Bayern Múnich es el nuevo rey de Europa

Un gol agónico de Arjen Robben puso a celebrar a los hinchas del Bayern Múnich.

Un gol agónico de Arjen Robben puso a celebrar a los hinchas del Bayern Múnich, que en Wembley logró el título de la Liga de Campeones.

El partido tuvo un ritmo frenético desde el comienzo, que obligó a los dos porteros -Manuel Neuer y Roman Weidenfeller- a erigirse en figuras en la primera mitad.

 

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Después del descanso, sin embargo, llegaron los goles: Mario Mandzukic abrió el marcador para Bayern y poco después empató las acciones Ilkay Gündogan.

Y cuando faltaba poco para terminar el encuentro apareció Arjen Robben para definir el partido.

Pero más allá del ganador de la final, el énfasis este sábado estuvo en el modelo del fútbol alemán, en las claves que les permitieron a Bayern Múnich y Borussia Dortmund llegar hasta Wembley de manera clara y contundente.

Cambio de eje

Datos del campeón

 

Jupp Heynckes se convirtió en el cuarto entrenador en conseguir el trofeo con dos clubes diferentes. Los otros tres son Ernst Happel, Omar Hitzfeld y José Mourinho.

Philipp Lahm, quien forma parte del Bayern desde que tenía 11 años, fue el encargado de levantar la quinta Copa Europea del club. Franz Beckenbauer y Steffen Effenberg fueron los otros dos capitanes encargados de alzar la copa.

Bayern iguala a Liverpool con cinco copas y se convierte en el tercer club más exitoso de la competencia tras Real Madrid y AC Milan.

En las semifinales, los dos conjuntos alemanes apabullaron a los dos grandes de España, Real Madrid y Barcelona.

Y con ello dejaron claro -a punta de goles y superioridad física- que el eje del fútbol europeo, que ha oscilado mayormente entre España, Italia e Inglaterra, puede estar situándose por ahora en Alemania.

El éxito alemán es una combinación entre una liga robusta, una responsabilidad financiera, un modelo que promueve la asistencia masiva a los estadios y el fomento de las divisiones menores.

No deja de llamar la atención que buena parte de la selección alemana -con excepciones considerables como Sami Khedira, Lukas Podolski y Mesut Özil- participó en el partido definitivo de Wembley. Y muchos de esos jugadores surgieron de las canteras de los dos clubes.

Ese es un escenario con el que varios equipos de la Liga Premier, tan acostumbrados a las compras multimillonarias de figuras extranjeras, apenas podrían soñar, según explica Thomas Dahlhaus, periodista de la BBC en Fráncfort.

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Pertenencia

Y mientras esos mismos clubes ingleses -sin contar los casos notorios de algunos españoles y franceses- pertenecen en buena medida a empresarios de bolsillos holgados, la Bundesliga exige que por lo menos 51% de la propiedad de los clubes sea de sus socios, si bien esa regla no se cumple en Bayer Leverkusen y Wolfsburgo, vinculados a dos importantes compañías alemanas.

Pero en Bayern Múnich, por ejemplo, Audi y Adidas controlan cada uno el 9% del club, pero el resto -la mayoría- está en manos de los miembros.

El arquero alemán Manuel Neuer fue uno de los jugadores destacados de la final.

En pocas palabras, según recuerda el corresponsal de la BBC en Berlín, Stephen Evans, los equipos alemanes son clubes, en el sentido legal de que son asociaciones constituidas formalmente con miembros que eligen representantes.

Eso genera un sentido de pertenencia al club que, a su vez, se refleja en la asistencia a los estadios.

En Alemania es comparativamente fácil y barato asistir a un partido y los directivos se han mostrado reacios a subir los precios de las entradas a los niveles acostumbrados en países como España o Inglaterra.

Cuando se le preguntó a Uli Hoeness, presidente del Bayern, por qué no subía los precios, su respuesta fue reveladora: “No creemos que los hinchas sean como vacas que deben ser ordeñadas. El fútbol tiene que ser para todos. Esa es la principal diferencia entre nosotros e Inglaterra”.

El fútbol alemán compensa los ingresos más bajos por entradas con los acuerdos de patrocinio. Un ejemplo visible es el imponente estadio Allianz Arena, en Múnich.

Divisiones menores

Esa postura financiera ha ido de la mano con el desarrollo de las divisiones menores, un proyecto que, como pocos, evidencia los cambios estructurales que ha llevado a cabo el fútbol de ese país europeo.

Al comenzar el siglo, la situación futbolística en Alemania era completamente distinta.

El Allianz Arena es un ejemplo de la importancia que otorgan los equipos alemanes al patrocinio deportivo.

En 2000, la selección fue humillada en la Eurocopa al terminar última de su grupo y sin victorias, un resultado que llevó a un periódico holandés a afirmar que Alemania era “una nación futbolística agonizante”.

Eso sin contar que, al mismo tiempo, las selecciones sub-21 y sub-19 también tenían sus propios problemas: había una falta de talento y los jugadores no estaban teniendo suficiente competencia con sus clubes.

La situación desfavorable llevó a una profunda reestructuración, a un cambio de énfasis en el que la prioridad se puso en el desarrollo de los jóvenes.

La novedad empezó a traer resultados: el número de jugadores menores de 23 años que participan regularmente en clubes alemanes pasó de 6% en 2000 a 15% en 2010.

Además, las selecciones sub-17, sub-19 y sub-21 ganaron títulos europeos, según informa Thomas Dahlhaus.

Y el nuevo énfasis repercutió en la selección nacional de mayores: Alemania terminó tercero en los mundiales de 2006 y 2010 y, en ambos mundiales, el premio al mejor jugador joven se lo llevó un alemán: Lukas Podolski en 2006 y Thomas Müller cuatro años más tarde.

En esta ocasión, Müller no anotó en la final ante Dortmund, pero sus ocho tantos a lo largo del campeonato sí fueron una parte clave del título que ahora celebra el conjunto bávaro, que refrendó en Londres -una vez más- los buenos comentarios que ha recibido por su desempeño.

El mismo técnico del Dortmund, Jürgen Klopp, lo había dicho antes del comienzo del encuentro.

“Si ganamos en Wembley no seremos el mejor equipo del mundo”, dijo. “Pero sí habremos vencido al mejor equipo del mundo”.

Contexto

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Fuente: BBC Mundo

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