte

a dormir la siesta.

 

Gustavo E. Etkin escribe desde Bahía de San Salvador, Brasil.

 

You must be logged in to post a comment Login