La reforma migratoria se prepara para su tramo más difícil

Foto: Reuters/BBC

Por Carlos Chirinos

La reforma de las leyes de inmigración está lejos todavía de ser una batalla ganada para sus promotores, pese a la lectura que se está haciendo del amplio apoyo bipartidista que logró la versión que discutió el Senado.

68 a favor y 32 en contra es una de las votaciones más contundentes logradas recientemente en un Congreso que se caracteriza por la radicalización de las posiciones hasta extremos de la incomunicación y la parálisis.

 

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Los promotores de la reforma aspiran que la clara mayoría que logró el proyecto de ley en el Senado sirvan de “ejemplo” para los representantes a la hora de sus deliberaciones.

Pero el proceso en la cámara baja promete ser más complejo, empezando porque son cuatro veces más las personas con las que negociar para lograr consensos (435 representantes frente a 100 senadores) y los representantes no tienen por qué compartir los mismos intereses, ni los mismos tiempos que los senadores.

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Cuando al filo del año nuevo, el 31 de diciembe pasado, se logró el acuerdo para evitar el llamado “precipicio fiscal”, este tuvo el respaldo de 89 senadores y sin embargo, cuando pasó a representantes, sólo el 40% de los republicanos aprobaron el plan que buscaba evitar un potencial desastre para la economía estadounidense.

Mayoría minoritaria

“¿Por qué debería una minoría de la minoría en el Senado influir a la mayoría de la mayoría en Representantes?”, se preguntaba la semana pasada el representante republicano de Oklahoma Tom Cole.

Boehner ha dicho a sus partidarios que analizarán su propia versión de la reforma.

“Mientras muchos senadores no tienen que reelegirse el próximo año, cada miembro de Representantes estará en las boletas” dijo, sintetizando la preocupación electoral que estará presente entre sus colegas a lo largo de los debates.

Aunque como organización nacional el Partido Republicano reconoció que su intransigencia en el tema migratorio le costó el favor del electorado de origen hispano, no todos creen que la sola aprobación de la reforma vaya a revertir el fenómeno.

Lo que puede ser electoralmente bueno en la escena nacional puede resultarle fatal a un congresista en un distrito conservador, donde el tema de los indocumentados y el supuesto desplazamiento que hacen a los trabajadores nativos despierte pasiones.

La experiencia de Marco Rubio puede estar en la mente de muchos, pues el legislador de origen cubano por Florida, considerado una estrella ascendente del Partido Republicano, ha visto perder apoyos entre la base más conservadora que le critica el haber sido uno de los promotores del acuerdo migratorio.

Es por eso que no todos están dispuestos a aceptar que en la futura ley haya un camino hacia la ciudadanía para los indocumentados como el que estableció el Senado, porque lo consideran simplemente una “amnistía”, anatema para los conservadores.

Además, algunos temen que la eventual reforma migratoria sea vista como el gran logro legislativo del segundo mandato del presidente Barak Obama (en el primero fue la reforma de la ley de salud u Obamacare).

Y si bien están conscientes de la necesidad de acercarse a los hispanos que les fallaron en las elecciones de noviembre, temen que al final el crédito se lo lleve de manera íntegra la Casa Blanca.

Reforma por retazos

Consideraciones electorales aparte, el proceso en la Cámara de Representantes empezó y ha seguido sin los buenos augurios con los que contó en el Senado.

Los senadores lograron un inusual consenso en torno a la propuesta inicial del llamado Grupo de los 8-cuatro legisladores de cada partido- y en el camino fueron añadiendo las demandas republicanas para el reforzamiento de la seguridad fronteriza que terminaron garantizado incluso más apoyo al proyecto del que era necesario.

 

El papel de Paul Ryan

El representante republicano por Wisconsin y excandidato a la vicepresidencia Paul Ryan es la esperanza de los promotores de la reforma.

Aunque Ryan no promueve ningún proyecto, ni participa en negociaciones especiales, el reconocimiento que ha expresado de que el actual sistema migratorio no sirve “ni para la seguridad nacional, ni para la seguridad económica”, parece convertirlo en un potencial acercador de posiciones entre sus partidarios.

Tras su actuación en la campaña al lado de Mitt Romney, nadie cuestiona sus credenciales conservadoras, por lo que su posición moderada en el tema migratorio podría ayudar a formar la mayoría necesaria para aprobar la reforma.

En el Comité de Asuntos Judiciales de representantes no se ha podido alcanzar acuerdos bipartidistas y la mayoría republicana ha movido la iniciativa de reforma según sus deseos, sin tomar en cuenta las objeciones demócratas.

Otra notable diferencia con el Senado es que los representantes no están analizando una “reforma integral” sino que discuten medidas específicas en sectores como seguridad fronteriza y acción policial para reforzar las leyes migratorias.

De hecho, el líder de la mayoría republicana en la cámara baja, John Boehner, ha aclarado a su bancada que no van a adoptar lo que discutió el Senado, según comentó a la prensa el republicano por Luisiana, John Fleming.

Ese parece cerrar el camino a la ciudadanía que es la principal objeción que hacen a la iniciativa los legisladores republicanos.

 

El pantano que viene

El expedito proceso que permitió en pocos meses resolver el tema entre los senadores promete empantanarse entre los representantes, quienes para muchos observadores no estarían sintiéndose aludidos ni presionados por la sólida mayoría con la que salió de la cámara alta la iniciativa.

Sin embargo, en política nunca todo está dicho. Como botón de muestra tenemos el abrumador apoyo que obtuvo la iniciativa de reforma migratoria en el Senado, algo que pocos meses atrás habría sido impensable.

Si bien el proceso que viene en la cámara baja promete ser más arduo y complejo, no está necesariamente destinado al fracaso. Todo dependerá de negociaciones y compromisos.

El problema es que para muchos congresistas -y no solamente hablamos de los más conservadores- esas dos son malas palabras, pese a que sean justamente la esencia del negocio que los convoca a todos en Washington.

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El gobierno mexicano saludó la aprobación por parte del Senado de EE.UU. del proyecto de reforma migratoria e hizo votos por que impere el compromiso bilateral de impulsar una “frontera más moderna y eficiente”.

En un comunicado, la Cancillería mexicana dijo que la aprobación de la reforma migratoria en la cámara alta del Congreso estadounidense tiene “el potencial de mejorar las condiciones de vida de millones de mexicanos que viven actualmente en EE.UU.”.

Por otro lado, El Salvador expresó su optimismo.

El ministro salvadoreño de Relaciones Exteriores, Hugo Martínez, expresó que se trata de “una votación histórica que abre la posibilidad de regularizar la situación a millones de migrantes que viven en EE.UU.”.

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Fuente: BBC Mundo 

 

 

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