No sólo la religión es el opio de los pueblos

Por Alejandro Teitelbaum

Más allá de la polémica acerca de si Bergoglio tuvo alguna responsabilidad por acción o por omisión durante la dictadura en Argentina (sin duda la tuvo por los menos por omisión, como la mayoría del clero argentino, algunos de los pocos que tuvieron otra actitud lo pagaron con sus vidas), su designación pone una vez más claramente de manifiesto la estrategia global vaticana en materia de designación del sucesor de San Pedro.

Antes Wojtila ayudó al derrumbe del socialismo real y Ratzinger contribuyó a terminar de barrer los escombros. Ahora, con la designación de Bergoglio, se trata de frenar la hemorragia de fieles en todo el mundo, hartos del oropel y los fastos medievales de la alta jerarquía católica, de su alejamiento de la cuestión social, de la corrupción existente en su seno, del encubrimiento de los sacerdotes pedófilos, etc.

Y, lo más importante: se trata de concentrar el peso de su influencia en América Latina para poner un freno y contrarrestar el auge de los movimientos populares, más o menos consecuentes, pero siempre potencialmente peligrosos para el sistema.

El sistema dominante en todos los países vigila permanentemente a la sociedad como si fuera una olla a presión en el fuego. Cuando la presión sube mucho abre la válvula para evitar el estallido. Con algunas concesiones menores, con acciones demagógicas, fabricando mitos y utilizando lo que todavía sigue siendo artillería pesada en materia de manipulación ideológica de los pueblos: la religión.

A la que no le faltan sin embargo sólidas bases materiales: la Iglesia católica es una de las instituciones económicamente más poderosas del mundo, al par de las más grandes sociedades transnacionales, en propiedades inmobiliarias, participaciones accionarias en empresas, dueña de bancos, etc. Y por si esto fuera poco, el Gobierno de España le permite registrar como propias propiedades vacantes (La Iglesia inscribe como propios miles de inmuebles .Una ley de 1998 permite a los obispos adueñarse de templos de culto de forma opaca (Diario El País, 11 de julio del 2011). Y hasta el gobierno de Cuba le devuelve a la Iglesia propiedades confiscadas hace 50 años (Agencia EFE, 25 de enero de 2013).

Una lectura esclarecedora sobre el papel de la institución Iglesia Católica es “La cuestión social y los cristianos sociales”(1937) del político y pensador argentino Lisandro de la Torre (1868-1939) que en el capítulo “ La Iglesia no es reformista” escribe: “Pío XI y León XIII han impregnado sus encíclicas de sentimientos laudables de caridad y de amor al prójimo . Pero combaten los medios de que pueden valerse los desheredados para mejorar su condición. No reconocen, por ejemplo, la realidad y legitimidad de la lucha de clases, que es un hecho primario de una verdad abrumadora. Y si algún sacerdote sale del verbalismo hueco y propende a la obtención de reformas efectivas cae en desgracia. La sinceridad se hace entonces sospechosa”.

América Latina y el Caribe registran la mayor concentración de católicos en el mundo: unos 420 millones sobre un total planetario de algo más de mil millones. Y la mayor densidad de católicos en la región se registra en América del Sur: el 75% de la población.

De ahí que – aunque no tenga tanques y drones- el Vaticano puede desempeñar un papel político de primer orden de contención y de neutralización de las masas populares de América latina.

Y Bergoglio puede desempeñar muy bien su papel en ese terreno: argentino, es decir viene del continente objetivo principal de la actual estrategia, con una trayectoria sin fallas conservadora y reaccionaria, se sabe construir hábilmente un personaje humilde, popular y cercano de los pobres. “¡Cómo quisiera ver una Iglesia pobre y para los pobres!”, dijo a los periodistas. Que lo consagraron « mago de la comunicación ». Aunque estos días parece haber perdido la noción de la medida en la sucesión ininterrumpida de gestos demagógicos.

Pero no sólo la religión sirve –como el opio- para aliviar (no curar, porque la pobreza es una bienaventuranza) los dolores del pueblo y dejarlo ideológicamente desarmado frente al sistema capitalista impidiéndole tomar conciencia de su esencia explotadora.

También los medios de comunicación de masa o medios masivos de intoxicación mental y de manipulación y control social, son el instrumento destinado a mantener y consolidar la hegemonía de la ideología y la cultura del sistema capitalista y formidables vectores para la neutralización del espíritu crítico y la domesticación del ser humano.

Son la plataforma privilegiada de periodistas obsecuentes, politólogos, sociólogos, economistas, filósofos mediáticos y otros “formadores de opinión” que justifican abiertamente el sistema y el TINA (“There Is No Alternative”).

¿Será por eso que Bergoglio declaró: “El rol de los medios es indispensable para el mundo”?.

Pero ahí no se terminan los círculos de “pensadores” que son funcionales a la ideología de las clases dominantes, el que se completa con figuras mediáticas que critican los efectos devastadores de la gestión de la economía por parte las elites políticas y económicas, denuncian la pobreza, a veces se declaran altermundialistas o proponen- bizarramente- cambiar el mundo sin modificar las relaciones de poder existentes. Y ni que hablar- como decía Lisandro de la Torre- de la lucha de clases.

Finalmente un obstáculo –y no el menor- que se opone al proceso de autoconciencia de las clases populares, imprescindible en la producción de cambios sociales profundos y duraderos mediante su participación conciente en la toma de decisiones, es la mitificación de los líderes que se autocalifican de revolucionarios y aún socialistas, atribuyéndoles una cuasi infalibilidad y eximiéndolos de toda evaluación crítica.

Un claro y reciente ejemplo de esto es la desmedida apologética de Chávez generada dentro y fuera de Venezuela y llevada a un clímax a la hora de su muerte, sin intentar hacer un balance crítico concreto -visto desde la perspectiva de la emancipación de los trabajadores- de sus 14 años de gobierno, es decir sobre todo analizar qué hizo y qué no hizo Chávez y cuál es su verdadero legado. Y en que medida éste sirve o no para cambiar a fondo la sociedad venezolana.

He transitado sin dificultad del tema Bergoglio al tema Chávez (podría haber tomado otros ejemplos en América Latina) ayudado por la declaración de Maduro (increíble pero verificada su autenticidad) quien dijo que Bergoglio fue designado Papa porque cuando Chávez llegó al cielo le dijo a Dios que era el candidato apropiado. ¿Humorada inapropiada en período de duelo o el « socialismo del siglo XXI » legitimando al Papa? Dios mediante.

Fuente: ARGENPRESS.Info

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