Nicolás Maduro ganó con lo justo, pero ganó y eso es lo importante

Por Emilio Marín

Los medios de la derecha argentina pusieron en tapa que Maduro había ganado por “sólo” 1,6 puntos. Eso es contrabando ideológico. Lo más importante es que el chavista ganó y el candidato de derecha perdió. Obvio: en los ganadores habrá autocrítica por la exigua diferencia.

El enfoque de Clarín y La Nación fue que el vaso de la izquierda chavista estuvo el domingo “casi vacío” y que el de la derecha “casi lleno”. Si no fuera por el “casi”, esa presentación de los resultados de las elecciones venezolanas habría sido exacta. Pero como hubo 263.000 votos a favor de Nicolás Maduro, sucesor del fallecido Hugo Chávez, por sobre Henrique Capriles, quien expresaba a la derechista Mesa de Unidad Democrática, aquella manera de informar de los medios monopólicos resultó falsa.

La titular del Consejo Nacional Electoral, Tibisay Lucena, informó de los resultados una vez que el organismo los consideró irreversible. El ganador fue Maduro, con el 50,66 por ciento de los votos, sobre Capriles, quien hizo una excelente elección y llegó segundo con el 49,07. El lunes hubo una pequeña ampliación de los resultados a favor del chavista, pues llegó al 50,75 por ciento (7.559.000 votos), contra el 48,98 de su rival (7.296.000).

Esos números corresponden al 98,15 por ciento de los votos. Cuando se complete el 100 por ciento podría haber alguna leve modificación en un sentido u otro, sin alterar el resultado final. El CNE siempre ha actuado con mucha limpieza y responsabilidad y, como recordó Lucena, sólo da información oficial cuando el resultado no tiene vuelta atrás.

Ese sistema electoral ha sido elogiado por diversas instituciones y personalidades del mundo, pues impide cualquier intento de adulteración. Se vota con máquinas que comienzan por identificar al elector por su huella dactilar y éste recibe una constancia en papel de su sufragio, que luego introduce en una urna. Hay doble constancia del sufragio.

Por eso en colonias norteamericanas, como Afganistán, las elecciones contienen tantas irregularidades que se demora meses la formación del gobierno. En Venezuela, libre de analfabetismo y del control estadounidense, en pocas horas se tiene un resultado técnicamente incuestionable. En política los perdedores suelen hacer reproches, pero esa es harina de otro costal.

 

Derecha descontrolada

Maduro recibió la victoria con una alegría medida y la valoró como “triunfo justo y legítimo”. Ayer se concentraron miles de sus partidarios a las puertas del CNE para proclamarlo presidente electo, pues reviste como presidente encargado.

El problema es que Capriles y los más recalcitrantes de la MUD, caso del secretario general Ramón Aveledo, no han digerido la derrota. El presidenciable dijo que no reconocería el resultado informado por el CNE hasta que no hubiera una recuento del cien por ciento de las mesas.

Según las denuncias asentadas por los fiscales de la oposición, habría habido 3.200 supuestas incidencias a lo largo de la jornada. Si los perdedores mantienen dudas sobre el resultado final, deberían haber pedido puntualmente la revisión de esas denuncias de sus fiscales y no una auditoría sobre la totalidad del escrutinio. Aquello habría sido relativamente más simple y rápido, con mejores posibilidades de demostrar algún error de las autoridades electorales. Lo otro, denunciar la globalidad, parece ser “embarrar la cancha” y demorar el dictamen de las urnas, con la consiguiente inestabilidad institucional. Es obvio quien sería el perjudicado por ello: en primer lugar el gobierno pero en última instancia el propio pueblo porque podría degradarse la situación económica y política, con mayor polarización entre gobierno y oposición.

Capriles está buscando pudrir la política venezolana. Quizás crea que en ese marco de inestabilidad y cierta violencia, mediando la ausencia física de Chávez, se acortaría el camino para llegar al Palacio de Miraflores. Su reacción del domingo a la noche, no reconociendo su derrota, demuestra que no está dispuesto a aguardar otros seis años, hasta 2019, cuando vence el mandato de Maduro, para asaltar la sede presidencial.

 

Recuento

De los cinco rectores del máximo órgano electoral, sólo el representante de la oposición, Vicente Díaz, pidió el recuento de la totalidad de los sufragios. De todos modos aclaró que hacía esa solicitud “sin poner en duda en este momento los resultados que estamos ofreciendo como CNE”. O sea que no impugnaba el resultado oficializado por el prestigioso organismo que integra.

El desconocimiento de la victoria chavista tomó una forma más concreta ayer, cuando el derrotado convocó a un cacerolazo masivo en Caracas, para repudiar a la proclamación que el lunes hizo el CNE del jefe de Estado. El lo juzga “ilegítimo”.

La mesa de la violencia podría estar servida. Es que los seguidores del gobierno bolivariano podrían repudiar ese caceroleo de la Caracas del Este, la más ricachona y acomodada. Y de allí a los golpes y graves incidentes podría mediar una corta distancia.Washington atiza esa mayor polarización. El vocero de la Casa Blanca dijo en conferencia de prensa que coincide con el candidato opositor para que haya “una auditoría del 100 por ciento del resultado”. “Esto sería un paso importante, prudente y necesario para asegurar que todos los venezolanos tengan confianza en estos resultados”, puntualizó Jay Carney.

 

Estados Unidos también se mueve

No hay que ser hipócrita. En las 18 elecciones habidas desde 1998, cuando ganó Chávez y comenzó la Quinta República, el imperio ha apostado por quienes lo enfrentaban, desde Henrique Salas Romer hasta este último Henrique, que es Capriles.

Todos los embajadores de Estados Unidos en Caracas se involucraron en querer derrotar del chavismo a como diera lugar, incluso con el golpe de Estado de abril de 2002 y luego con el lock out petrolero en PDVSA, en diciembre de ese año. Esos diplomáticos fueron Donna Hrinak, Charles Shapiro, William R. Brownfield y Patrick Duddy. Ellos, desde 1998 hasta 2010, apostaron al fracaso bolivariano y perdieron. Hace más de 3 años y medio que no hay embajador, porque en agosto de 2010 Chávez vetó al designado Larry Palmer, quien había declarado al Senado que las Fuerzas Armadas bolivarianas tenían baja moral y era grande la “infiltración” cubana.

“Lo mejor que puede hacer Obama es buscar otro candidato” dijo el mandatario en su programa ‘Aló Presidente’. No le hicieron caso…”.

 

Bastante votos menos

El 11 de marzo pasado, cuando Maduro inscribió su candidatura ante el CNE, hubo un acto público y allí pidió reunir 10 millones de votos, en homenaje al fallecido comandante.

Esa meta quedó demasiado alto y lejos. La votación de este domingo resultó menor a la de Chávez el 7 de octubre pasado: hubo 600.000 votos menos. Para complicar aún más el balance oficialista, el derrotado opositor obtuvo ahora 700.000 votos más.

Es pronto para hilar fino y dar con la respuesta completa al interrogante de por qué hubo menos votos de Maduro. Aún con la aclaración de que es un debate que recién comienza y donde la palabra más autorizada es la del presidente y su comando de campaña “Hugo Chávez” presidido por Jorge Rodríguez, el cronista se siente en la obligación dar una primera impresión.

Hay cosas que no funcionan bien en el proceso bolivariano, que tiene una buena nota en general y los aspectos troncales (de allí el sufragio mayoritario). Por ejemplo, en su comparecencia ante el XII Congreso del Partido Comunista de Venezuela, el 10 de marzo, Maduro dio cuenta del grave problema de inseguridad y exclamó: “qué felicidad es que la gente pueda vivir tranquila en sus barrios y urbanizaciones, eso lo vamos a lograr, pero necesitamos de todos”. Hoy muchas personas no viven tranquilas. Hay 16.000 muertes violentas al año, de los peores registros de Latinoamérica.

Al día siguiente, en el mitín ante la sede del CNE, prometió combatir “la irresponsabilidad, la indolencia y el burocratismo”. Su rotunda expresión fue: “Corrupto traidor, ¡vamos por ti!”.

 

Avances

Lo reiteró el 8 de abril en la concentración de la ciudad de Maturín: “Voy a perseguir la corrupción esté donde esté, voy a combatir la corrupción con mi vida misma si es necesario. Aquí no hay intocables”. Y abundó: “Tenemos grandes retos contra el burocratismo, la corrupción y la indolencia de algunos funcionarios que se hacen de la vista gorda con los problemas del pueblo”.

De esas declaraciones surge que la dirigencia era consciente que en medio de los avances indudables en soberanía, salud, educación, empleo y vivienda, había problemas graves no resueltos. No puede aducir desconocimiento ni falta de tiempo, pues hace 14 años que llegó a Miraflores.

Fue bueno que ganara el chavismo, ahora con Maduro ya proclamado presidente. Y ha sido malo que la derecha se le arrimara tanto en los guarismos. Pero lo negativo siempre tiene algo de positivo: la estrechez del resultado demanda una profunda autocrítica del gobierno, tal como prometió el domingo Diosdado Cabello. El titular de la Asamblea Nacional dijo en Twitter que se buscarían los errores hasta abajo de las piedras. No habría que irse tan abajo. Habría que empezar por arriba, por los flagelos de corrupción y burocratismo que afectan a la cadena de funcionarios, civiles y militares, y en la llamada “boli-burguesía”, que dice ser amiga pero afecta el avance bolivariano.

Fuente: LA ARENA/ARGENPRESS.Info

 

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