Por algo será que pagan…

Teresa Gurza.

¿Se han fijado que los políticos mientras peor lo hacen, más se autopromueven con dinero ajeno?.

Basta abrir cualquier diario o ver cualquier noticiero, para advertir a quien le caen más alabanzas disfrazadas de notas informativas; quien aparece en las fotos principales; o sobre quien escriben o hablan con mayor entusiasmo determinados periodistas, para saber quien tiene la conciencia más negra o al menos más grisesita.

Ya conoceremos dentro de unos meses o años, cuando nuevos gastadores los sucedan, las elevadísimas sumas que en eso se dilapidaron.

Mientras, y ante cada uno de los agandalles, es necesario insistir en la injusticia que representa el derroche, en un país como el nuestro tan desigual y con tantos pobres.

Se afirma que no hay suficientes recursos para invertir en investigación, salud y educación; pero políticos y gobernantes pagan mucho para convencernos de lo bien que hacen su trabajo.

¿Porqué mejor no usan ese dinero en mejorar la vida de los que la pasan peor?

Agreden a los más pobres, entre otros muchos, los diputados; que al parecer no tienen llenadera.

El mismo día que se publicó que más de la mitad de los niños mexicanos no reciben adecuados servicios de educación, salud y vivienda, ellos se autoobsequiaron un prendedorcito de oro, “un pin, que los distingue como legisladores”.

No vayan a ser confundidos con los simples mortales que viven sin pin, guardaespaldas, vehículos lujosos, viajes en helicóptero por Nueva York, hospitales, escuelas, restaurantes y hoteles primera, viajes, asesores, secretarias, edecanes, choferes, gasolina, computadoras, tablets, celulares, boleadas, comidas, altísimos salarios y fondos de retiro.

Todo exhibido frente a millones de mexicanos hambrientos que pese a ser los que les pagan, solo oyen que existen esas millonadas.

Reciben los diputados todo; pero son incapaces de pagar con sus salarios de bastante más de cien mil pesos mensuales, las casetas de las carreteras por donde circulan; nada más faltaba darles esa molestia; no señor, la Cámara dispone para eso de 15 millones de pesos.

Sabiéndolo, la diputada perredista Julia Mejía no se preocupa por haber gastado en casetas en solo 10 días casi 13 mil pesos.

Y que no se muera alguien famoso o medio conocido, porque al fin que no les cuestan, los legisladores se lanzan a publicar enormes esquelas que no benefician más que a sus egos; porque les encanta ver escritos sus nombres, así sea para dar pésames.

Para colmo tienen una partida semisecreta de casi dos mil millones de pesos, que pueden gastar sin necesidad de explicar en qué; porque ni comprobantes se les pide.

El mal ejemplo cunde; y el Ejército que antes se caracterizaba por austero, aprendió a gastar y a promoverse en el sexenio calderonista.

Pagó entonces, más de 320 millones de pesos a empresas especializadas en imagen y publicidad; para dizque “acercarse” a la ciudadanos en cines, radio y televisión.

Con lo que por si hiciera falta, dio una prueba más de que a mayor ineficiencia y más violaciones legales, mayor gasto en difusión, sin que se reporte beneficio a los que se busca impresionar; y sí enriquecimiento a las multinacionales de la propaganda.

Es triste enterarse que, contrastando con las sonrisas de satisfacción con las que en fotografías y noticieros salen todos esos gastadores, haya aumentado en nuestro país la tasa de suicidios entre muchachos de 19 y 24 años; y es que a la falta de empleo y perspectivas de vida para ese grupo, se añade que no hay para investigar y tratar las enfermedades mentales.

Y aunque uno no quiera, tiene que volver una y otra vez a escribir sobre las irregularidades del gobierno panista de Calderón, porque salen y salen nuevas cosas.

Entre las más graves, los retrocesos en muchas ramas y el desperdicio de recursos en otras.

Además, ya se comprobó que  durante su gobierno hubo sólo tres mil 879 desaparecidos menos que en toda la dictadura militar de Argentina.

Y hasta a las caguamas les fue mal en ese sexenio, porque murieron más de siete mil ejemplares; lo que aumentó su situación en peligro de extinción.

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