Obama y la conexión con su pueblo

Por: Enrique SORIA

Foto: Alejandro ROMAN

Metrolatino USA/news agency

Washington DC.

La naturaleza era cómplice. El frío de enero invernal no fue lo suficiente como para espantar a visitantes y residentes de la capital federal que coparon sus aceras y sus calles. El clima ambiental estaba animado y alegre por los multiples festejos en honor del segundo término del 44 presidente de los Estados Unidos, Barack Hussein Obama, el primer afroamericano en entrar a la Casa Blanca y ser reelegido jefe de estado.

Washington DC era una ciudad llena de visitantes con una gran dosis de entusiasmo y emoción pocas veces vistas en una celebración política.

Quienes venían de otras latitudes entendían el libreto muy bien, se trataba de celebrar y ser testigos in situ de una reivindicación histórica para una parte de la población de los Estados Unidos, y su presidente reelecto era quien mejor los representaba.

Pero también Barack Hussein Obama estaba allí, juramentando primero en privado, y luego en público, para todos aquellos que aún guardan la esperanza de que Estados Unidos debe ser un país para todos, y no sólo para el 1 por ciento que vive bien.

De ahí su discurso bien elaborado, de una América con oportunidades para todos y justa socialmente. De allí su comentario de que la misión todavía es inconclusa y que por lo tanto los próximos cuatro años son decisivos para alcanzar objetivos que existen desde los inicios de este país como nación.

Barack Hussein Obama juró ante dos biblias, la que poseía Abraham Lincoln y la del mártir de los derechos civiles, Martin Luther King. Lincoln, el asesinado presidente abolicionista de la esclavitud y King, la figura afroamericana más relevante del siglo pasado, son los ejemplos que han venido guiando la vida política del actual mandatario.

CELEBRIDADES E INTELECTUALES PARTICIPARON EN LAS CELEBRACIONES

Desde tempranas horas del lunes 21 de enero la expectativa de la gente era tal que a las 6 de la mañana ya habían colas en distintos puntos de la ciudad para entrar a las zonas donde iba a tener lugar la ceremonia inaugural y el desfile conmemorativo a lo largo de la avenida Pensilvania.

Con mucha emoción e interés se llevó a cabo la programación de la ceremonia, desde la juramentación, pasando por el discurso presidencial y hasta el canto del himno nacional de los Estados Unidos a cargo de Beyoncé, y el poema recitado por el poeta cubano gay, y la consecuente oración de bendición por voz del religioso hispano.

MI TESTIMONIO

Pero lo más impactante fue el baño de masas de una de las parejas más célebres que hayan pasado por la Casa Blanca. Exactamente a las 3 y 45 de la tarde de este lunes 21 de enero del 2013, en una intersección de la avenida Pensilvania, equidistante entre el Capitolio y la Casa Blanca, Barack y Michelle Obama, decidieron abandonar el automóvil blindado en el que viajaban, para caminar por la avenida en medio de la algarabía de la gente.

Ella abrió la puerta lateral izquierda del coche mientras que su marido hacía lo propio por el lado derecho y entre sonrisas ambos desplegaban sus brazos saludando a decenas de miles de personas apostadas a ambos lados de las aceras de la avenida Pensilvania que le respondían con gritos y llamados.

La pareja presidencial estaba resguardada por todas las fuerzas de seguridad que existen, desde el FBI y el Servicio Secreto, pasando por una infinidad de cuerpos de aguaciles y policias, y hasta la presencia de efectivos de las tres armas de las Fuerzas Armadas.

Horas antes Sanders M. Wright, acompañado de Kevin Ellis, dos afroamericanos de Missouri, llegados para los festejos, se hacían la ilusión de que Obama les firmara un pergamino que tenía como contenido una especie de declaración titulada “El día que pensé que nunca iba a ver”

Para Wright, próximo a cumplir 62 años, eran momentos históricos que nunca pensó vivir; un presidente de raza negra reelecto y él no podía dejar de estar allí para verlo con sus propios ojos y contarlo a las nuevas generaciones. Hacía cola para entrar a la avenida Pensilvania, frente al edificio donde funciona el el Club Nacional de Prensa, y donde también estaban Lauryn Curry y sus hijas Makeyla y Melissa Lucas, venidas de Miami, Florida.

Para las menores era la primera vez que venían a la celebración presidencial y dijeron sentirse muy bien con el acontecimiento, al igual que la pareja procedente de Indianapolis, Indiana, David y Tralicia Lewis, que no veían la hora de que el evento empezara. Los salvadoreños Pedro Lazo y Argelia Cáceres se habían amanecido en las afueras del centro de prensa intentado infructuosamente ingresar al Departamento de Comercio porque trabajan en la cafeteria del lugar.

Pacientemente ambos aguardaban que los agentes de seguridad los hicieran entrar, aunque llevaban largas horas de espera. Lazo se anima a comentar que ve con esperanza la implementación de una reforma migratoria que ponga fin a la difícil situación de millones de hispanos.

Byron Bonilla, hondureño con 13 años de residencia en los Estados Unidos, con trabajo en la industria de la construcción y con un hijo de meses de nacido, comparte la misma esperanza y asegura que la reforma migratoria de todas formas va.

Tampoco caen sus pieles Dayana Saavedra, de ascendencia venezolana y Amanda Valle, con residencia en Brooklyn, ambas pulcramente vestidas con el uniforme de la Guardia Nacional, que orgullosamente lucen y que forman parte de las tantos equipos de seguridad que vigilan el desfile en la avenida Pensilvania.

El peruano James Sifuentes es voluntario de la Cruz Roja y está alerta a cualquier necesidad del público. Se traslada entre la muchedumbre atento y en contacto con otros equipos de seguridad y vigilancia Vive en la capital federal desde hace cuatro años.

El sol empieza gradualmente a desaparecer conforme los distintos destacamentos de marchantes, que engalanan el desfile con su bandas musicales, vestimentas coloridas y bailes, cruzan la avenida Pensilvania y saludan don dirección a la Casa Blanca de donde son premiados con aplausos del propio presidente y su comitiva.

Este único e impresionante escenario solo puede ser visto en una nación en democracia, donde no solo un extraordinario hombre de color puede el Presidente del país mas poderoso del mundo sino también en un futuro cercano un hombre o mujer de raíces hispanas  pueda tener el privilegio de asumir la mas alta magistratura política de los Estados Unidos.

Ha sido un día trascendental en Washington DC que perdurará sobre todo en las mentes de quienes decidieron viajar desde los rincones mas apartados del país para  disfrutar de inéditos momentos brindados por la historia, una historia que tardará buenos años en volver a repetirse.

Sin embargo, los hispanos ya pueden empezar a creer que ese largo sueño presidencial  pronto sea  una feliz realidad.

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