España: Crónica urgente de luto y de indignación

Por Jaime Richart

El pueblo español está, siempre, a la altura de sí mismo. Quienes no están a la altura del pueblo ni de lo que un pueblo espera de ellos, nunca, son sus dirigentes…

La primera y estruendosa prueba, tan estruendosa como la explosión escuchada en el momento del descarrilamiento, es que un tramo de vía de unos ochenta kilómetros, de Orense a Santiago, por donde circulan a diario varios trenes de alta velocidad, no exista un sistema de frenado automático técnicamente denominado RTMS. No sólo la presunta negligencia del maquinista es el riesgo que conlleva la omisión de este sistema; el desvanecimiento, el desmayo o la enajenación del conductor son circunstancias a tener en cuenta a la hora de diseñar un sístema de seguridad de garantía para todos los viajeros, máxime en un tramo donde existe una curva tan pronunciada a cuatro kilómetros de la ciudad.

Sin embargo los dirigentes políticos que promovieron y autorizaron la construcción y el presupuesto previsto a tal fin, para no incrementar el gasto mantuvieron y mantienen el carácter de vía convencional dicho tramo. Mientras tanto los miles de millones en todos los rincones del país, incluido el fantasmal y desaprovechado y faraónico Centro biblioteca levantado en la propia ciudad de Santiago allá por los años 80, años en que empezaba a gestrse la burbuja, corrían como ríos que de algún modo ahora están teñidos de la sangre de casi un centenar de cadáveres, como si de un campo de batalla se tratase.

Los dirigentes, una vez más, lo mismo que en las otras desgraciadas decisiones que entonces no fueron las de un maquinista de tren ni las de un capitán del barco siniestrado, el Prestige, sino la de un incompetente ingeniero al frente de un ministerio son el espíritu mismo de la insensatez, de la ruindad y de la necedad superlativas. Toda la historia de este país está impregnada y sobrecogida por estas tres irracionales atributos de los individuos que rigen históricamente su destino. Los únicos “méritos” de estos son su frecuente invocación del alto espíritu del pueblo español y de los inigualables rasgos -ellos dicen- de solidaridad de que da muestras en todas las circunstancias trágicas o dramáticas, y que a ellos parece redimibles siempre como miembros comunes de la colectividad.

En definitiva, su el largo tramo que precede a la curva fatídica a cuatro kilómetros de Santiago estuviera dotado del sistema RTMS de frenado automático en lugar del previsto para la circulación de trenes convencionales, ahora no se estarían llevando las manos a la cabeza los centenares de familiares de los fallecidos, ahora este país no sería la vergüenza que Europa, y el mundo entero no maldeciría la mezquindad y miserable condición de los rectores de la sociedad española, tanto los presentes como los pasados. Proceder así es como sí Estados Unidos abandonara los botones que accionan los centenares de misiles con cabeza nuclear, a una sola persona aunque sea el presidente…

Fuente: ARGENPRESS.Info

 

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