Uno de los cinco cubanos presos en EE.UU. ya está en La Habana

Por Emilio Marín

 

René González, tras 14 años de injusta prisión, de vuelta a Cuba.

 

El mundo conoce el caso como “los Cinco Cubanos” presos Estados Unidos. Allí monitoreaban a los grupos terroristas de Miami que planeaban atentados contra Cuba. Uno de esos cinco patriotas presos, René González, está de vuelta en su país.

Cuando el FBI detuvo a los cinco cubanos que vivían en Estados Unidos y los acusó de “espías” corría el mes de setiembre de 1998. Y fueron presentados como representantes de un gobierno dictatorial -así tachan al de la isla socialista-, que habían ido a espiar. Se podía deducir que les iban a dar por la cabeza terribles condenas.

¿Quiénes eran esos jóvenes que hoy ya no lo son tanto, porque han transcurrido catorce años? Eran Antonio Guerrero (nacido en Miami, 1958) Ingeniero en Construcción de Aeródromos, poeta, dos hijos; Fernando Gondolero (La Habana, 1963), graduado del Instituto de Relaciones Internacionales (ISRI) de Cuba; Gerardo Hernández (La Habana, 1965), graduado del ISRI, caricaturista; Ramón Labañino (La Habana, 1963), Licenciado en Economía de la Universidad de La Habana, y René González (Chicago, 1956), piloto e instructor de vuelo.

Vaya si se cumplió el pronóstico de severas condenas: les dieron cuatro condenas perpetuas y 77 años de prisión. A Antonio lo condenaron a perpetua más 10 años de prisión; a Gerardo, a dos cadenas perpetuas más 15 años; a Fernando, 19 años de prisión; a Ramón, cadena perpetua más 18 años de prisión y a René, 15 años.

Semejante fallo fue el resultado lógico de un juicio amañado, donde se violaron garantías del debido proceso, se negaron vistas del expediente a los defensores y -sobre todo- no hubo pruebas para sustentar tan graves condenas.

Por ejemplo, la policía no halló ningún arma en los allanamientos, ni pruebas de tal supuesto espionaje en las computadoras ni archivos de los detenidos. La cuestión era condenarlos a como diera lugar; reputados abogados como Leonard Weinglass -defensor de otro preso político célebre como Mumia Abu Jamal- no pudieron dar una exitosa batalla jurídica. Es que no se trataba del derecho…

Miami, capital anticastrista

Aquellos jóvenes trabajaban en Miami, la capital estadounidense de la mafia cubano-americana, entre otros vicios serios del imperio. Estaban en “La boca del león”, como se llamó la película de Fernando Krichmar, de Cine Insurgente.

Esa ciudad era el peor lugar para sede de un juicio imparcial a los “agentes de Castro”. Allí tenían su asiento los grupos anticubanos como la Fundación Nacional Cubano-Americana, de Mas Canosa, y las organizaciones más abiertamente terroristas como las de Orlando Bosch y Luis Posada Carriles. Ese conglomerado, con financiamiento de la CIA y el Departamento de Estado, atacaba políticamente a Cuba -era lo de menos- pero también entrenaban mercenarios para cometer atentados en la isla, incluso para poner bombas en hoteles para afectar al turismo.

El registro del gobierno cubano es preciso: en los últimos cuarenta años, ese terrorismo inspirado y organizado desde territorio estadounidense causó 3.478 muertos y 2.099 heridos y discapacitados en Cuba.

Uno de los últimos crímenes fue la bomba en el hotel Copacabana que en 1997 mató al turista italiano Fabio Di Celmo. Su confeso autor mediato fue Posada Carriles.

Por eso los Cinco estaban en Miami, con riesgos para sus vidas, procurando husmear y transmitir información que previniera atentos. No espiaban a la Casa Blanca ni a General Motors ni a Boeing ni al Comando Sur. Sólo estudiaban los movimientos de los círculos extremistas de Miami, cubanos.

Juicio y linchamiento

El juicio contra los Cinco finalizó en diciembre de 2001 con tremendas condenas citadas: 4 perpetuas y 77 años de prisión para ellos, en su conjunto. El más perjudicado fue Gerardo Hernández, al que le dieron dos perpetuas más 15 años de prisión.

El “argumento” en su contra fue la acusación de “conspiración para cometer asesinato”, un falsedad que ilustra la nula imparcialidad del tribunal. En febrero de 1996, después de muchas violaciones del espacio aéreo cubano y de numerosas advertencias, la Fuerza Aérea cubana abatió dos avionetas del grupo anticastrista “Hermanos al Rescate”, dirigido por José Basulto, donde murieron cuatro pilotos. Esta entidad, como las de Bosch y Posada Carriles, tiene su asiento en Miami.

La acusación de que Gerardo Hernández había sido, supuestamente, el informante de ese vuelo de “Hermanos al Rescate” que terminó en derribo, fue demostrada como falsa por los abogados defensores, pero igual inflamó de odio los ánimos en esa ciudad. Como se supo años más tarde, también había periodistas -entre otros del Miami Herald- que recibían pagos ilegales del Departamento de Estado para crear opinión pública contra “los espías cubanos”.

La bronca de los terroristas miamenses tuvo que ver también con que las detenciones de los Cinco Cubanos permitió entender a aquellos por qué les venían fracasando tantos operativos contra la isla. Cuando años más tarde el gobierno de Castro condecoró a los presos con el galardón de Héroes de la República, se explicó a la población que ellos habían ayudado a evitar 170 acciones terroristas planeadas en Miami.

Así se entiende mejor por qué allí los condenaron a penas tan duras, sin pruebas.

Cárceles duras y resistencia

Luego de tan horribles condenas, los Cinco fueron a prisiones, siempre separados no sea cosa que juntos pudieran sobrellevar mejor la prisión. Y allí se pisotearon sus derechos humanos, porque, por ejemplo, pasaron 17 meses en el “hueco” o celdas de aislamiento, sin poder hablar con nadie.

Una pena adicional y muy inhumana, cayó sobre Gerardo y René. A sus respectivas esposas, Adriana Pérez y Olga Salanueva, no les permitieron verlos en todos estos años. René, como se verá más adelante, recién en 2012 pudo viajar en régimen de libertad condicional a Cuba y verse con su familia a raíz de la muerte de su hermano Roberto. En cambio Gerardo, desde 1998 a la fecha no ha podido ver a su mujer, a la que Washington no le firma la visa de ingreso. Si eso no es violar groseramente los derechos humanos, ¿qué es?

Hace años diez premios Nobel pidieron a Obama por la libertad de los Cinco presos: Adolfo Pérez Esquivel (Argentina), Wole Soyinka (Nigeria), Zhores Alferov (Bielorrusia), Nadine Gordimer (Sudáfrica), Günter Grass (Alemania), Darío Fo (Italia), Mairead Maguirre (Irlanda), José Samarago (Portugal) , José Ramos Horta (Timor) y Rigoberta Menchú (Guatemala).

Mientras tanto las denuncias internacionales, la labor de solidaridad y la tarea de los abogados defensores logró que al menos la reaccionaria jueza Joan Lenard, de Miami, debiera resentenciar a tres de los detenidos, rebajando un poco las condenas a Antonio, Ramón y Fernando. René en cambio, quedó con sus 15 años a cuestas y Gerardo con sus dos perpetuas más quince años.

René en casa

En octubre de 2011 René González salió en libertad condicional, pero la jueza le impuso una pena extra: debía cumplir tres años más de libertad supervisada en Miami. Esto lo obligaba a vivir en clandestinidad en esa ciudad donde los terroristas podían atentar contra su vida (algunos manifestaron públicamente su intención de asesinarlo). Por tres años más no podía ir a Cuba ni ver a su mujer ni sus dos hijas.

La muerte de Roberto, el hermano, hizo que el preso pidiera un permiso de visita, que le fue concedido después de idas y venidas. René fue a la isla pero debió regresar a su prisión domiciliaria. Su abogado Phillip Horowitz pidió un segundo permiso de viaje a La Habana con motivo de un servicio fúnebre por Cándido, el padre de René, que había fallecido también con su hijo lejos.

Este segundo periplo fue avalado por Lenard. Y Horowitz insistió con una oferta anterior de su cliente: renunciaría a la ciudadanía estadounidense (se recuerda que nació en Chicago) a condición de no volver a territorio norteamericano y quedarse a vivir en la isla.

La magistrada de Miami pidió informes al fiscal, éste al gobierno, y éste al FBI (tal la cadena de mandos en el imperio…) y de vuelta llegó la respuesta de que René González no sería problema de seguridad si renunciaba a su ciudadanía y se quedaba en el Caribe.

El 3 de mayo Lenard accedió al pedido de Horowitz y extendió hasta el 23 de mayo la estadía del preso en su patria de adopción, considerando que hay tiempo para completar los trámites administrativos en la Sección de Intereses de Norteamérica (SINA) en el Malecón.

Por una vía retorcida e insuficiente, uno de los Cinco Cubanos presos en el imperio está ahora en su país. Su felicidad no debe ser completa porque le faltan sus cuatro compañeros. Uno de éstos, Gerardo, escribió estas bellas palabras desde la Prisión Federal de Victorville. California: “alguien me ha preguntado como diremos ahora que no somos cinco, sino cuatro. ¡Error! Somos cinco y seguiremos siendo cinco! Si hoy tenemos que continuar la lucha no es solo por los otros cuatro, es también por René, porque lo conocemos y sabemos que él no será realmente libre hasta que estemos todos de regreso en la patria. La diferencia es que esta batalla, que será hasta el final por los Cinco, cuenta desde hoy con un nuevo abanderado. ¡Felicidades René! ¡Tus cuatro hermanos celebramos contigo, orgullosos!”.

Si varios millones de cubanos desfilaron el 1 de mayo, ¿cuántos millones más marcharán el día que vuelvan, libres, los Cinco?.

Fuente: LA ARENA/ARGENPRESS.Info

 

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