Las tetas y los derechos de las mujeres

Por Ester Kandel

Contra el poder de decidir sobre nuestro propio cuerpo, las tetas se han convertido en una herramienta de protesta. Frente al mercado que compra y vende el cuerpo de las mujeres, se contrapone la potencia de las tetas. Un antecedente: las comuneras de París.

Las fotos de mujeres exhibiendo las tetas durante la visita de Putin en Alemania fue una de las últimas protestas de las activistas de Femen, la organización feminista internacional que nació en Ucrania en el año 2010.

Durante la Comuna de París en 1871, Joan Scott (2012) cita a un observador:

Las mujeres actuaban como tigresas, arrojando petróleo por todas partes y distinguiéndose por la furia con que luchaban; un desfile de casi cuatro mil recorrió los bulevares esta tarde, figuras como nunca se han visto, negras de pólvora, todas harapientas y sucias, unas pocas con los pechos al descubierto para mostrar su sexo, las mujeres con los cabellos en desorden y una apariencia de los más feroz.

Aunque el mito de las pêtroleuses fue negado en años posteriores, según los rumores populares de la época, cuando París estaba siendo recuperada por leales versalleses las mujeres de clase baja estaban cometiendo incendio contra la propiedad privada y de los edificios públicos, con el uso de botellas llenas de petróleo o de parafina.

La insurrección de trabajadores en la Comuna de París era una muestra del París obrero y popular, según Eric Howbsbawm: 8 por 100 oficinistas, 7 por 100 funcionarios, 10 por 100 pequeños tenderos y similares, pero el resto mayoritariamente obreros construcción, del metal, el peonaje, a los que seguían los artesanos más tradicional (de muebles, artículos de lujo, tipografía, ropas), de quienes procedía un número desproporcionado de los mandos. (…) Sus logros prácticos fueron bastante humildes, aunque eso no fue culpa suya (…)

Los dos meses de la Comuna fueron un período de casi guerra continua contra las arrolladoras fuerzas de Versalles (…) El 21 de mayo el enemigo entraba en París y durante la semana final se demostraba simplemente que el pueblo obrero de París podía morir con la misma crueldad con la que vivía.

Aunque no figuran en este listado, las mujeres, también participaron, incluso las prostitutas, reclamaron por sus condiciones de vida y derechos, como los de ciudadanía, iniciados durante la Revolución Francesa.

Tuvieron tanta presencia que fueron caracterizadas como subversivas y enemigas de la república. En la iconografía popular, para representar a la Comuna de París, aparecía la figura de “la mujer rebelde, sexualmente peligrosa, perpetradora de violencia irracional.”

Carlos Marx, contemporáneo con estos hechos, analizó en La guerra civil en Francia este acontecimiento:

(…) Cuando la Comuna de París tomó en sus propias manos la dirección de la revolución; cuando por primera vez en la historia los simples obreros se atrevieron a violar el monopolio de gobierno de sus “superiores naturales”, y, en circunstancias de una dificultad sin precedente, realizaron su labor de un modo modesto, concienzudo y eficaz, con sueldos el más alto de los cuales apenas representaba una quinta parte de la suma que según una alta autoridad científica es el sueldo mínimo del secretario de un consejo escolar de Londres, el viejo mundo se retorció en convulsiones de rabia ante el espectáculo de la Bandera Roja, símbolo de la República del Trabajo, ondeando sobre el Hotel de Ville.

En este contexto nos preguntamos si ¿el lugar asignado a las mujeres era sólo un problema ideológico o tenía que ver con la esencia del pensamiento burgués?

Para contestarla, recurrimos a la caracterización que Carlos Marx y Federico Engels realizaron en 1848 sobre la burguesía, en referencia al tema de las mujeres:

La moderna sociedad burguesa con su producción en gran escala produjo múltiples cambios. La época de la burguesía se caracteriza y distingue de todas las demás por el constante y agitado desplazamiento de la producción, por la conmoción ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y dinámica incesantes.

Una de esas relaciones era la familia y el lugar de la mujer en la misma. La división entre burguesía y proletariado, entrañaba cambios en éstas y en la relación con el medio social. En la familia burguesa la propiedad y el comercio son los elementos motores, lo cual afecta tanto a las mujeres y a los hijos.

Desde esta lectura la mujer estaba entrampada en este tipo de familia pues se regía por el principio de obediencia debida hacia el marido y la sumisión a los fines del matrimonio y con el deber de reproducción. Esta concepción está abonada por la teoría del instinto maternal. Desde esta lógica la mujer se somete pasivamente al “deber conyugal”. Los archivos policiales ingleses muestran que muchas mujeres se negaban “el deber” a su marido, a riesgo de ser molidas a golpes para evitar el embarazo.

El matrimonio se convirtió en el sometimiento de un sexo por otro.

Tanto ayer como hoy el cuerpo de las mujeres se expone en el cuerpo social desigual.

El movimiento de mujeres tiene en su haber muchos instrumentos de lucha pero la emergencia de este fenómeno hace visible otra vez el malestar de millones de mujeres por el sometimiento que padecen.

 

Bibliografía:

– Scott Joan Wallach, La mujeres y los derechos del hombre, Siglo XXI, 2012.

– Wikipedia, la enciclopedia libre.

– Howbsbawm. Eric, La era del capital – 1848 -1875, Crítica, Grupo Editorial Planeta, 2007.

– Marx, Carlos, La guerra civil en Francia, en Carlos Marx / Federico Engels. El materialismo histórico, Antología, Centro Editor de América Latina, 1972.

 

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