Bebe real y nacimientos anónimos

Por Teresa Gurza

LONDRES, Inglaterra, 25 de julio. Enorme contraste entre el estruendo mediático causado por el esperado arribo del heredero del trono inglés, que nació cuando quiso, gordito, con más pelo que su padre y cara de malgeniudo, y los nacimientos de niños indeseados; que pese a los avances médicos para poder evitarlos y a las políticas estatales de control de la natalidad, no cesan.

El nuevo príncipe llegó a una pareja que lo esperaba con ansias, amor, y recursos de todo tipo para hacerle la vida fácil y feliz; y a una nación eufórica que lo recibió con más de cien cañonazos, y en la que si las cosas siguen como van, algún día reinará.

En caso de ser  coronado, se encontrará conque las monarquías europeas estarán a cargo de casi puras mujeres; como Amalia de los Países Bajos, Elizabeth de Bélgica, Leonor de España, Ingrid de Noruega y Estelle de Suecia, todas ellas hoy con menos de once años de edad.

Pero por lo pronto y pese a su tamañito, deberá ser llamado Su Alteza Real Príncipe Jorge-Alejandro-Luis de Cambridge; y en caso de que lo quiera, podrá escoger entre cuatro apellidos; recibirá muchos regalos, entre ellos y de parte de Australia, un cocodrilo; será privilegiado y muy bien cuidado y se le rendirán atenciones de todo tipo.

No tendrán la suerte de nacer en familias amorosas, los  niños que sus padres no anhelaron y que en todo el mundo son abandonados en forma clandestina y sin apellido alguno.

Los casos se han incrementado en muchos países, o por lo menos hoy sabemos más de ellos; habiendo aumentado también, el número de bebés maltratados o asesinados por sus madres.

Una reciente nota periodística informa que en Alemania, el gobierno ha tenido que recurrir a los “partos anónimos”, con el objetivo de facilitar que las madres que quieran deshacerse de sus hijos recién nacidos, puedan hacerlo en las mejores condiciones sanitarias para ellos.

Esta medida propuesta y recién aprobada por la Bundestag, como se conoce a la cámara baja del parlamento alemán, es una alternativa a los “buzones de bebés”, “Babyklappen”, que son unos como tornos que se colocan afuera de iglesias y orfanatos públicos, para que las muchachas desesperadas puedan depositar ahí a sus hijos sin que nadie se entere de su identidad; y con la seguridad de que serán atendidos de forma casi inmediata.

Las cifras indican que cada año son dejados en esos buzones más de cien niños; cifra que no cuenta a los que son abandonados por madres irresponsables en calles, baños o basureros, y que muchas veces mueren antes de poder ser encontrados.

Todo eso tuvieron en consideración los diputados alemanes, antes de aprobar la nueva norma considerada ya indispensable; y que va a facilitar nacimientos sin traumas ni castigos.

Se espera que con ella puedan disminuir los abandonos de infantes en cualquier parte; y mejorar las condiciones sanitarias de los bebés al nacer; porque permitirá a las mujeres en situación de necesidad por cualquier causa, dar a luz en excelentes hospitales; y dejar a sus hijos ahí mismo, sin ser acusadas, perseguidas o apresadas.

Y sobre todo beneficiará a los recién nacidos, que podrán tener la posibilidad de ser en poco tiempo adoptados por familias que sí los cuiden y quieran.

Además, la ley garantiza que la identidad de las madres permanecerá en datos codificados y oculta por un mínimo de 16 años después del parto; y que sólo se dará cuenta de ellos, a los hijos abandonados que soliciten saber quienes fueron sus madres biológicas.

Lo que también ayudará a terminar con la angustiosa búsqueda de muchos jóvenes para encontrar a sus mamás y saber algo de sus orígenes.

 

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