La flor de Nochebuena.

Teresa Gurza.

Pasaron las fiestas de Navidad y el Año Nuevo y estamos ya en vísperas de marzo; pero aún quedan en nuestras casas, rojas, preciosas y vistosas las flores de Nochebuena.

En el estado de Morelos donde ahora vivo, hay muchísimos viveros de estas plantas y en uno de ellos me contaron que las que conocemos como flores son en realidad las hojas; y las verdaderas florecitas son las bolitas amarillas y pequeñas que están al centro de las hojas rojas.

Esta flor es originaria de nuestro país, México; antes de la llegada de los españoles se producía principalmente en lugares de clima cálido como Guerrero, Oaxaca y Chiapas, y las hojas eran usadas por los indígenas como cosméticos y también para curtir y teñir cueros y telas.

Por su intenso color rojo, los aztecas la apreciaban mucho y consideraban símbolo de la sangre de los sacrificados al Sol; y utilizaban el jugo lechoso y blanco que sale al romperlas, para elaborar un medicamento para bajar la fiebre.

Su nombre indígena es Cuetlaxochitl, y hay dos versiones sobre su significado.

La que afirma que quiere decir “flor que se marchita”, porque es fácilmente afectada por los hongos y muere si se la riega mucho; y la que indica que , es “flor de pétalos resistentes como el cuero”, debido a que sus hojas son resistentes y no fácilmente se quiebran.

Su variedad nativa existe en la actualidad en bosques tropicales y subtropicales de México y Centroamérica; principalmente en barrancas y zonas sombreadas.

Y en las zonas montañosas y a la orilla de cañadas de Bahía de Banderas, podemos encontrarla aún en forma silvestre.

Nuestros antepasados conocían usos medicinales de la Nochebuena y la usaban untada o como infusión para tratar “malestares femeninos”, padecimientos de la piel y procesos inflamatorios.

En el siglo XVI, el Códice Florentino refiere su uso para “las mujeres que tienen poca leche”; y aún ahora en Morelos se pone en la espalda o en el pecho de mujeres que acaban de dar a luz, “cataplasmas de flor de Nochebuena mezclada con cinco lombrices de tierra”, para ayudar a la secreción de leche.

Y el té de Nochebuena se usa en algunos estados de la República como lavado vaginal,  anticonceptivo, y para curar inflamaciones de la matriz; y el látex que sale de tallos y hojas se emplea directamente sobre la piel para que se caigan mezquinos y verrugas; y para tratar fuegos en la boca, llagas,  infecciones cutáneas y heridas.

De acuerdo con páginas de Internet de donde tomé estos datos, para tratar hinchazones por picadura de gusanos, se ponen las hojas molidas; para las inflamaciones se asan las hojas y se aplican lo más caliente que se tolere; y para aliviar golpes y moretones se hierven las flores, se les exprime limón y con ellas se envuelve la zona dañada.

Pero ojo, porque otras fuentes aseguran que tiene efectos tóxicos; y que humanos que han ingerido accidentalmente hojas de esta planta, han sufrido vómitos, diarreas y delirios e incluso la muerte; y que aún su látex aplicado de forma externa, puede provocar reacciones alérgicas.

Luego de la colonización española la Poinsettia, como se le conoce porque el primer embajador de EU en México, J.R. Poinsett la llevó a su país y empezó a cultivarla comercialmente, se hizo famosa en muchos países

Y animado por los frailes franciscanos que la utilizaban en México para sus altares navideños, en 1899 el Vaticano arregló la Basílica de San Pedro con Nochebuenas.

Lo malo de todo el asunto es que Poinsett decidió patentarla como suya y los productores deben pagar hasta hoy, derechos a sus sucesores.

Y lo bueno es que en México ha logrado ya registrar dos patentes de plantas de Nochebuena, de diferentes variedades a la de Poinsett y de ellas no se le paga nada.

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