Impactante renuncia del candidato presidencial de la centroderecha en Chile

Por Juan Francisco Coloane

A cuatro meses de la elección (17 de noviembre), el candidato presidencial de la centroderecha, Pablo Longueira, decide poner fin a su candidatura por razones de salud. Una declaración leída por su hijo Juan Pablo corrobora que su estado de salud no le permite enfrentar una campaña en igualdad de condiciones.

“Con posterioridad al triunfo de la elección primaria de la Alianza, su salud se fue deteriorando producto de un cuadro de depresión médicamente diagnosticado”. Longueira, el candidato del gobierno, en el primer sondeo de preferencias post primarias obtuvo un 25 % a su favor, contra el 39 % de la ex presidenta Michelle Bachelet, candidata del pacto de oposición Nueva Mayoría.

La forma en que se instaló su candidatura le significó un peso. No se veía liderando un gobierno y una coalición al mismo tiempo. Estuvo reticente a creer que su persona podría resolver los problemas de una coalición que, teniendo el poder del aparato del estado no coincidió en cómo administrar políticamente el modelo. Como oposición durante 20 años, la coalición de centro-derecha pudo incidir en la administración de ese modelo con un sello político asertivo, que hasta logró que se hablara de cogobierno con la Concertación de Partidos por la Democracia al cargo del gobierno durante ese período.

Fue un golpe duro y su renuncia le cambia el rostro a esta elección presidencial. Suponiendo grados normales de subjetividad tanto en el electorado y como en los políticos, influirá en el aspecto humano del resto de los candidatos y una candidata, la ex presidenta Michelle Bachelet que cuenta con las mejores opciones para vencer en noviembre. Sería un error encasillar este anuncio como un anticipo de su derrota o el de la centroderecha en la elección presidencial.

El hecho es una voz de alarma rotunda respecto al estado de salud mental de los políticos, lo que podría tener también un impacto comunicacional magistral para el futuro. Había más que hablar desde el centro social para crear justicia en el mensaje de su campaña presidencial. El tema subyacente consistía en la salud mental de los políticos y la salud mental colectiva de la política en Chile. Puede que Pablo Longueira, ex senador y ex ministro de economía de la actual administración del presidente Sebastián Piñera se haya cansado de “la guerra fría a la chilena”. Antes de regresar a Chile de su trabajo papel como directora de ONU Mujeres en Nueva York, la candidata del pacto Nueva Mayoría Michelle Bachelet comenzó a dar señales llamando a competir con estilos y herramientas que hagan el bien común, sin aniquilar adversarios por cumplir un objetivo dejando el reguero de heridas por el camino.

Las señales de Pablo Longueira son múltiples, y aunque la única que seguramente quiera dar, consista en estar en paz, el impacto del hecho obliga ir al cuadro mayor. Qué pasa en Chile y su clase dirigente. Qué pasa con el poder. ¿Donde está la falla que el tráfago desgasta tanto, corroe y carcome. ¿Cuáles son las tensiones en los intersticios más allá del proyecto social y político?

Uno se hace la pregunta y otros también la hacen cuando se debaten conductas de políticos que llaman la atención. ¿Cuál es la salud mental del que asume determinadas posiciones de poder y que inciden en el bienestar de las personas? ¿Existe constitucionalmente ese test para prevenir antes de curar? El voto público definitivamente no es el test, es solo una parte.

Este alejamiento de la coyuntura política del renunciado candidato está en la línea de las advertencias del senador socialista Camilo Escalona sobre las condiciones adversas para la estabilidad si se llevara a cabo una Asamblea Constituyente para hacer una nueva constitución. Desde la perspectiva internacional, al observar cómo las corporaciones transnacionales avasallan a los estados con menos recursos y con fragilidad institucional, es legítimo pensar hasta donde aguanta el dique de contención política que ha formado el actual modelo para sostenerse.

Ahora, con un modelo en crisis y con un peso mayor de la opinión ciudadana en las agendas de los partidos políticos, resulta que las dos coaliciones encargadas de administrarlo aparecen más auto flagelantes que antes. La Concertación está gradualmente superando esa fase y ha apostado a construir lo que se llama pacto para una Nueva Mayoría ampliando el espectro de apoyo y llamando a los independientes, supuestamente para reformar y cambiar el modelo; gradualmente, paso a paso, han indicado sus líderes.

La coalición de centro- derecha, con apenas tres años en el gobierno, ha sido más auto flagelante que en todo el período en que fue derrotada en las cuatro presidenciales y pudo compactarse al ser oposición. En el momento que asumen el gobierno, se dividen, y cuando el desafío es la continuidad en el gobierno, se dividen aún más.

Estos fenómenos, incluyendo particularmente esta declinación, no tienen que ver directamente con la existencia de una candidata de características -digamos sin exagerar y abanderizar- extraordinarias en agudeza política, en generación de confianzas, y de alta aceptación popular, como es Michelle Bachelet. Esto tiene que ver con los problemas intrínsecos de la derecha, que no ha superado su propio proceso de concebir una sociedad post dictadura de Pinochet lo más alejada posible del legado de sus gobiernos, incluyendo el modelo.

Por otra parte el desafío es grande. Las demandas sociales son numerosas y los déficits sistémicos también. El país ha sido dirigido por una generación de políticos que hace más de tres décadas o más, no encuentran la justa mixtura de una estrategia desarrollo con equidad disminuyendo la atroz desigualdad. Se trata de un país relativamente pequeño, que tiene más a su haber que déficits para resolver esos problemas.

Esta renuncia, además del remezón a las posibilidades de la Alianza, distorsiona el panorama trazado en las distintas fuerzas de la oposición. Una doble candidatura de la centro-derecha, dependiendo de quiénes se proponen, congestiona aún más la disputa por el mágico espacio del llamado centro político. La mercadotecnia en la política sostiene que a mayor variedad de oferta aumentan los clientes. Hay candidatos para todo tipo de electores y electores para todo tipo de candidatos. Es probable que la dispersión en esta elección presidencial contribuya a que el electorado ausente reaccione y vea que hay una elección colorida con todo tipo de opciones. Una fiesta de la democracia del modelo, dentro del binominal.

Antes del próximo sondeo, la centroderecha puede aparecer con otra sorpresa impactante y así continuar distorsionando el trazado original de esta elección. A todo esto, ¿cómo afectará a las parlamentarias en la centroderecha? Desde la partida habrá que cambiar los carteles. Esta vez la centroderecha fue gran noticia, en grande y esto continuará. Así también se obtiene visibilidad y votos.

Fuente: ARGENPRESS.Info

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