Corea: El cántaro a la fuente…

Por Jorge Gómez Barata

Una mezcla de agresividad imperial sobre el fondo de deudas no saldadas y de un pasado no trascendido; fronteras cerradas, ausencia de transparencia, prejuicios y demonización mediática hacen difícil saber qué ocurre en Corea del Norte, el país más aislado del mundo, cosa que lejos de debilitarlo parece reforzar su determinación.

Descontando a Vietnam no existen pueblos con experiencias bélicas tan trágicas y recientes como los de Corea del Norte y del Sur, por ello, a pesar de estar ocultas por manipulaciones mediáticas, ningún otro país tiene tantas razones para rechazar la guerra. Sin embargo hasta hoy persiste la zaga de la Guerra de Corea dando lugar a un estado de beligerancia que dura 60 años, ha sobrevivido al fin de la Guerra Fría y persiste no obstante el abandono de las posiciones antiimperialistas por China y Rusia, sus poderosos vecinos y ex aliados.

En Corea, entre 1950 y 1953 se libró el único gran conflicto armado de la Guerra Fría en el cual, “por persona interpuesta” se enfrentaron Estados Unidos, la Unión Soviética y China. El saldo no pudo ser más desastroso: alrededor de dos millones y medio de militares chinos y coreanos y 54 000 norteamericanos muertos; casi tres millones de bajas civiles y más dos millones de refugiados.

Privada de todo apoyo externo material, financiero e incluso moral, la República Popular Democrática de Corea, no sólo ha sobrevivido, sino que se ha fortalecido disponiendo ahora no sólo de armas nucleares, sino de cohetes con capacidad para alcanzar blancos lejanos. Un cohete que coloca un satélite en el espacio exterior, también puede poner una bomba atómica a 10 000 kilómetros de distancia. La declaración norteamericana acerca de que: “Toma en serio las declaraciones coreanas” lo dice todo.

Corea, uno de los tres países divididos como consecuencia de la II Guerra Mundial y el único que conserva ese status, es el único territorio de una nación en la cual existen dos estados con sistemas sociales opuestos, armados hasta los dientes y en permanente situación de guerra. La diferencia del conflicto anterior y el que pudiera desatarse ahora es que Corea del Sur es apoyada por las potencias occidentales, Japón y la mayor parte de los países asiáticos, Corea del Norte, que entonces fue apoyada por la Unión Soviética y China, no cuenta con ningún aliado.

Al observar ─desde fuera y desde lejos ─ la presente coyuntura político militar que pudiera provocar una confrontación militar de imprevisibles consecuencias para los pueblos de la península coreana, Asia y el mundo, cabe la pregunta: ¿Que hay de nuevo? La respuesta desconcierta: ¡Nada!, excepto cambios en las cúpulas gobernantes respectivas que por herencia llevaron al poder en la RPDC a Kim Jong-un y en Corea del Sur a la señora Park Geun-hye. Tal vez en uno y otro lado los halcones han tomado la palabra.

Por agresivas que sean unas maniobras, no son un ataque, Corea aclara que la declaración de guerra fue un error de traducción y según afirma Estados Unidos, cuyos servicios de inteligencia se han equivocado reiteradamente, la retorica norcoreana no está acompañada por movimientos de tropas o acciones que indiquen disposición para acciones inminentes.

No obstante, las tensiones crean situaciones de seguridad extremadamente peligrosas y los riesgos son enormes: “Tanto va el cántaro a la fuente…” Allá nos vemos.

Fuente: ARGENPRESS.info

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