Vargas Llosa evangeliza a Capriles

Por Carlos Angulo Rivas

 

Los últimos artículos de Mario Vargas Llosa marcan una etapa definida. Cumplen a cabalidad con la paga recibida de sus mentores mediáticos. Escribe para el diario español El País, reconocido en épocas pasadas como una publicación liberal, y hoy por los propios ibéricos como un periódico de publicidad franquista y pro fascista. Estos artículos se reproducen en casi toda Latinoamérica proporcionando un pensamiento acorde a los deseos de la publicación de origen. En los temas políticos ya se conoce la dirección asumida por el escribidor Vargas Llosa, por consiguiente sus despachos resultan aburridos, monótonos y pesados. También nos llama la atención cuando toca temas literarios que suponemos de su especialidad.

 

Hace pocas semanas, en una elucubración fantasiosa pretendió cambiar el título de la novela de William Faulkner “Luz de Agosto” por el de “Alumbramiento en Agosto” un contrabando que a simple vista no tendría mayor importancia idiomática. Sin embargo, este cambio de título, según el escribidor, por mejor traducción del inglés, conlleva la transformación de la idea central de la novela, pues no se trata “del nacimiento (alumbramiento) del niño de Lena Grove y el borrachín, vago y canallita Lucas Burch,” sino de la denuncia fundamental del racismo extremo “evangélico” contra los negros en los Estados Unidos; así como cuando los colonizadores españoles siguiendo a los curas y propagandizadores de la fé católica repetían que los indígenas no tenían alma. Antes, en otro artículo: “Sartre y sus ex amigos” el escribidor Vargas Llosa pretende descalificar al gran pensador francés que, por principio, rechazó recibir el Premio Nóbel de Literatura adjudicado a él en reconocimiento a su producción. Para pasar el contrabando ideológico Vargas Llosa dice de Jean Paúl Sartre: “sus libros y sus ideas marcaron mi adolescencia y mis años universitarios… y suma como fracaso “su empeño en fundir el existencialismo y el marxismo” para luego agregar con el descaro de un cínico “después de veinte años de leerlo y estudiarlo con verdadera devoción, quedé decepcionado de sus vaivenes ideológicos, sus exabruptos políticos, su logomaquia, y convencido de que buena parte del esfuerzo intelectual que dediqué a sus obras de ficción, sus mamotretos filosóficos, sus polémicas y sus úcases hubiera sido tal vez más provechoso consagrarlo a otros autores…”

 

En realidad, los muertos no pueden defenderse de este “vivillo” innato convertido por la propaganda internacional en discutible Premio Nóbel de Literatura. Me duele decirlo porque soy peruano, y debería estar orgulloso de tener un compatriota Nóbel, pero no me perdonaría faltar a la verdad. Vargas Llosa es un hombre inteligente, cultivado, intelectual de oficio, narrador con cierto dominio de la lengua española, pero todo ello no le da derecho a mentir de la manera como lo hace porque siendo erudito y culto sabe perfectamente lo que dice. Ni Faulkner ni Sartre pueden aclararle sus conceptos mentirosos, sin embargo, siguiendo la trayectoria de los últimos cuarenta años de Vargas Llosa todos reconocen sus veleidades político-ideológicas y sus cambios de posición, por supuesto, no las que quiere achacarle a Sartre con aquello de “sus vaivenes ideológicos, sus exabruptos políticos,” pues, en primer lugar, deberíamos preguntarnos ¿quién cambió el joven adolescente ferviente admirador o Sartre? Basta tomar conciencia de las permanentes afirmaciones del escribidor Vargas Llosa en sus artículos, sobre literatura y política, para darnos cuenta que éste ha ingresado de manera irreversible a una etapa definida: la de la decadencia intelectual prematura o tal vez se ha tomado en serio aquello de ser marqués de los Borbones; y por consiguiente, le interesa un comino las críticas, los comentarios negativos y rechazos a sus escritos, que en noventa por ciento publican sus lectores a pie de página.

 

Confieso haber estado esperando el artículo de Vargas Llosa referente a la dolorosa desaparición física del comandante presidente Hugo Chávez. Lo extraño de parte del escribidor hubiera sido no cumplir con los encargos de la gran prensa internacional y la paga recibida –contratos son contratos, deben cumplirse–. Pero en ese afán de cumplir con la paga, lastimosamente Mario Vargas Llosa confunde sus deseos con la realidad y se manifiesta de forma inverosímil llevándose de encuentro el conocimiento humano, pues este marqués de los Borbones piensa que el único inteligente sobre la tierra es él, por eso mismo afirma “el comandante Hugo Chávez Frías pertenecía a la robusta tradición de los caudillos, que, aunque más presente en América Latina que en otras partes, no deja de asomar por doquier, aun en democracias avanzadas, como Francia. Ella revela ese miedo a la libertad que es una herencia del mundo primitivo, anterior a la democracia y al individuo, cuando el hombre era masa todavía y prefería que un semidiós, al que cedía su capacidad de iniciativa y su libre albedrío, tomara todas las decisiones importantes sobre su vida. Cruce de superhombre y bufón, el caudillo hace y deshace a su antojo, inspirado por Dios o por una ideología en la que casi siempre se confunden el socialismo y el fascismo –dos formas de estatismo y colectivismo– y se comunica directamente con su pueblo, a través de la demagogia, la retórica y espectáculos multitudinarios y pasionales de entraña mágico-religiosa.”

 

La falta de respeto a la inteligencia, a la verdad y la razón, es absoluta, pues se puede discrepar sin llegar al extremo ridículo de edificar pensamientos rústicos e ignorantes como lo hace Vargas Llosa cuando en su diatriba señala un “miedo a la libertad” y el ceder “la capacidad de iniciativa” precisamente todo lo contrario a la visión que el mundo entero tiene de la revolución bolivariana y de la democracia participativa de consulta popular eficaz y permanente. Nunca como antes en América Latina la iniciativa se ha trasladado a las decisiones del pueblo, nunca como antes el presidente de la república se ha sometido al voto revocatorio, nunca como antes en catorce años se han realizado 18 consultas populares entre elecciones nacionales, regionales y referendos; las evidencias no son invenciones y más bien Vargas Llosa vive en el mundo primitivo que define, ya que no sólo aplaude a las monarquías, hablando de absolutismos, sino se incorpora a ellas aceptando el cargo nobiliario de marqués o bufón de la corte. Y en cuanto al “miedo a la libertad” todo parece indicar que Mario Vargas Llosa padece esa enfermedad incurable en su caso, porque en Venezuela la libertad plena se practica en todo el territorio nacional y, por supuesto, ese ejercicio de hombres libres aterroriza al escribidor en tanto la libertad para él y sus congéneres es mantener a la gente en la ignorancia, el analfabetismo, la explotación, el hambre, la enfermedad, la falta de empleo, la opresión y la esclavitud. La Venezuela de hoy tiene todavía mucho por construir, sin embargo, orgullosa puede exhibir enormes logros en los principales aspectos mencionados; y de libertad y democracia, salvo los organismos interamericanos nos mientan y las Naciones Unidas se hayan vuelto “chavistas.”

 

Asevera también el “científico social” Vargas Llosa que el socialismo y el fascismo se confunden. O sea insiste en que la gente no entiende, por ello trata de colocar en el mismo saco a la feroz dictadura capitalista de sus amigos del Partido Popular español o del imperialismo norteamericano dominando el mundo a través de la dictadura de las empresas multinacionales, la privatización y la globalización, con los intentos verídicos de mejorar el nivel de vida, educar, curar, alimentar, y lograr una mejor distribución de la riqueza socialmente generada, camino al socialismo. Para Vargas Llosa la dedicación de demostrar eficacia frente a sus patrones lo lleva a decir barbaridades; lo lleva a comparar la violenta represión fascista de eliminar líderes políticos y sindicales, de amedrentar a la población con el terrorismo de estado, de llenar las cárceles de luchadores sociales, con la democracia participativa. Muestra de esta manera su decadencia total como intelectual de prestigio, a través de escritos irracionales y extravagantes dirigidos a la reacción internacional y al candidato Henrique Capriles y sus partidarios enfermos de sufrir derrotas consecutivas. Vargas Llosa se extralimita, ciego de presunción, se niega a aceptar la multitudinaria despedida a un ser humano esencial como Hugo Chávez, los “caudillos no dejan herederos” dice cuando el camino está sembrado y el liderazgo bolivariano continúa creciendo ya no en función de personas sino de un pueblo convencido de su destino histórico. Ahí existe una revolución joven capaz de aglutinar con energía no sólo a los venezolanos sino, como se ha venido demostrando, a los pueblos Latinoamericanos y del Caribe, de allí la contrariedad preocupada de la decadencia intelectual de Vargas Llosa tratando de catequizar, con su mensaje, al débil candidato Henrique Capriles.

 

La muerte del presidente Hugo Chávez nos apena y a la vez nos fortalece, nos une en torno a su epónima figura de líder de los pobres, de hombre clarividente capaz de haber impulsado la unidad de América Latina como única empresa de quebrar los lazos del intervencionismo imperial, rescatando las soberanías nacionales y la independencia económica, política y social. La Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe CELAC, UNASUR, ALBA, la integración solidaria y económica, no podrán ser derrotadas ni en Venezuela ni en otros países por una oposición ofuscada, enceguecida por el odio y la revancha. Una corriente de gobiernos progresistas en Bolivia, Ecuador, Nicaragua, Brasil, Argentina, Uruguay, y la Cuba revolucionaria, acompañan a Venezuela. El próximo 14 de abril la oposición de ultraderecha encabezada por Henrique Capriles y los grupos partidarios de la corrupción endémica venezolana caerá derrotada, democráticamente en las urnas. Mario Vargas Llosa seguirá hundiéndose en la decadencia intelectual por él escogida, aupado a la monarquía de los ex colonizadores y al imperialismo mundial que defiende por substanciales pagas aseguradas.

 

Carlos Angulo Rivas, poeta y escritor peruano.

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