Paraguay es un laberinto

Por José Antonio Vera

El presidente electo de Paraguay, Horacio Cartes, puede, como cualquier mortal, vivir muchos años más o morirse en cualquier momento, como cualquier persona, pero lo que no podrá resolver en solitario, según acostumbraría hacerlo en las más de veinte empresas que dirige, es evitar que lo engulle el laberinto político de este país, en el que entró como consagrado inversionista, pero sin el oficio requerido para conducir una colectividad, al frente de un viejo y mañoso partido, como el Colorado.

La sobrevivencia del sistema, en Paraguay y en el mundo, requiere transformación estructural, pero poco dejan esperar las escuetas expresiones del nuevo inquilino que tendrá el Palacio de los López a partir del 15 de agosto, lo cual impide ver qué ideas o interés tiene para responsabilizarse de un país dividido en tres o cuartos pedazos, con una mayoría que desea cambios, aunque lo manifiesta débilmente, hasta una minoría de derecha radical que reclama política dura, es decir militarizar el país, propuesta por Estados Unidos, e incluso instalar la pena de muerte en la Constitución Nacional.

El asesinato de un acaudalado ganadero esta semana en el norte del país, escenario de crímenes contra más de cien campesinos en los últimos 20 años, fue ocasión para que se manifestara de nuevo el sector más retrógrado, destilando odio hacia todo lo que sea ideología de izquierda, dentro y fuera, con acusaciones irresponsables contra el Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP), entelequia de guerrilla mediática que, según la prepotencia pronunciada “es hijo biológico de Fernando Lugo”, el Presidente Constitucional destituido el 22 de junio pasado por un Golpe de Estado, simulando juicio político, aberración que derivó en la suspensión de Paraguay del MERCOSUR y la UNASUR, estimulando el chovinismo subyacente que resurge oportunistamente.

Una campesina fue detenida este domingo en su humilde ranchito de tablas por el comando especial de policía apostado en la zona, porque aparentemente tendría relaciones con una persona buscada, acusada de antemano de implicancias en la alevosa muerte del estanciero, y porque “se habría encontrado documentación de la ideología izquierdista”, se anunció en el grupo de similares bocas periodísticas, recordando el lenguaje de los partes de las tiranías cívico-militares de la región.

Entre los materiales que habrían sido encontrados, hay algunas hojas donde se pueden leer amenazas con penas máximas contra quienes contaminen el medio ambiente, en un país paraíso de las corporaciones transnacionales de las semillas transgénicos y sus paquetes tóxicos, así como de la megaminería a cielo abierto, todas sin pagar ningún impuesto a la exportación y envenenando la naturaleza.

Cartes, por raíces familiares y pensamiento confeso, desciende de ese entramado ideológico-comercial, y nada garantiza que perciba con claridad el grado de antagonismo que se está instalando en el país, consecuencia de una mayor toma de conciencia política de la ciudadanía frente a la descomunal desigualdad social graficada con el acaparamiento de la tierra, el comercio y la banca por poquísimos grupos financieros privados, con predominancia de extranjeros y una oligarquía sometida. La conformación, últimamente, de una clase media conformista, sirve de espejismo.

Numerosos son los ejemplos en el mundo de colegas de Cartes que, sin ningún prestigio social pero empujando influencias e invirtiendo algún dinerillo, se han aventurado en la ascensión al poder gubernamental, concluyendo mandatos que, al cabo de un quinquenio o dos, y con total impunidad, han dejado un reguero de daños por hambre, enfermedades y muertes, entre la población que les hizo confianza.

Esos personajes, que generalmente salen de la función con mayor fortuna personal y familiar, tras succionar al máximo el erario público, no pueden negar que debieron enfrentar muchas vicisitudes que les enseñaron que dirigir un Estado no es sinónimo de administrar o mandonear en un negocio o empresa particular. Si tuvieran el buen hábito de la lectura, sería saludable que ojearan El Avaro, de Molière.

En cambio, son muy raros los casos en que hayan fracasado como empresarios los “políticos” que, al cabo de uno o dos ejercicios, amontonan dinero suficiente para sentirse ricos, y hasta latifundistas, dejando, claro está, a los pobres aún más pobres y desarmados. Simple y descarnada ecuación que también sirve para verificar una de las más groseras estafas a la ilusión de la gente, bajo el cuento de la democracia.

Este último grupo es representativo de una parte de la escoria social, traidores triples, a su origen, generalmente humilde, a su clase, porque una vez encumbrados le dan la espalda a los trabajadores y a los marginados y excluidos, esa masa que les ayudó a subir, confiando que iban a defenderlos para salir de la miseria porque pertenecían al mismo submundo y, finalmente, traidores a la Patria, dado que se dan el lujo de usurpar un poder reservado para servir y engrandecer la Nación.

De ese residuo de impurezas arrancó rodeado Cartes, plenamente consciente, puede decirse sin la menor duda dada su larga experiencia y rigor (se comenta en su entorno), en seleccionar adherentes y colaboradores. Ese acompañamiento que genera todo tipo de sospechas a nivel moral, constituye parte del laberinto que le espera en su nuevo emprendimiento empresarial que, en este caso, se llama Gobierno del Paraguay, un poco distinto a un club de fútbol o a una fábrica de gaseosas.

País dependiente en varios planos, empezando por su geografía, con el espacio aéreo como única salida autónoma, aunque también amenazada de privatización, por el lado de los aeropuertos, hace siglo y medio que perdió decisión e independencia política, económica y cultural, y hoy es visto y tratado como un enclave que, desde hace siete décadas está sometido a designios de potencias occidentales.

Un decenio después del genocidio que Paraguay sufrió en la Guerra de la Triple Alianza (1864/70), vieron la luz los embriones de los dos partidos que han marcado la gobernanza desde entonces, el Colorado, formado por Brasil y el Liberal, diseñado en Buenos Aires, naciendo con ellos la dependencia política habitada por un oportunismo que, 80 años más tarde no tuvo inconvenientes en entregarse de cuerpo y alma y hasta el día de hoy, a la batuta de Estados Unidos.

Es decir, dos temas que seguramente Cartes ya tiene agendados: 1) su entorno, la utilidad o estorbo de muchos de sus miembros, nada fáciles de dominar, pues tienen prepotencia parlamentaria, solvencia financiera y están apostados en el burocrático y prebendario aparato colorado y 2) el diplomático, un hueso duro de roer, con una plantilla holgazana e incapaz en el 80 por ciento de sus funcionarios, impresentables en el mundo y, lo peor, sin ninguna definición de la política exterior a seguir.

Su masa más longeva es otro legado, en vicios y mañas del General Alfredo Stroessner, a quien tanto ha declarado admirar el Presidente electo, y las nuevas capas del servicio exterior han sido formadas en esa misma escuela autoritaria, acartonada y soberbia, sólo capaz de asistir a las lujosas recepciones, y repetir gestos y libretos ajenos, sin prejuicio de operar en contra de la soberanía nacional, por cuya defensa reciben buena paga y residencia de lujo en el extranjero.

En versiones de prensa y corredores de conversaciones políticas, actividad que por suerte ha crecido mucho en Paraguay debido a que hay menos miedo de opinar, desfilan varios nombres para encabezar el Ministerio de Relaciones Exteriores, pero hasta ahora Cartes no ha señalado a nadie públicamente y ello es comprensible por lo difícil que resulta la elección en la actual coyuntura internacional, que le exige hacer buena letra ante Estados Unidos y ante los gobiernos desobedientes del imperio.

Desde el Golpe de Estado está muy deteriorada la imagen paraguaya, la cual venía mal de varias décadas atrás, pero había mejorado ostensiblemente en los cuatro años del Gobierno de Lugo (2008/12), con Cancilleres con buen nivel cultural y otra visión y conocimiento del mundo, que permitió abrir varias Embajadas en países lejanos y establecer relaciones de cooperación con otros.

El quiebre institucional, 14 meses antes de finalizar un quinquenio constitucional con estabilidad e importantes avances en algunos servicios sociales, arrojó la reprobación de un aplastante número de naciones que enfriaron sus relaciones e incluso algunas retiraron temporalmente sus jefes de misión en Asunción, y no sólo los países miembros del MERCOSUR, luego de que éste organismo suspendiera a Paraguay.

Sin la participación del Congreso paraguayo en el bloque sureño de integración, desapareció el único obstáculo que, por móviles ideológicos impedía irracionalmente el ingreso de Venezuela como miembro pleno del organismo supranacional, lo cual fue aprovechado por Brasil, Argentina y Uruguay, para darle la bienvenida a Caracas, recibiendo el golpista parlamento asunceno el efecto boomerang.

Desde entonces, los sectores de la derecha, políticos, empresarios, publicistas y propietarios de los medios de prensa de mayor difusión, desataron una feroz campaña de odio contra Chávez y su obra de integración fue blanco de los peores insultos en una ofensiva masiva contra la idea del socialismo, logrando confundir a vastos sectores de la población, formada en el primario anticomunismo estronista. La avalancha de improperios, calumnias y mentiras se ha intensificado últimamente.

La respuesta que Cartes de a este problema puede tener una gran trascendencia en el futuro inmediato de las relaciones políticas y comerciales de Paraguay con la región y el mundo, pues Brasil y Argentina, habilitados por su poderío económico y el crédito internacional cosechado por la conducta de ambos gobiernos en los últimos diez años, reduciendo la miseria y la obediencia a Estados Unidos, juegan de interlocutores y hasta de socios en ciertos regiones, que Asunción no puede eludir ni desconocer.

Fuente: ARGENPRESS.Info

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