El imperialismo yanqui y el espionaje patriótico

La semana pasada se supo que la Agencia de Seguridad Nacional yanqui (NSA) extrae los datos del tráfico informático que le proporcionan empresas como Facebook, Google, Apple, Microsoft, Youtube, Skype, Paltalk, Aol y Yahoo. Se trata de un programa ultrasecreto denominado PRISM cuya existencia fue revelada por un ex empleado, Edward Snowden.

El escándalo se propagó enseguida por todo el mundo. Obama justificó este accionar en la defensa de EEUU en su lucha contra el “terrorismo” y en que está permitido por las leyes.

Luego de conocerse el espionaje de la NSA, tomó estado público que el estado yanqui también recibe informes de otras empresas, como las telefónicas Verizon, Sprint y AT&T, las compañías de tarjetas de crédito y los bancos. “De 2003 a 2011 los bancos y otras firmas del sector presentaron más de 110 mil informes” (Bolpress, 13/06/2013).

En algo tiene razón Obama. Este accionar es perfectamente legal. Es una ley, la de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA), la que autoriza esa práctica. Además, la recolección de datos fue autorizada por el juez Roger Vinson, de la Corte Especial de Inteligencia Internacional. Los políticos yanquis, republicanos y demócratas, conocían estas actividades y las han defendido, bajo el argumento de la defensa de la patria. Como decía Oscar Wilde, el patriotismo es la virtud de los viciosos.

La información recolectada es compartida con los servicios secretos británicos, más específicamente con el GCHQ (Government Communications Headquarters).

Esta política no es exclusiva del gobierno de Obama. El estado yanqui lo ha hecho siempre, pero se ha intensificado desde 2001. Fue Bush, mediante el dictado de la Ley Patriota, quien legalizó la profundización el espionaje. Entretanto, el congreso norteamericano evalúa el proyecto Cyber Intelligence Sharing and Protection Act (CISPA) que legitima una mayor intromisión de los servicios secretos.

Tampoco es un accionar que se limite al territorio de EEUU, ya que está destinado a la vigilancia externa. Tan es así, que no se salvan ni otros países imperialistas, como Alemania, cuya presidenta, en forma cínica, ha protestado como si su estado no recurriera al espionaje.

Esta política tiene como finalidad que la burguesía yanqui reasegure su hegemonía en todo el mundo. Es que el estado capitalista es la junta general que administra los negocios de la burguesía y la legalidad que esgrimen sus representantes no es más que la voluntad general de la burguesía hecha ley.

Las apelaciones al patriotismo, a la seguridad nacional, a la defensa del derecho, a la democracia, son sus excusas para justificar sus aventuras de dominación, como el reciente blanqueo de la ayuda yanqui a los “rebeldes” sirios, justificándose en que el régimen de Al–Assad utiliza armas químicas.

El egoísmo privado es el secreto del patriotismo de los burgueses, decían Hegel y Marx. Nunca tuvieron tanta razón.

Fuente: CORREPI/ARGENPRESS.Info

 

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